DE VIAJE

CARTAGENA DE INDIAS, Colombia.- En el barrio de Getsemaní, a unos 10 minutos a pie de la Torre del Reloj, se respira una atmósfera ligeramente más relajada que en el corazón de la Ciudad Vieja.

 

Éste es el lugar de quienes buscan experiencias menos señoriales, donde los jóvenes cartageneros recomiendan explorar si se quiere complementar las memorias clásicas de Cartagena, entre ellas las que regala un recorrido por el Castillo de San Felipe de Barajas o un paseo en carruaje tirado por caballos, ese medio de transporte ya sólo para turistas que le gustaba usar al doctor Juvenal Urbino en la novela “El Amor el los Tiempos del Cólera”, de Gabriel García Márquez.

En esta zona de la ciudad solían vivir los africanos que fueron traídos como esclavos durante la Colonia. Y, aunque es uno de los sectores dentro de la muralla que también presumen historia y arquitectura, por mucho tiempo no se contaba entre los atractivos turísticos de esta ciudad.

“Hace aproximadamente seis años, no era recomendable venir porque era una zona delincuencial, de drogadicción”, cuenta Elith Palomini, propietario de la agencia de viajes Palma Travel. Sin embargo, como se ha visto repetidamente en algunos barrios de otras ciudades turísticas del mundo –de Wynwood Walls, en Miami, al barrio de Kazimierz en Cracovia, pasando por La Boca, en Buenos Aires–, Getsemaní también vive un proceso de cambio que lo ha convertido en atractivo para los viajeros.

 

“Sus casas han sido reformadas, han abierto restaurantes, han abierto lugares de ocio y ha sido de vital importancia, por ejemplo, esta modalidad de los murales”, explica Elith mientras recorremos una calle aledaña a la Plaza de la Santísima Trinidad.

Como en otros barrios emergentes, en Getsemaní es común el arte urbano, y en algunas paredes se ven obras que contrastan con las fachadas coloridas y las puertas coquetamente adornadas con plantas y flores.

“En el centro te encuentras algo más glamuroso, más delicado: acá de pronto no tanto”, opina Thalía, una chica cartagenera, “pero tiene buenos lugares que están abriendo con un buen servicio. La comida es rica pero están en un ambiente más tranquilo, más juvenil”.

Además de restaurantes, en el área han abierto muchos hostales, bares y uno que otro hotel boutique, por lo que es la zona favorita entre los mochileros que llegan seducidos por la promesa de encontrarse con una probadita de la vida cartagenera de verdad, puesto que, a diferencia de la Ciudad Vieja, en Getsemaní aún viven familias tradicionales.

“Si yo quiero conocer a una persona genuina del país, allá la voy a encontrar”, asegura Omar Balseiro, recepcionista de un hotel, quien, además, recomienda visitar el Café Havana para rumbear.

Este sitio es un rinconcito de Cuba en el barrio de Getsemaní, siempre con un montón de turistas afuera esperando su momento para entrar. Dentro está decorado con carteles en las paredes y pequeñas banderas de la isla.

La gente se busca espacio para bailar entre las mesas y alrededor de la enorme barra circular que está en el centro. Entre extranjeros y uno que otro cartagenero de toda la vida, los recuerdos de esta tierra caribeña se fijan con sonrisas y bailando al ritmo de salsa.

Escrito por Analine Cedillo / Agencia Reforma

Reportera de Reforma


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