SUPLEMENTOS

Hoy exuda seguridad y presume su cuerpo con orgullo. Pero llegar a eso le costó mucho sufrimiento a Ashley Graham.

La vida de la modelo de tallas extra ha sido una sucesión de obstáculos superados, entre los que se cuenta la dislexia, un padre ausente, acoso sexual, una vida promiscua y constantes críticas por su aspecto físico.

De todo ello da cuenta en “A New Model: What Confidence, Beauty, & Power Really Look Like”, su autobiogra-fía, en la que detalla cómo sa- lió adelante hasta hacer de sus problemas sus mejores fortalezas.

Debido al trabajo de su padre, su familia se mudó varias veces de ciudad. Vivía con su madre y sus dos her-manas menores, Madison and Abigail.

Cuando la descubrieron como modelo, su papá la apoyó, pero él casi no estaba en casa, y cuando llegaba, a menudo le gritaba y pegaba.

“Sus insultos me lastima- ban más que cualquiera de sus golpes. Mi padre era un maestro en eso de insultar. Su apodo favorito era ‘Duh’, porque no creía que fuera muy lista”, relata.

Su cuerpo se desarrolló tempranamente, y eso le trajo incidentes molestos con hombres mayores, lo que le ocasionó inseguridades. Cuenta que cuando ella tenía 10 años, el hijo de unos amigos de la familia le mos- tró su órgano sexual y le hizo tocarlo.

“Estaba aterrada y corrí. ¿Acaso hice algo para provocar que me pasara eso?”.

A los 12 años, dos adolescentes aspirantes a modelos intentaron que se metiera con ellos en un jacuzzi. Pero luego el miedo se transformó en una retorcida seguridad.

“No importaba cuán inapropiado o confuso fuera. Cualquier atención del sexo masculino era buena en lo que a mí respectaba. Así empezó un patrón de salir con cualquiera que pensara que yo era sexy o que mi cuerpo era atractivo”.

Cuando se mudó a Nueva York para continuar su carrera en el modelaje, solía mostrarles los pechos a los cadeneros para que la dejaran entrar a los clubes o para conseguir tragos gratis. Una noche aca- bó en el hospital por tanto al- cohol que tomó, recuerda.

A los 19 años, tuvo a un novio, Carlos, de 29, que cuando tomaba la golpeaba. Una vez tuvo que encerrarse en un baño, pues temía que la matara luego de que la persiguiera con un cuchillo de carnicero tras pelear en su departamento.

Luego vino todo el vía crucis en la industria del modelaje a causa de su peso y la presión por tener un cuerpo delgado. Cansada, decidió convertirse en modelo de tallas extra.

“No importa cuál sea tu trabajo. Tienes que hacer las cosas distintas si eres una mujer curvilínea. He tenido que justificar constantemente mis decisiones laborales, pero quizá en eso resida el secreto de mi éxito”.

 

Escrito por Staff / Agencia Reforma

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