Apuntes rápidos sobre patrimonio cultural

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El uso social del patrimonio dota precisamente de identidad al espacio.

Abraham Guerrero

Esta semana participé en un encuentro organizado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Yucatán sobre los vínculos entre la academia y los tomadores de decisiones políticas para la preservación del patrimonio cultural arquitectónico.

En el diagnóstico general, los participantes coincidimos en que la falta de coordinación entre quienes hacen uso del patrimonio es un problema que repercute en la preservación del patrimonio. A los académicos les resulta claro el problema y las soluciones en el largo plazo. A los políticos no siempre les resulta claro el problema y siempre tienden a privilegiar las soluciones inmediatas, baratas y las que menos fricción política y social generen. La desarticulación de puntos de vista termina por generar artículos que no repercuten socialmente y políticas públicas que terminan siendo meras pantomimas de embellecimiento y no solucionan problemas reales.

El académico genera un corpus de información importante que se convierte en un aparato crítico que podría ser relevante pero que generalmente no trasciende el aula. El político que no entiende la importancia del patrimonio es como cualquier ciudadano. Si hay bienes a los que no les encuentra valor social, económico o cultural simplemente los ignorará. Preferirá invertir en proyectos llamativos o redituables los escasos recursos que dejaron la deuda pública, la corrupción y la lógica de austeridad.

Pareciera que el primer paso sería generar una suerte de pedagogía mediática que explique al público en general la importancia del patrimonio cultural. Y quizá primero habría que identificar el por qué esos bienes pueden ayudar a mejorar la vida cotidiana reforzando la identidad. Cuando una sociedad es acosada, es relativamente fácil identificar elementos de cohesión social como la lengua, una historia común así como ciertos hábitos y prácticas. Pero cuando un colectivo no identifica amenazas puede ser difícil que logre articular elementos de identidad.

Ciudades nuevas como Cancún destruyen su pasado porque en el imaginario sólo los bienes arqueológicos o históricos anteriores al siglo XX tienen valor histórico. La historia inmediata se destruye aunque afortunadamente se conservan fotografías, planos y a veces la memoria viva de quienes usaron esos espacios. Tal es el caso de Tiziana Roma quien en Cancún promueve la preservación de la memoria y la historia de la ciudad. Una ciudad cuyos habitantes aún les cuesta identificarse plenamente con su espacio y sus diferentes comunidades tiene el problema de negar su identidad.

El uso social del patrimonio dota precisamente de identidad al espacio. No podemos verlo de manera aislada, como un recurso que puede atraer visitantes en centros históricos restaurados como vitrinas de museo pero en los que la dinámica social está subordinada al turismo y a la especulación inmobiliaria. Los diferentes actores involucrados deberíamos explorar mecanismos para potenciarlo como un auténtico factor de desarrollo.