El Miedo

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Estímulo ante una situación de peligro o riesgo

 

Jimmy Herrera/Luces del siglo

Ahora que en los pasados días estuvimos viviendo la época del año donde se hace mucha alusión a temas de fantasmas, brujas, zombis y uno que otro espíritu chocarrero, no podemos olvidarnos también de la tradición prehispánica de recibir a los difuntos cada 1 y 2 de noviembre, donde la gente por lo general tiene la costumbre de colocar pequeños o grandes altares adornados con coloridas flores, y sobre ellos, las fotografías de familiares o personajes famosos de los cuales ya no se encuentran más con nosotros en este mundo.
 
Para los mexicanos la muerte siempre ha sido un tema de sumo interés, pues es algo que traemos muy asimilado debido a la riqueza misma de nuestra propia cultura, y del cual no nos causa un cierto temor -o miedo- al tratar sobre ello. Muy por el contrario, sí causa temor -o miedo- en otros países o culturas distintas cuando se trata sobre la muerte, o peor aún, cuando conocen que aquí en México celebramos a los difuntos. No me extrañaría nada verlos que se les pongan los cabellos en punta por el miedo.
 
Pero ¿cuál es la ciencia detrás del miedo? Ante todo debemos comprender que el miedo es una reacción natural del ser humano ante un “estímulo” que interpretamos como una situación de peligro o de riesgo. Dentro del cerebro humano tenemos una estructura neuronal que se denomina como “tálamo”, que es el sitio donde se detiene toda la información sensorial antes de distribuirlo a otras partes del cerebro.
 
El tálamo envía la información sensorial recibida a la amígdala, que es la que se encarga de procesar las reacciones y activa dos tipos de respuestas. La primera respuesta es “la típica huida”, o como quien dice, el correr rápidamente para salvaguardar nuestra propia vida.
 
El retirar nuestro cuerpo de la zona o situación de peligro de una manera inmediata. La segunda respuesta es la de “pelear” contra aquella situación de amenaza o de peligro. En cualquiera de estas dos respuestas, se liberan hormonas para activar súbitamente diferentes partes de nuestro cuerpo.
 
Comenzamos a respirar con mayor fuerza y el corazón comienza a bombear sangre de forma más rápida. Hay quienes sienten con esta reacción un poco de náusea, o inclusive, hay a quienes les comienza a sudar las manos.
 
El hipocampo es una parte del cerebro que analiza detalladamente aquel estímulo que causó la súbita respuesta generada por la amígdala. El hipocampo comienza a generar una serie de cuestionamientos para identificar la seriedad de la situación, como por ejemplo ¿Cuál fue el motivo que causó ese estímulo? ¿Qué elementos provocaron ese estímulo? ¿Se ha experimentado anteriormente este tipo de situaciones? Y así de uno en uno el hipocampo va analizando cada cuestionamiento, para finalmente interpretar la seriedad o no del peligro y enviarle una señal a la amígdala de que se comience a calmar, o de plano que se alarme más debido a que la situación de peligro es inminente y hay que salvarse de por medio.
 
Actualmente la medicina moderna está realizando una serie de estudios e investigaciones para generar nuevos y mejores medicamentos, que ayuden a aquellas personas que son incapaces de controlarse ante una situación de peligro, y que incluso comienzan a desarrollar un “trastorno de ansiedad”. El trastorno de ansiedad hace que las personas sufran de temor, nervios y miedo, ante situaciones que por lo general no son de peligro alguno.