Brasil, una vuelta de tuerca

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El pasado fin de semana se celebró en Brasil la primera ronda de elecciones presidenciales.

 
Abraham Guerrero
En los cambios vertiginosos que estamos viviendo en estos años nos acechan dos grandes peligros: una gran recesión económica mundial y la crisis que desataría y que incluso podría zanjarse en una guerra mundial, y el resurgimiento de la extrema derecha en sus versiones más rupestres en cada país.
 
El pasado fin de semana se celebró en Brasil la primera ronda de elecciones presidenciales. El temido triunfo de Jair Bolsonaro en la primera vuelta no sucedió sin embargo es sintomático que un personaje que asume un discurso homófobo, machista, racista y clasista y que se manifiesta abiertamente en contra de los derechos humanos más fundamentales, haya logrado el consenso en amplios sectores de la población brasileña tan diversa, y es particularmente preocupante el alto apoyo en el sector más educado y de mayor nivel adquisitivo.
 
El rechazo de las clases medias a la corrupción de la que fueron cómplices los jerarcas del Partido de los Trabajadores se vio reflejado en las urnas. Un partido que es identificado como parte de un sistema que no combatió sino que incluso solapó con sus alianzas electorales, en este momento carece de la base social movilizada que hace quince años le dio el primer triunfo electoral a Luiz Inacio Lula da Silva.
 
A pesar de la enorme popularidad de la que aún goza Lula, el candidato emergente del PT, Fernando Haddad, no tuvo el tiempo suficiente para crear una opción atractiva para ciudadanos cada vez más descontentos con el funcionamiento de la política local y que han sido blanco de campañas mediáticas propias de los manuales de operaciones de propaganda militar.