Viven en el ‘Rust Belt’ desencanto con Trump

Se eliminó el tercer turno de la fábrica, lo que afectó a cerca de mil 500 trabajadores.

 
Staff Reforma
LORDTOWN.- En esta pequeña localidad de Ohio, conducir un vehículo extranjero tiene algo de herejía.
 
Ésta es, desde 1966, la orgullosa sede de una de las grandes plantas de General Motors del país. La otrora boyante fábrica, que se extiende sobre casi 400 hectáreas, llegó a emplear a 4 mil 500 trabajadores, más que habitantes tiene el pueblo. Pero eso era antes.
 
“El 20 de enero de 2017, el mismo día en que Donald Trump tomó posesión como Presidente, se eliminó el tercer turno de la fábrica, lo que afectó a cerca de mil 500 trabajadores.
 
En junio se eliminó el segundo turno, otros mil 500”, explicó David Green, presidente de la rama local del sindicato nacional de trabajadores del automóvil.
 
“El condado de Trumbull, donde se encuentra la fábrica, fue demócrata durante los últimos 70 o 80 años. Pero en 2016 cambiaron y eligieron a Trump. Muchos de los trabajadores a los que represento le votaron porque habló de proteger los empleos.
 
Dijo a la gente que las fábricas volverían, que los empleos volverían. Pero no hemos visto nada de eso y la gente está sufriendo”.
 
Trump ganó el “Rust Belt” (cinturón de óxido), el corredor que va de Pennsylvania a Minnesota y que un día fue el corazón de la industria pesada, vendiendo un sueño basado en el liderazgo de Estados Unidos en el sector automovilístico y en la ausencia de migrantes que pudieran bajar los salarios.
 
Pero ese relato emocional ignora la globalización. Hasta el coche más americano, el Jeep Cherokee, fabrica un 30 por ciento de las piezas en el extranjero.
 
El aumento de empleos y la economía, que crece a más de un 4 por ciento, sonríe a Trump, pero lugares como éste ofrecen un reverso a esa fotografía colorida.
 
“Aquí no abunda el trabajo, y los que hay disponibles están mal pagados”, indicó Sam, un obrero jubilado.