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Por: Manuel J. J√°uregui
México 6 de Diciembre 2017 - 07:12
Columnista de Reforma

Por beneficiar solo a los ricos, el recorte de impuestos que propone Trump es repudiado por la mayoría del pueblo de EU.

 

 

Para que vean, estimados lectores, qué tan patas arriba anda todo allá en Trumpilandia, échense este trompo a la uña: dos encuestas recientes, distintas (Gallup y Quinnipiac), reportan que el plan para recortar impuestos propuesto por Trump y sus republinacos es REPUDIADO por entre el 56 y el 53 por ciento de los norteamericanos.

 

Ello, ya que el 64 por ciento de ellos consideran que el plan sólo beneficiaría a los ricos. ¡Vaya chasco! En teoría todo plan para reducir impuestos debe ser recibido por la población con fiesta, aplausos y alaridos de gusto.

 

¡Pos éste no! La percepción es que el plan flotado por estos cuates no está diseñado para la clase media, para el ciudadano común, sino para los grandes negocios y los muy, muy ricos. Esto resulta, en nuestra modesta y humilde opinión, que de llegarse a aprobar NO LE AYUDARÁ políticamente al devorador de McDonald’s (“Big Macs”) que ocupa la Oficina Oval.

 

Tienen ustedes, estimados amigos, todo el derecho del mundo de preguntar: ¿y esto es bueno o malo? En general, para nosotros los mexicanos, todo bumerán que regrese y le dé seco en la mera chirimoya al ocupante de la Casa Blanca por la gracia de Putin, es bueno.

 

Un tipo tan xenofóbico, racista, supremacista, proteccionista y antimexicano como el sujeto del que hablamos no merece contar con el apoyo del pueblo norteamericano. Más bien, lo contrario: se merece el repudio.

 

Por lo tanto, todo lo que haga que le reduzca popularidad es a la larga bueno, pues le resta autoridad moral, le resta poder y le resta capacidad de bulear al Congreso en hacer lo que se le pegue a él la gana.

 

Y ven ustedes todo el desgarriate que ha armado en el Medio Oriente porque se le metió en el hueco que tiene entre las orejas cambiar la Embajada norteamericana en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, lo cual encamiona de manera indescriptible a los palestinos.

 

En lugar de armar la paz en el Medio Oriente, este megalómano está provocando la guerra entre israelíes y palestinos. Y en el Oriente trae un despapaye similar con Corea del Norte, a grado tal que obligó a los chinos a ponerse del lado de Norcorea y advertir a Estados Unidos que deje de hostigar a ese país.

 

Ello como respuesta a un “show” de fuerza militar que acaba de armar conjuntamente con Japón, uno que claramente se puede interpretar como una provocación militar.

 

Lo curioso es que él mismo, el hombre de la peluca tipo Barbie, se ha quedado sin opciones diplomáticas toda vez que se ha dedicado a castrar públicamente a su Secretario de Estado, Rex Tillerson.

 

Sin un vocero creíble en el Departamento de Estado él solo se reduce a puras opciones de “garrote”, es decir militares, descartando toda posibilidad de arreglos diplomáticos. Un mal arreglo diplomático siempre es preferible a la mejor guerra.

 

En suma, ¡que le dé pa’ delante con su nueva ley fiscal!, una que no le agradará a la mayoría de los norteamericanos y hasta quienes votaron por él acabarán decepcionados cuando les pegue en el bolsillo, o cuando resulte que todas sus promesas de reducirles los impuestos resulten puro estiércol de toro (bullshit).

 

Sería mucho esperar que los líderes republinacos del Congreso, el Mitch “Cara de Búho Asustado” McConnell y la “Garrocha Inútil”, Paul Ryan, al percatarse de la impopularidad del reglamento fiscal que estén promoviendo lo enmienden o lo paren. Trump parece tenerlos acobardados (a ellos y a una buena parte de sus correligionarios legisladores) y entre los dos no juntan ni para la mitad de un cotiledón.

 

La realidad es que el TECHO del déficit fiscal no les da campo para maniobra, y en consecuencia no pueden bajarle a todos, porque rompen el techo.

 

Lo curioso es que hayan escogido ayudarle, no a la clase media norteamericana, sino a las grandes corporaciones y a los muy, muy ricos, o sea, al mismo Donaldo Juan Trump y a sus cuates. ¡Vaya casualidad!