"El Chino” Neftalí, un pescador libre.

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Tabasqueño de 69 años, vive de la mar desde hace 55 y no depende de nadie.

 
MARCO ANTONIO BARRERA
PUERTO JUÁREZ, Q. ROO.- Neftalí es un pescador nato, un pescador libre. Lo apodan “El Chino” y vive de la mar desde hace 55 años. Migró de su natal Puerto Ceiba, Tabasco, en 1950.
 
Creció y comenzó a conocer las aguas en Coatzacoalcos, en Veracruz. Se inició en la pesca cuando cumplió 15 años. “Fui rebelde, no tenía estudios, no tenía otra opción”, comenta. Desde entonces anda, en sus palabras, “en la chinga recia”.
 
A Cancún llegó hace 13 años. Su primer empleo fue de vigilante, ahí duró casi dos. La empresa se fue y “El Chino” volvió a la pesca. Los días comienzan con un mismo ritual. Inicia su labor a las tres o cuatro de la madrugada; prepara carnada y anzuelos.
 
Con la ayuda de tres compañeros arrastran contenedores, contrapesos y suben 200 o 300 litros de combustible para la embarcación. Abastecen agua, hielo y alimentos para la jornada. Neftalí recorre 40 o 50 millas náuticas al día. A veces, se interna hasta 100; cuando eso ocurre, se queda a dormir en altamar y regresa al día siguiente.
 
“Te agarras a dormir y te fondeas en la mar, prendes tus luces para que te vean. Al día siguiente te levantas temprano y trabajas duro hasta que te agarra el mediodía, subes tu equipo y vienes de regreso”. La travesía le toma alrededor de cinco horas, llega al atardecer.
 
Sale de la playa del Niño. Va en busca de huachinango, caribeña, mero, pejerrey, coronado y pargo. En una buena jornada llega a capturar de 200 a 300 kilos; cuando tiene un mal día, su pesca es de unos 60 a 120 kilos.
 
Otras veces “ni los gastos saco, seis o siete mil pesos que inviertes”. Antes de ver ganancia alguna paga al dueño de la lancha un 30 por ciento y descuenta los gastos. Dependiendo de la pesca “me tocan mil, mil 500 o dos mil pesos”.
 
En un buen día llega a traer hasta 40 kilos de especies que se venden entre 90 y 100 pesos por kilogramo o consigue 200 kilos de lo que llama “revuelto”. Cuando hay mal tiempo y la Capitanía Puerto prohíbe la salida de embarcaciones, no hay ganancia, tiene que esperar.
 
Previo a su llegada al Caribe mexicano “El Chino” fue pescador en Salina Cruz y Puerto Escondido, Oaxaca. Trabajó también como vigilante en Puerto Morelos, su primer empleo en Quintana Roo. Recuerda que llegó solo a Cancún y comenzó a trabajar. Cuando decidió irse al mar durmió en un puesto de comida, pasó vicisitudes. Se siente orgulloso.
 
“Me he valido por mí mismo, nunca he pedido nada a mis hijos, yo me lo gano. Mi cartera debe traer dinero. A eso me dedico, a trabajar. Lo que gano, me lo como o me lo tomo”, insiste. No conoció a su padre, quien murió a causa de la bebida mientras él estaba todavía en el vientre de su madre, una afanadora del Hospital Valentín Gómez Farías, en Coatzacoalcos.
 
Tuvo cinco hermanos, es el menor de los tres que se conservan con vida. El mayor tiene 80 años de edad y su hermana, 75 años. Es padre de tres hijos y bisabuelo de seis bisnietos. Neftalí reflexiona que “cuando naces y tienes de todo, no te preocupas por nada. Pero si a tu familia le va mal en la vida, entonces tienes que buscar la forma de sobrevivir”.
 
Esta última frase resume lo que ha sido su historia. A veces, la vida en tierra ha sido más peligrosa que la vida en el mar. “Tenía como 30 años y por no tomar un trago de aguardiente intentaron matarme de seis puñaladas. Fue allá en mi pueblo, gracias a Dios no morí”.
 
“El Chino” alguna vez tuvo un socio y fue dueño de dos lanchas en Veracruz, las que vendió en 120 mil pesos. El dinero lo gastó en menos de un mes, en bebidas y mujeres. “Uno se lleva los sabores de las mieles en esta vida”. ¿Y después?, se le cuestiona. “A seguir trabajando”, carcajea.
 
Tiene una lata de cerveza en mano, la termina y abre otra, es su “vicio”. Reconoce que la pesca es peligrosa. Una vez que se accidentó, la “marejada” sacó su lancha pesquera a la playa de la zona hotelera de Cancún. “Hasta salió en el periódico”, recuerda.
 
Sus anécdotas son muchas, algunas memorables, como una que relata y que tiene ecos lejanos de “El viejo y el mar”, la famosa novela corta de Hemingway. Ocurrió en Puerto Escondido, en la costa oaxaqueña del Pacífico, donde hizo pesca de tiburón. La embarcación en que viajaba capturó un ejemplar que pesaba casi una tonelada.
 
“Lo amarramos y lo fuimos remolcando porque no pudimos subirlo entre los tres. El comprador nos dijo que no daba la báscula para pesarlo y calculó para pagarlo”, señala. Hace memoria nuevamente, regresa varias décadas. Dice que entonces había mucho pescado y se pagaba muy barato, a un peso el kilo. La vida, recuerda, también lo era: el kilo de tortilla costaba 1.20 pesos y el kilo de carne de res se vendía en siete pesos.
 
En Puerto Juárez, su hogar actual, lleva parado cuatro días sin salir a la mar. Hay mal clima y le prohíben la navegación. “El Chino” espera; al igual que otros 300 pescadores “libres”. Dice que en estos casos, ninguno recibe apoyo del gobierno y aprovecha para pedirlo.
 
Recuerda que no están afiliados a cooperativas ni son beneficiarios de programas de gobierno. “El Chino” aprendió a respetar la mar y sus corrientes. Reconoce que ser pescador es duro por el esfuerzo físico que requiere y que si no se tiene vocación, es mejor dedicarse a otra cosa. “Aquí vienes por romperte la madre”. Así es “El Chino” Neftalí, un migrante en su propio país