Pobrino

Por: Manuel J. J√°uregui
México 14 de Noviembre 2017 - 09:11
Columnista de Reforma

El presidente Peña, experto en gastar montones de dinero en propaganda, muestra piel delgada ante la crítica.

 

Dice el Presidente Peña que lo “bulean”, que la sociedad lo critica hasta la inacción, ésta fue su respuesta a la certera censura a la fallida acometida oficial contra la delincuencia en el País, emitida por María Elena Morera, presidenta de Causa en Común, en un foro sobre seguridad.

 

En la evaluación de esta ONG respecto a la inseguridad nacional, Morera afirmó: “La violencia que vivimos ya no es regional, ni temporal.

 

Es endémica y de alcance nacional, no se ha logrado contenerla y mucho menos revertirla”. Al escuchar esto, el Presidente se quejó de ser víctima de “bullying” por su papel como responsable de los organismos de Policía y de procuración de justicia (PGR).

 

“Cada vez que asisto a este foro puedo advertir que no vendré aquí a escuchar que se endulce el oído del Presidente de la República, sé que invariablemente tendré que escuchar la voz crítica de la sociedad civil”. Y es a esta crítica a la que el Presidente considera “bullying”, que calificó de paralizante.

 

Escuchar esto del señor que se gasta casi 40 mil millones de pesos de dinero público en comprar elogios en los medios al servicio del Gobierno nos causa perplejidad.

 

Equivale a que una escopeta se queje de los patos. ¡Bastante alrevesado toma el Presidente lo que es un genuino y fundado reclamo de la sociedad! María Elena Morera no afirmó nada que no fuera cierto, ni dijo otra cosa que no fuese el sentir de una gran mayoría ciudadana.

 

En la queja se percibe que él, Enrique Peña Nieto, como Presidente de la República, considera que merece que le “endulcen el oído” en estos eventos.

 

Que los representantes de la sociedad están ahí para adularlo, para reconocerle sus grandes logros –si es que los hubiese–, para aplaudirle y alabarlo ¡nada más! Eso siente que merece: el agradecimiento total del pueblo mexicano por habernos dispensado él la gracia de gobernarnos.

 

¿Cómo diantres no se lo agradecen y, al contrario, osan criticarlo? Con todo respeto, señor Peña, pero ésta no es la actitud correcta que debe mostrar un Presidente. Después de todo, usted no es rey, no es emperador, no es dictador.

 

Estar expuesto a la crítica ciudadana es SU OBLIGACIÓN, eso viene con la chamba. Reconocemos que quizá no es una parte grata, pero no puede eludirse el hecho de que la “rendición de cuentas” es parte fundamental de los sistemas democráticos.

 

Al hacerse el mártir y pegarle al “pobrino de mí, ¿por qué me critican?”, tenía a su lado al encargado de la seguridad interna del País, el Secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, quien casualmente es también uno de los responsables de “repartir” el gasto en publicidad a los medios de acuerdo con su DOCILIDAD.

 

Entre más lambiscochos e incondicionales más se les da de la hacienda pública, mientras a los críticos e independientes no se les da nada de la publicidad oficial, y Osorio y sus achichincles son los que deciden. Vaya la comparación, Osorio es su “Goebbels”, o sea, el Ministro de Propaganda.

 

En lugar de adoptar el papel de mártir quizá debió el Presidente Peña haberle reclamado a Osorio por “no parar las críticas”, por no haberle podido COMPRAR los aplausos que él, Peña, siente que se merece. O quizás debió el Presidente captar o entender que el elogio comprado es una vana ilusión, pues el reconocimiento de la sociedad no se gana con propaganda, sino con ATINADAS decisiones que conduzcan a BUENOS RESULTADOS para la sociedad.

 

Resultados reales, y no inventados, cambiando el método de la medición, como lo hiciese el dócil INEGI con las bases de los índices de crecimiento económico para mejorar –ficticiamente– los de Peña y empeorar los de sus antecesores.

 

El sol no se tapa con un dedo, y en política ni con la mano completa, de manera que si el Presidente cree que lo “bulean” hoy, no habrá calificativo que cubra lo que será criticado cuando deje el poder.

 

No le queda más que de dos sopas: o aguanta vara o se pone a jalar para mejorar las cosas, aprovechando y escuchando la crítica de la sociedad, y NO LOS HALAGOS de los lambiscochos que lo rodean para “endulzarle el oído” a cambio de carretonadas de dinero. Música pagada siempre tendrá un mal son.