Siembra 'Jupiter' raíces del Congo

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“Mi abuela era curandera”, cuenta Jean-Pierre “Jupiter” Bokondji (sombre rojo). “Y cuando era niño me llevaba con ella al bosque a buscar plantas y raíces.

 

LOURDES ZAMBRANO
AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Jean-Pierre “Jupiter” Bokondji es un misionero de la música africana. Y es tajante cuando dice que todo ritmo y vibración tiene su raíz en África.
 
“La música nos viene en la sangre a los africanos”, asegura.
 
Bokondji se presentará por primera vez en el País junto a su banda, Jupiter & Okwess, primero durante el Festival Internacional Cervantino (FIC), el viernes, y al día siguiente en Mérida.
 
Cuando escucha una jarana, una guitarra española, algún acorde de bossa nova, de tango, de bolero y, por supuesto, de rumba, todo le remite a África.
 
“Todos los ritmos latinoamericanos vienen de África. También lo de América del Norte, como el blues, el soul o el funk. No digo la música, pero si la base. Es todo lo que trajeron los esclavos africanos”, señala el músico nacido en Kinshasa en 1965.
 
No busca minimizar los ritmos de otras latitudes, pero sí que se reconozca el ancestro común, que para él es obvio.
 
Pero su pasión por la música africana no siempre estuvo ahí.
 
“Mi abuela era curandera”, cuenta. “Y cuando era niño me llevaba con ella al bosque a buscar plantas y raíces. Ella me regaló un tambor, pero no me interesaban los sonidos tradicionales en ese momento”.
 
Su padre, diplomático, primero lo llevó a vivir a un país vecino y luego a Berlín.
 
“Eran los años 60. En Alemania estaban en auge los Jackson Five, James Brown…”.
 
Cuando los escuchaba, reconocía la base de los ritmos le eran familiares, que escuchaba en casa.
 
Bokondji asegura que no era su sueño hacer música, pero era lo que traía en las venas.
 
Al regresar a vivir a Kinshasa, capital de la República Democrática del Congo, se enamoró de su ciudad natal y se entregó a la música, aunque su padre tenía otros planes, que estudiara en Europa, pero él se rebeló y dejó incluso la casa familiar.
 
“No tenía un lugar en donde vivir, entonces dormía en las calles. A veces entraba a casas abandonadas. Me di cuenta que los velorios eran una buena opción, siempre había gente y podía dormir en un lugar seguro. Además siempre había música. Luego empecé a tocar yo también y hasta me pagaban”, recuerda.
 
Los funerales no sólo le permitieron tener un techo y empezar a ganar dinero; también fueron una oportunidad para conocer ritmos de diferentes grupos étnicos. En Kinshasa, explica, coinciden personas de las 450 etnias que habitan en la zona.
 
“Es una energía inherente”, señala. “Una riqueza extraordinaria que ni nosotros conocíamos”.
 
En 1983 debutó con su primer grupo, con una propuesta entonces peculiar: música a partir de ritmos locales, a veces fusionando lo local con lo occidental.
 
Eso le sirvió para hacerle ver a sus compatriotas que no todo era rumba, la música predominante en Congo.
 
Le tomó 30 años y cuatro bandas distintas regresar a Europa, pero ya como un músico exitoso.
 
Bokondji no ha podido descubrir los ritmos de esas 450 etnias, algo imposible.
 
“No los pude abarcar. Pero yo ya les abrí la puerta a los que vienen para que vayan a buscar todo lo que falta”, comenta.
 
El internet ha ayudado a borrar las fronteras, a tener más contacto con información de otras partes del mundo, algo positivo para que se entienda que todos vienen del mismo lugar.
 
Su influencia ya hizo mella en su familia. Su sobrino, Yende, ahora es parte de su banda.
 
Kin Sonic, su disco más reciente, será la base para el repertorio que presentará en México, cantando en seis idiomas distintos, a veces mezclando palabras en francés o alemán con lenguas de su patria, como el lingala.
 
Jupiter & Okwess se presentará el viernes en Guanajuato, a las 20:00 horas, en la Explanada de la Alhóndiga de Granaditas, y el sábado en el Teatro Armando Manzanero de Mérida, a las 21:00 horas.