EL HACEDOR DE SUEÑOS (Parte 2)

CON “M” MAYÚSCULA

Por: BIBIÁN REYES

Creo también que nada más hubiera ocurrido, sino resaltar por su extraordinaria diferencia, de no ser porque luego de una corta temporada de sucesos extraordinarios que poca o ninguna explicación con lógica podrían tener, además de la atribuida a la suerte, uno en particular se ligó directamente con la pieza, mismo que relataré con tanto detalle como mi incrédula y agobiada mente me lo conceda.
 
El hecho como se puede ahora narrar en el orden normal que debió acontecer y no como la investigación fue llevando los pasos hasta los cristales de la exposición, aclaro que no dejan de ser suposiciones y que en nuestro afán de tratar de encontrar respuesta a todas las interrogantes jalamos la madeja de los acontecimientos hasta que como al gato, nos mata la curiosidad o resolvemos la interrogante.
 
Así un buen día un grupo de scouts provenientes de la Ciudad de México decidieron dar un paseo de reconocimiento por la antiquísima ciudad de Teotihuacán ubicada a no más de 50 kilómetros al noreste de la capital del otrora poderoso imperio Azteca, mismo territorio que ahora ocupa la capital mexicana, y luego de subir a la pirámide de la luna y escuchar con atención la explicación del guía sobre ésta y la colosal pirámide del sol además de la apasionante  historia de los guerreros que crearon los astros en un génesis paralelo al ya conocido, y luego de almorzar fueron a dar a la exposición de piezas ahí recuperadas.
 
Nada notable ocurrió ese día, sólo en un hecho muy particular Gabriel, uno de los chicos expedicionarios, justo cuando miraba la estatuilla en cuestión su brillo y magnificencia le motivó pensamientos agradables, entonces con ello recordó que deseaba mucho regresar y encontrarse con Mariela, la chica de tercer grado que a diario miraba al salir del colegio pero que no se atrevía a abordar, pues a los dieciséis años pocos recursos románticos posee un adolecente cargado de hormonas. Entonces se limitó a cerrar los ojos y con gran ilusión repetirse en la mente “Mariela ojalá supieras cuánto te adoro y pudieras tú sentir lo mismo a partir de este instante”.
 
La excursión terminó al día siguiente luego de que el grupo, con los debidos permisos y precauciones, pernoctara en las inmediaciones de la zona turística, regresando al caer la tarde a la ciudad y ya en el punto de reunión despedirse uno a uno normalmente al ser recogidos por sus familiares.
 
Cuando Gabriel abordó el auto de sus padres, notó de inmediato la inquietud de su mama quien previamente había convenido con su esposo ser ella la que manejara la situación y expusiera el tema a su hijo, y con todos los nervios del mundo temiendo cosas que a todos los padres les preocupan, le lanzó luego de un cortísimo y frío saludo a su hijo:
 
Gabriel, hijo. Dime la verdad, ¿tú que tienes que ver con Mariela Martínez?, pero me vas a decir la verdad porque desde ayer por la tarde no ha dejado de buscarte en la casa y al no encontrarte pedir, no, rogar que le diéramos tu número de celular, cosa que de ninguna manera hicimos ni dejamos a tu hermana hiciera, no sé si ya te localizó y ya estás enterado de esto, pero por favor quiero que me digas todo sin ocultarme nada, porque había algo en su tono de voz y su insistencia que me tiene alarmada y casi no me dejó dormir anoche. Y dicho esto se estacionaron unas cuadras adelante volviéndose padre y madre a escuchar al emocionado y confundido Gabo que no sabía si sonreír o asustarse con tales miradas y cuestionamientos.
 
Y no hay más conclusión que a la que ustedes pueden llegar por si mismos una vez dicho lo anterior, tal vez sea poco este simple ejemplo y carezca de contundencia o pueda sólo ser tonta interpretación a juveniles pasiones; sin embargo, cuando los fondos de la lotería fueron vaciados, de manera constante e inusual, primero por este guía de scouts que les narra y escuchó la historia poco común de viva voz del buen Gabriel quien por cierto, desde entonces camina tomado de la manita de Mariela, ahora ya ambos en preparatoria siendo una encantadora pareja que se muestra tal cariño y comprensión poco común en jóvenes de su edad.
 
Así al recordar esto en mi siguiente excursión, y estar frente a la llevada y traída misteriosa estatuilla, tuve el enorme deseo que esto fuera verdad y pedí con todo el corazón ganar el premio de la lotería y poder costear la operación que mi madre por complicaciones con la diabetes necesitaba.
 
Ocurrió de nuevo el prodigio sin mayor lógica y mucha pero mucha suerte, pues le pegué al premio gordo que en esa semana tenía acumulados varios millones de pesos, que ya sin impuestos me permitieron sacar a mi madre de su dolorosa postración y de la lista de espera de los servicios de salud gubernamentales, sufragar los gastos de una cirugía que a decir de los médicos era ya impostergable y se había realizado en el tiempo límite.
 
Debo confesar que no pude contener la emoción y lo conté de manera secreta a un amigo del trabajo, y pues con los resultados obtenidos poco se podía dudar y si no, nada se perdía en el intento.
 
Como a las tres o cuatro semanas llegó este mismo hasta mi casa con grande enojo pues había ido hasta allá a buscar al dios milagroso pero por más que había pedido ganar la lotería para salirse de trabajar, no había podido ganar en varios intentos ni siquiera el reintegro del billete, reclamándome por haberle tomado el pelo y que esa no era la forma de burlarse de un buen amigo.
 
Al calor de la conversación a media calle alguien más sacó en conclusión que no eran cosas egoístas las que se le podían pedir al dios antiguo, sino cosas llenas de verdad en el corazón y allá fueron una procesión de vecinos a intentar de nuevo solicitar cosas para enfermos y necesitados.
 
No pasó mucho para que la noticia de la “santidad” de la estatuilla se conociera de manera exponencial, luego de los tumultos y hasta la rotura de los cristales en el afán de los fervientes adoradores paganos por recibir los favores del milagroso dios antiguo, se decidió retirarlo de toda exposición, de todo registro y hacer de ésta, una historia sensacionalista que plagó los periódicos de los días, desacreditando toda aseveración de los favorecidos, luego de fabricar historias fraudulentas que confundieran a la opinión pública, así cayó en desmérito cualquier opinión favorable o intento de autenticar los prodigios.
 
Desde entonces permanece en el fondo de una bodega de la que se desconoce su ubicación, en un cofre bajo candado fuera de la vista de todos, yacen sin uso y olvidados los maravillosos dones del hacedor de sueños, venido de no se sabe dónde y encontrado sin querer una cálida mañana de mayo.