Supervivencia de un legado

65

La coreógrafa Guillermina Bravo, fallecida hace justo 5 años, creó el Cenadac en Querétaro en abril de 1991.

 

POR: ERIKA P. BUCIO/AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Por mucho tiempo ha corrido el rumor del cierre del Centro Nacional de Danza Contemporánea (Cenadac), pero su director, Orlando Scheker, mantiene la palabra empeñada a su fundadora, Guillermina Bravo: Pese a cualquier adversidad, la escuela seguiría.
 
La coreógrafa, fallecida hace justo 5 años, creó el Cenadac en Querétaro en abril de 1991, preocupada por la profesionalización de los bailarines y porque la danza fuera entendida como un movimiento nacional.
 
Y a pesar de las dificultades financieras, el Centro sobrevive bajo esas primicias.
 
Para operar, depende del presupuesto asignado por la Secretaría de Cultura de Querétaro, de 900 mil pesos en 2018, y de sus propios ingresos por colegiaturas.
 
Las dificultades se remontan a la gestión de Teresa Vicencio al frente del INBA, cuando en 2009 la dependencia les retiró el subsidio, como lo hizo con el Ballet Teatro del Espacio y Ballet Independiente, lo cual significó para el Cenadac una merma de un millón de pesos. El INBA ahora sólo se encarga de pagar el salario de cinco maestros.
 
Pero en el Centro no se quedaron con los brazos cruzados, y buscaron otras maneras de financiarse: abrieron talleres vespertinos y opciones de entrenamiento para bailarines.
 
Su matrícula es de alrededor de 70 estudiantes a nivel bachillerato y licenciatura a través del Colegio Nacional de Danza Contemporánea. Además de 30 participantes en talleres; cifra variable en función de la demanda.
 
Ocho personas conforman la plantilla de personal administrativo y directivo, además de 25 docentes.
 
Ya se conformó y está activa la asociación civil Centro Cultural Guillermina Bravo con autorización de la Secretaría de Hacienda para recibir donativos, pero aún no han podido echar a andar una campaña de recaudación de fondos.
 
“Debería de estar aquí procurando fondos, pero no la tengo, no la puedo pagar, y así nos vamos. Es una cadena de problemas que se nos vienen encima por la situación”, cuenta Scheker.
 
Las secretarías de Cultura estatal y federal podrían crear un directorio que se hiciera llegar a los empresarios con instituciones como el Cenadac, susceptibles de donativos, considera.
 
Al Centro le avala la tradición emanada del Ballet Nacional de México y su nivel de enseñanza; se ostenta como la escuela de mejor calidad en México para la técnica Graham. Bravo creía que con esta técnica se podía “construir a un bailarín de arriba abajo sin estilo preconcebido” (REFORMA 19/3/1994).
 
La sede que el Cenadac ocupa en comodato, propiedad del Gobierno estatal, requiere de adecuaciones que la falta de presupuesto impide atender: cambio completo de duela en uno de los salones e instalar sistemas ahorradores de agua en sanitarios, sin contar con la instalación eléctrica, un problema añejo.
 
Conserva, acorde a sus posibilidades, el acervo de fotografía, video y programas de mano de Bravo, así como sus distinciones, vestuario y escenografías, como un telón del pintor Rufino Tamayo. Solo un 20 por ciento de ese acervo está catalogado.
 
“Se intentó hacer (la catalogación) con el Cenidi Danza (José Limón). De hecho, vinieron e hicieron una evaluación. La curaduría era complicadísima y carísima, y no se concretó. Todavía vivía la maestra”, recuerda Scheker.
 
Pero no tira la toalla y reclama apoyos para la danza: “Siempre es el patito feo de las artes”.