¿Por qué migran?

Pobreza, violencia, maltrato, desempleo…

 

Jorge Ricardo
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 03-Nov-2018 .-Pobreza, violencia, maltrato, desempleo… Mujeres hondureñas narran de qué huyeron cuando decidieron abandonar su país y sumarse a la caravana migrante.

‘Cómo me voy a regresar’ Katherine Sánchez.

Empezó la bulla en las noticias y al principio no le puse mucha atención. Primero dije, tú sabes, “esa gente está loca”. Y luego ya vine. Salimos un jueves, no me acuerdo de las fechas, es que ni sé qué día es, qué fecha es. Yo vengo con dos hermanas y con un primo y mi niña. Mi niña tiene dos años, yo tengo 20. La verdad es que en Honduras no hay trabajo, sales de la universidad y sólo no tienes trabajo. Yo me gradué en bachillerato en ciencias y humanidades. Cuando salí, pensé que cualquier trabajo, pero no encontré ninguno. Me fui por esa razón, pero también porque el abuelo de mi hija me la quería quitar. Mi suegro era muy controlador, no me dejaba visitar a mi familia y mi esposo no decía nada y nos dejamos. Yo camino con mis hermanos, sólo que ahorita nos despegamos porque ellos agarraron un jalón con un tráiler y yo no pude, con los niños es más peligroso.

Miramos las noticias y miramos que ya había bastante gente, pensamos que podíamos hacerlo porque uno solo nos da miedo. Sólo que en el puente unos muchachos armaron mucho relajo, yo pienso que si hubieran tenido paciencia, México nos hubiera dejado pasar, sin ese enfrentamiento yo creo, yo pienso, que hubiera sido más mejor, porque nosotros no queríamos pasar por otro lado casi huyendo, yo pienso que si nosotros hubiéramos sido pacientes hubiéramos entrado tranquilamente.

Es más difícil estar aquí como mujer. Cuando no tenemos ni agua ni para darle al niño, comida es lo más difícil, y uno se puede aguantar, pero un niño no. Hubo una parte que nos venimos caminando donde ya no aguantábamos, no teníamos agua, no sé, sentí la desesperación, aparte yo tengo que cargar a mi niña, nos turnamos, un rato mi hermana, un rato yo.

Siempre nos exponemos a que la gente diga que cómo es que arriesgamos a nuestros hijos, pero no los puedes dejar confiándolos en otras personas. Y mi hija es lo que me ha dado más fuerzas para no regresarme, porque yo sé que todo lo que hago es para un futuro mejor. Yo he tenido ganas de regresarme, luego me pongo a pensar que cómo me voy a regresar si ya estoy muy lejos, sabiendo las cosas que he pasado, que he aguantado hambre, que he caminado bastante. Entonces, me pongo a reflexionar de cómo me voy a regresar si ya estoy aquí.
‘Mis hijos no dicen nada, ellos caminan’
Merlin Alfaro
Yo vengo de San Pedro Sula. Salí el 12, la caravana salió el sábado 13. Desde el 12 nosotros estábamos en la terminal. Hemos venido ahí caminado, y así. Aquí en la caravana ando con mis hijos, son estos niños chiquitos, tiene uno tres años y el otro seis años.

Desde el 12 de octubre nosotros andamos caminando. Es un sacrificio porque la mera verdad uno, bueno, yo, yo no puedo vivir en Honduras por un motivo que no puedo decirles. Mi esposo se quedó, pero yo no le podía dejar los niños porque a él lo han tratado de matar. Él se quedó con el hijo grande, pero según él me dijo, ya iba a huir para otro lugar.

Una amiga me dijo -bueno, me la pintaron bonito, ¿verdad?- que nos iban a poner buses y a la hora de llegar yo he visto que me ha tocado macaneado, difícil, duro, porque yo vengo batallando con mis dos niñas. Vengo yo sola. Pues sí se sufre, pero es por el bienestar de sus hijos porque yo quiero que vayan a estudiar.

La mera verdad, yo ya no me quería venir, porque ya me han deportado de México dos veces, una vez de Chiapas, la otra de Puebla. Hace siete años me fui a Madrid, me fui como turista, pero no encontré trabajo y me regresé. En Honduras, vendía mercadería, ropa americana, eso se vendía antes. Es macaneado llevar dos niños porque hemos tenido que enfrentar a la policía.

No podemos aprovechar el transporte porque a veces no nos dejan subir. Los hombres, pues, buscan primero la manera de subirse ellos y uno no. Nosotros no logramos el raid, sólo cuando venimos poquitos, pero cuando viene la multitud no podemos subirnos, nos toca caminar. Una vez, cuando caminamos por Escuintla, cuando veníamos por Pijijiapan, ahí caminamos exagerado, como cinco o seis horas. Mis hijos no me dicen nada, ellos caminan, pues. Yo no les digo nada. ¿Qué les voy a decir, si no pudo decirles nada? Estuvieron regalando carritos, gracias a dios un vecino nos dio uno. A veces ellos me preguntan a dónde van. Les digo que vamos al DF, pero ahorita no sé. A veces deseamos que alguien nos ayudara con los niños. Que nos diera raid, pero no, los hombres son los más aprovechados. El plan es avanzar hasta donde el grupo pueda llegar. Trabajar, luego mandar a traer a mis otros hijos, porque en Honduras dejé a dos hijos. Una tiene 15, el otro 10. A mí me gustaría que nos regalaran dinero, porque muchos no avanzamos en la comida, necesitamos comprarle algo de comida a los niños, me gustaría que nos ayudaran con un poquito de dinero para mis hijos.

‘Yo no estaría aquí’
Norma Regalado
Yo vengo de Chiquila, Honduras, a dos horas de San Pedro Sula. Salí el domingo, no sé la fecha, pero estamos aquí hace 15 días. El mismo día que comenzó la caravana, ese mismo día salimos. Vimos las noticias, que el domingo iban a salir otras personas, y nos venimos. Yo no lo tenía pensado, fue rápido y me vine con mis tres niños. Uno tiene 13, uno 9 y la niña tiene 3. No tengo marido. Hace un año y medio lo mataron y por eso decidí venirme yo. Yo no sé qué será lo que pase, pero yo no quiero que me regresen a mi país. Mi marido trabajaba en la agricultura y lo mataron a machetazos, y yo me metí a trabajar en la limpieza de las casas.

Había un campo y mi marido jugaba futbol y un hombre siempre le venía a reclamar. Le dijo: “te voy a matar”. Poníamos música y él nos venía a reclamar, era uno de esos hombres que matan. Ya hace cinco años mató a su propio primito. Él venía a reclamar y yo le decía: “pero a vos qué te importa, vienes a reclamar como si vos fueras el dueño de mi casa”. Mi marido me dijo: “no le digas nada, Norma, él sabe lo que va a hacer”.

La verdad es que el hombre que mató a mi marido era primo mío. En un Domingo de Ramos se lo encontró. Se estaban bañando en el río y comenzaron a discutir. Le dejó como 15 cortadas. Yo no tuve el valor de verlo, pero mi hijo grande sí. Mi esposo andaba con mi hijo y sí lo miró. Lo mandó con otro tío y le dijeron: “mira a ver qué le hicieron al primo”, y él lo vio. El niño lo alcanzó a ver. Yo sólo le vi la mano. Nada más le quedó sujeta como con un hilito, dicen que le dieron como 15 machetazos, pero la verdad yo no tuve el valor de ver. Cuando nos pasó ese trancazo yo me salí para siempre. Cuando nos pasó ese trancazo, yo me salí. Tenía miedo de que le pasara algo a mis hijos, porque el hombre nos amenazó. La gente nos ha apoyado en la comida, agua, pañales para los niños, todito, pero la única vez que hemos sufrido es que hemos caminado un poco, caminamos como ocho, pero poquito, caminábamos y caminábamos y descansábamos. Pero cuando uno sale de la casa uno piensa lo peor, pero sufrir, sufrir es mentira, no hemos sufrido sólo hemos caminado mucho. La gente nos da pañales para los niños, ropa, pero se necesita más agua para los niños, crema para protección del sol, porque el sol está muy fuerte. Yo sé que es difícil vernos aquí. Es que no saben las necesidades de las personas, porque mire, un mexicano muy enojado llegó y nos dijo: “ustedes qué hacen, ¿por qué no buscan en su pinche país”. Sé que no son todos, pero es que no conocen nuestra necesidad. Por ejemplo, si no hubiera pasado todo esto, yo no estaría aquí.

‘No sé a dónde vamos’
Maryuri Castillo
No recuerdo las fechas. No sé si fue un lunes o martes. La verdad es que ya perdí la memoria de cuánto tiempo llevamos fuera. Lo que pasa es que yo soy madre soltera y la economía en mi país es muy difícil, un sueldo de 700 lempiras (583 pesos mexicanos) pues no se ajusta ni para la quincena, todo es bien caro, bien difícil todo lo que está pasando en mi país.

El Presidente es una de las personas principales por las que uno anda sufriendo, porque él no quiere ni salir ni nada y él quiere seguir en el puesto y no mejorarnos. Es una persona que le sube más a la canasta básica, a la gasolina y uno, pues, trabaja. Yo estudié hasta sexto grado en la escuela y hasta para limpiador te piden bachillerato. Además, él no permite que le den trabajo a personas mayores de 30 años porque los trabajos que hay se los da a sus mismos seguidores, porque uno no uno va buscar y no le dan trabajo.

Yo soy estilista, tengo 25 años. Lincy de 5 , Sharonn de 6 y Montserrat de 7 años; soy madre soltera. Decidí salirme de mi país en la caravana porque si una quiere salir de su país y quiere venirse de allá para acá, tiene que pagar a alguien que lo traiga y es demasiado caro, y uno no cuenta con ese dinero. Entonces, yo aproveché este momento para tener el valor de venirme porque igual la crisis en Honduras está fea, porque si tus hijos están enfermos y tú no tienes dinero para curarlos, pues se mueren.

Lo peor de la carava es que mis hijos se enfermaron, les dio calentura, tos. Yo padezco de la presión, una de mis hijas tiene asma. Lo peor también es verlas caminar. Hemos caminado ocho horas porque no dan jalón (aventón) o lo dan, pero los hombres no nos dejan subir. Hasta que me consiguieron un cochecito y pues a ellas dos las pongo en coche y ella camina conmigo, ella es la mayor. Nosotros necesitamos tantas cosas. Ropa, porque andamos con un traje y ya, lavamos uno, nos ponemos el otro. Igual zapatos, porque ya andan todos rotos.

No sé a dónde vamos, si la caravana va a Estados Unidos o a México. Se pare donde se pare, pero que no nos manden de regreso a mi país. Mi plan es trabajar y sacar adelante a mis hijas y ponerlas a estudiar. La verdad no sé si voy a Estados Unidos o a México, a donde dios me dé la oportunidad.

‘Es un trabajo: sacar a nuestros hijos adelante’
Chyntia Carolina
Yo era operadora de maquila, cosía ropa, pero ya no hay trabajo de eso. Ganaba mil 500 lempiras (mil 249 pesos) a la semana, pero para poder vivir bien con mis hijos, necesitas 2 mil a la semana, porque se paga renta. Tengo a Kenett, de 3 años, Jennifer de 7, y Joseph de 5. Mi esposo viene conmigo, pero está por allá buscando qué comer. Él tampoco tiene trabajo. Desde hace como siete meses no tenía trabajo. Al vernos, teníamos tanta crisis porque ya no teníamos para el día de mañana. Estábamos comiendo hoy y ya pensado en qué vamos a comer mañana. Él trabajaba de ayudante de albañil, de chalán como les dicen aquí. Pero después de los 31 años ya no le dan trabajo en las empresas. Yo me fui a España, estuve allá como 26 días porque no encontré trabajo, me regresé, y aparte de eso me deprimo. No sé por qué, padezco periodos así. Sobrevivíamos vendiendo lo que teníamos, yo vendí tres planchas de cabello. Alguien me dijo: “hay una reunión en tal parte y en tal hora”. Me avisaron. Fue el 4 de octubre, al día siguiente salimos para allá. La reunión fue en la mañana. Nos regresamos a la casa y, al día siguiente, nos fuimos. Teníamos 15 días pagados de renta y la dejamos también. Dejamos la cocina, el ventilador. Lo peor es que venimos caminando. Cuando salimos éramos 5 mil, ahora miro como 10 mil. Usamos la balsa para cruzar.

Es difícil. A Kenett hay que traerlo cargando y por ratos, a ellos dos. Yo creo que voy a quedarme donde tenga comida, porque si no, tienes que estar pensando qué vas a comer mañana, y en Honduras tenías refri, pero no teníamos comida. Yo creo que en la caravana una mujer sufre más porque una es la que sufre cuando los niños piden y no se lo puedes dar.

Hemos hablado con mi esposo de eso, incuso ayer me deprimí, le dije que me quería volver, ya no aguantaba, que me dolían los huesos, que casi nunca me puedo dormir porque tengo que estar cuidando a mis hijos.

Él dijo que recordáramos cómo habíamos estado allá todos los días sin trabajo y que lo que los dos andamos buscando aquí es un trabajo para sacar a nuestros hijos adelante.

A veces me preguntan a dónde vamos. Yo les digo que vamos a Estados Unidos y como tengo un hermano que vive en Monterrey, les digo “Vamos a Estados Unidos, vamos a pasar, a ver al tío Luis”. Anoche, mi esposo me planteó toda la situación que hemos estado mal allá y sólo me puse llorar, y luego se me pasó y me dormí.