Recrean génesis de organizaciones criminales

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“Es importante hablar de este tema y esta historia, pues retratamos la década en la que se erigió el andamiaje de lo que nos tiene viviendo en este infierno”, dijo Diego Luna.

 

RODOLFO G. ZUBIETA/AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Recrear la génesis de las organizaciones criminales modernas del País, en específico la del Cártel de Guadalajara, a comienzos de la década de los 80, es la propuesta de Narcos: México, serie de Netflix que ha reclutado a un puñado de los actores más prolíficos del País para dar vida a los zares de las drogas.
 
La historia, cuyos 10 capítulos llegaron a la plataforma ayer a nivel mundial, se enfoca en el ascenso y plenitud de Miguel Ángel Félix Gallardo (Diego Luna) como líder del emporio, sus relaciones con el Gobierno mexicano y su vanguardista visión en el negocio de la droga.
 
“Un ser que le hace mucho daño al mundo que lo rodea no necesariamente deja de sentir amor, pasión; tiene cierta ambición, ideales y una moral, cualquiera que sea. Para mí, eso es importante y Félix es ese ejemplo.
 
“Me gusta humanizar a los personajes, que no quiere decir justificarlos y tampoco enjuiciarlos. Yo tengo que entender de dónde vienen sus acciones, no puedo hacer sólo a alguien que es malo, malo”, dice Luna, en entrevista.
 
Lo acompañan en este proyecto, que es un reinicio de la exitosa serie Narcos (misma que arrancó con la dramatización del origen de los cárteles en Colombia), figuras como Joaquín Cosío (quien interpreta a Ernesto Fonseca, “Don Neto”), José María Yazpik (Amado Carrillo), Michael Peña (Enrique Camarena), Alfonso Dosal (Benjamín Arellano Félix, Alejandro Edda (Joaquín “El Chapo” Guzmán) y Tenoch Huerta (Rafael Caro Quintero), entre otras.
 
“Cuando quise mover el show a México me di cuenta de que no podíamos contar la historia de los cárteles sin hablar de Félix Gallardo y Caro Quintero”, explica Eric Newman, productor ejecutivo del show.
 
“Ellos crearon el negocio de la droga moderna, en colusión con el Gobierno mexicano. También me percaté de la incompetencia del Gobierno de Estados Unidos para hacerle frente a la guerra contra el narco”.
 
La contraparte de Félix Gallardo es Camarena, un agente encubierto de origen mexicano y que trabajaba para la Administración para el Control de Drogas (DEA). Murió torturado a manos del narco.
 
“Él se veía muy decidido en capturar a estas personas. Vio un imperio crecer frente a sus ojos, vio las señales y se obsesionó con lo que pasaba, más porque nadie le creía ni quería apoyarlo”, relata Peña.
 
“Kiki (Camarena) era alguien que realmente se sentía incómodo con las injusticias en el mundo. Quería hacer el bien. Cuando los demás lo entendieron ya era demasiado tarde y por eso su terrible muerte cobró más significado”.
 
Para Yazpik, la nueva propuesta tiene un estilo innovador.
 
“La diferencia de Narcos con las otras narconovelas y narcoseries es abismal. Aquí sí hay una crítica y se involucra al Gobierno de forma frontal. Eso la hace más relevante y necesaria”, señala.
 
“Por ejemplo, (la película) El Infierno tiene un tono de humor negro y dibuja unas caricaturas tenebrosas, mientras que el tono de esta serie es muy realista, con todo y que pueda tener momentos ligeros”, añade Cosío.