Belleza petrificada en Oaxaca

66

Más de una hora de trayecto desde la ciudad de Oaxaca y días de conversaciones han hecho su efecto.

José Arrieta/Agencia Reforma

OAXACA, Oaxaca 10-Nov-2018 .- Ya estamos ansiosos por llegar a ese paraíso, replicado miles de veces en Instagram, contado de cientos de formas por escritores más o menos entusiastas. Hay que conservar, en un rincón de la maleta, un poco de desesperanza: matar al sueño para que no muera, como aconsejaría el poeta catalán Carles Riba.
 
Hierve el Agua no es grande. Visto desde la cima de la peña que hace las veces de estacionamiento, parece poco impactante: dos pozas de agua turquesa que no se perciben debido a la neblina.
 
El día no ha despuntado aún. Incluso los puestos que ofrecen quesadillas, cervezas y antojitos, están cerrados. Aquí el encanto radica en la paciencia.
 
Al final del sendero que lleva hacia las pozas, un enorme árbol emerge como si se tratara de la cinta “Sacrificio”, del cineasta soviético Andrey Tarkovski: el aire se torna más cristalino y el paisaje cambia de forma radical, convirtiéndose todo en una metáfora onírica.
“El agua está fría, lo de que hierve nomás lo lleva en el nombre”, apunta Crescencio, uno de los jóvenes guardias comunitarios de San Lorenzo Roaguía, quienes cuidan con celo la preservación del lugar.
 
Basta dar unos cuantos pasos hasta el origen del agua para ver que sus borbotones, los mismos desde hace miles de años, hacen pensar justo en una caldera hirviente. De la misma forma, las filtraciones del vital líquido, rico en sales minerales, hacen que en el suelo aparezcan vetas de un rojo intenso, como si de venas expuestas se tratara.
 
Un árbol sólo y seco da un aspecto desolado, pero atractivo, a la primera poza. Hay quien se anima a echarse un chapuzón, pero optamos por la mirada, por inmortalizar el momento, por no ceder al lugar común de la “selfie”.
 
El horizonte se extiende en verdes profundos mientras, al fondo, otro par de cascadas gemelas ofrecen una vista blanca, como si de repente el cauce del agua se hubiera solidificado, rozando la eternidad.
 
La explicación científica es simple: la alta cantidad de calcio en el agua, que fluye desde hace milenios, esculpió lentamente las cascadas que refulgen de puro blanco en el inmenso azul y verde oaxaqueño.
 
Pero preferimos la metáfora. Justo como en una cinta de Tarkovski, el inicio en apariencia lento sólo ayuda a que el impacto visual llegue más profundo al alma, despertando los sueños y trayéndolos a la vigilia.
 
Ante el apabullante paisaje, no queda más que dejar de creer sólo lo que se ve en redes sociales y apreciar la magia con los propios ojos.
 
Toma en cuenta
Hierve el Agua se encuentra a 67.7 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, y no existe transporte público directo. La mejor opción es contratar un tour que, además, puede incluir recorridos por otras zonas interesantes de la región, como Mitla o Tlacolula.
 
El acceso a la zona de San Lorenzo Roaguía tiene un costo de 10 pesos por persona, mientras que la entrada a las cascadas cuesta 25 pesos adicionales.
 
Sigue las instrucciones del personal encargado de la seguridad: está prohibido el consumo de alcohol y tabaco en las cascadas, así como el uso de drones. Hierve el Agua se encuentra en un desnivel de aproximadamente 20 metros sobre un barranco, por lo que se sugiere no acercarse al borde de las cascadas.