‘Vine a superarme y lo estoy logrando’

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Néstor fue agricultor, inmigrante, pescador, albañil y ahora guardia de seguridad…

 
 

POR: MARCO ANTONIO BARRERA

PUERTO JUÁREZ, Q. ROO.- Néstor es como muchos, cientos, que mochila al hombro dejaron su tierra, su origen y su familia. Es un migrante que buscó un futuro mejor. No se arrepiente.
 
Hace décadas partió de su natal Tabasco, porque no había condiciones ni oportunidades para llevar un sustento a casa.
 
Dejó a su familia y se fue a Veracruz para integrarse a la tripulación de barco. Después, viajó como indocumentado a Estados Unidos, donde se desempeñó en labores de intendencia.
 
Hace seis años llegó a Cancún, solo, sin familia. Se inició como pescador. “Vine a superarme y lo estoy logrando”, afirma con orgullo.
 
Tiene 60 años de edad y una mano rota. Recuerda el accidente, cuando cayó mientras trabajaba en una obra de construcción. Fue el precio que pagó en su búsqueda de progreso. Pese a todo, tiene una buena actitud ante la adversidad, “así he sido siempre”, nos comparte.
 
Néstor recuerda que hasta sus 58 años de edad cargaba al hombro botes de cemento y acomodaba estructuras en techos y marquesinas de las obras, además que detallaba exteriores colgado en hamacas a 10 o 20 pisos de altura.
 
Nunca temió a las alturas, pero sabía del riesgo. Recuerda que el percance ocurrió cuando resbaló de una escalera. Cayó y se partió la mano. Recibió atención médica y recuperó la salud. “Gracias a Dios aquí estamos para contarlo”.
 
No obstante, el retiro fue inevitable. Ya no pudo continuar, pues el oficio de albañil le exigía un gran esfuerzo físico del que ya no era capaz.
 
Para Néstor, el accidente representó sus últimos días como albañil y detallista fondeador de piedra. Recuerda que trabajó en torres de departamentos en Punta Sam y en hoteles, como el Esmeralda.
 
Cancún tiene registrados 118 mil trabajadores de la construcción, de acuerdo al Sindicato de Trabajadores, Obreros y Empleados de la Industria del ramo, hasta mayo pasado. La cifra dimensiona la cantidad de quienes laboran en ese sector.
 
A partir de entonces, Néstor tuvo un reto nuevo, encontrar trabajo en otra parte. “Nos piden muchos requisitos”, señala; pero lo ha conseguido, advierte.
 
Logró ser contratado en una empresa de seguridad privada. Actualmente es guardia en Puerta del Mar. Antes lo fue en plazas comerciales, hoteles y en la Universidad de Oriente. Ha trabajado en tres empresas de seguridad distintas, siempre buscando progresar.
 
Recuerda que en su niñez, allá en su natal Huimanguillo, trabajó desde los 12 años de edad. Fue el menor de 15 hijos.
 
Como agricultor sembró maíz, frijol, caña, cacao y plátano. Trabajó en ranchos ganaderos, hizo faenas en montañas y derribó árboles. Crió pollos, gallinas y cerdos. Aquí ya no lo hace. “En Cancún no hay nada de eso”, comenta.
 
Recuerda que creció sin padre y no tuvo carrera, apenas terminó el tercero de primaria. Cuando comenzó a trabajar ganaba cinco pesos, que entregaba a su madre, que lo crio sola, para ayudar en los gastos de la casa. Su padre, recuerda, los abandonó.
 
De su madre tiene buenos recuerdos; ella murió en el año 2000. De la figura paterna sabe poco, tan sólo que falleció cuatro años después que su madre.
 
Néstor tiene siete hijos y, al igual que su madre hizo con él, le tocó criarlos solo. No lo esperaba. Era trabajador de un barco carguero en Veracruz que recorría el golfo de México, el cual entregaba aceite y grasa.
 
Recuerda que cada 28 días se hacía a la mar y, a cambio, tenía ocho de descanso. Una ocasión que retornó a casa, su esposa se había ido, ya no la encontró. Sus hijos estaban solos.
 
Tomó una decisión y dejó su empleo en altamar para cuidar a su familia. A partir de entonces buscó mejores oportunidades y una vida mejor para todos.
 
En su camino, fue inmigrante en Phoenix, Arizona, donde estuvo por más de un año. “No me adapté a la comida y regresé a Tabasco”, resume su experiencia.
 
No obstante, logró ahorrar sus ganancias para construir una “casa grande”, que aún conserva en Huimanguillo.
 
Dice que tuvo 15 hermanos y que fue el menor de todos. El mayor le lleva 20 años y aún vive. Otros ya fallecieron por cuestiones de edad. Pero su descendencia sigue, la vida le dio 17 nietos.
 
Néstor dice que pese a tantas vicisitudes le ha ido bien en la vida, “no me quejo”. Es un hombre reflexivo, que tiene actitud positiva y que no reniega de nada. Tiene fe en Dios, a quien le agradece permitirle “vivir para contarlo”. “El pasado es pasado”, recalca.
 
En su tiempo libre es evangelizador en una iglesia cristiana. Ahí promueve familias unidas para que existan hijos con figuras paternas y matrimonios duraderos. “Ese es el ejemplo que quiero dejar”, comenta.
 
A sus seis décadas de edad cree en la familia. Ahora, vive con su hijo, a quien ayuda en atender una pescadería en Puerto Juárez.
 
Insiste en su interés de progresar. Su edad no lo limita y trabaja para encontrar mejores condiciones de vida.
 
Néstor asegura que el balance de su vida es positivo. “No ha sido fácil, pero ha valido la pena”, recalca. “Mis hijos crecieron, tienen oficio y son personas de bien,“pese a mi pobreza”, concluye.