DE VIAJE

Uno de los lugares más emblemáticos del distrito es Juanito de Barranco.

 

LIMA, Perú 19-Ago .- Cuando sale el sol, Barranco se ilumina. Por un momento, se esfuma el cielo "Panza de Burro", como le dicen los limeños al paisaje que pintan las nubes durante gran parte del año, y deja ver los atractivos de la capital peruana. 

 


Es el momento en el que tanto locales como visitantes aprovechan para pasear por las calles de uno de los distritos más pequeños de Lima -sólo 3.33 kilómetros cuadrados de superficie-, darse una vuelta a la playa, meterse al mar y hasta surfear, si es que no les molesta el agua fría.

 


Barranco tiene un encanto bohemio. Es hogar de varios artistas y escritores; incluso, hasta hace poco Mario Vargas Llosa tuvo ahí su residencia en Lima. Algunos creadores no sólo han encontrado expresarse mediante las letras, sino también en las coloridas figuras plasmadas en varias de las paredes del barrio.

 


En la época prehispánica fue un pueblo de pescadores, quienes accedían al mar a través de la "Bajada de Baños" para realizar sus labores diarias; a principios del siglo 20, se convirtió en uno de los balnearios favoritos para los que vivían en el casco histórico de Lima y el lugar donde tenían sus casas de playa. Hoy en día, es un sitio turístico por excelencia, lleno de hoteles y hostales, bares y restaurantes.

 


Uno de los lugares más emblemáticos del distrito es Juanito de Barranco. Ubicado sobre la Avenida Miguel Grau 270 desde hace más de 70 años, es famoso por sus sandwiches de jamón y asado, su pisco sour y cerveza y donde, además, es posible escuchar la música peruana tradicional.

 


Los locales dicen que los artistas venían aquí para cerrar tratos con sus proveedores y que muchos músicos cantaban sus composiciones más recientes.

 


"Barranco es el punto donde sí o sí llegan los turistas. Es un barrio bohemio, más de cultura, literatura", cuenta Christian Jara, del departamento de promoción y turismo, Promperú.

 


El recorrido nos va acercando al mar, pero antes hay que jugarse la suerte en el Puente de los Suspiros, cuyo nombre deriva de los múltiples romances que ahí se han concretado. La tradición señala que quien ve el puente de madera por primera vez y lo cruza sin respirar se le cumple el deseo que pida. Vale la pena intentarlo, después de todo hay que atravesarlo para conocer La Ermita de Barranco.

 


"¿Se anima señorita? Acá hay terraza para comer o para beber, picarones para los niños, postres, suspiro a la limeña, cebiche, lomo saltado, una cervecita, pisco sour", grita Ángel Allende, empleado del restaurante Javier, sobre la "Bajada de Baños" a los transeúntes que, bajo la sombra de los Ficus, buscan descender a un pequeño mirador que da vista a Playa Los Yuyos, donde se puede observar a algunas personas dándose un chapuzón.

 


El mirador invita a reflexionar con la mirada puesta en el imponente mar del Pacífico Sur, donde los limeños consiguen la materia prima de sus creaciones culinarias, aunque basta darse una vuelta por Barranco para descubrir que Lima ofrece mucho más que su consagrada gastronomía.

 

 


 

 

Escrito por Emmanuel Millanes - Enviado / Agencia Reforma

Reportero de Reforma


Twitter

Facebook