Encuentra Iturbide a otra Graciela

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‘Es como llegar a ver otra Graciela’, aseguró la fotógrafa.

 

POR: LOURDES ZAMBRANO/AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Graciela Iturbide ha utilizado la cámara fotográfica como su boca, con ella habla; pero la imagen también es la prolongación de su alma: por ella siente.
 
A la Premio Hasselblad, quien fuera asistente de Manuel Álvarez Bravo, y quien ha tomado imágenes icónicas de mujeres indígenas de México, le tomó 40 años poder ver y explicar qué tanto vierte ahí su ser.
 
“La cámara es el pretexto para conocer el mundo. Tomo fotografías cuando me sorprendo. También la fotografía es como la prolongación del alma de uno.
 
“Una vez tuve una obsesión muy fuerte por perder a una hijita y me dio por fotografiar angelitos, que me encantan. Me di cuenta que yo ya estaba obsesionada con eso”, contó Iturbide, maestra del blanco y negro.
 
A finales de los 70, encontró a un hombre cargando un féretro pequeño. La familia caminaba rumbo al panteón, en Dolores Hidalgo, un angelito al que quiso retratar. En un momento, el padre la vio con un gesto de espanto.
 
“En medio del camino veo a la muerte. Era un señor mitad calavera, mitad vestido. Seguí caminando hasta que él enterró a su hijito o hijita. Había miles de pájaros en el cielo, que yo les llamo pájaros de la muerte.
 
“Ahí sentí que la muerte me dijo: ‘ya basta Graciela, ya basta’, y a partir de ahí no volví a fotografiar angelitos”.
 
Tal instante de intimidad fue compartido por la fotógrafa la mañana de este jueves, en la rueda de prensa de la exposición Graciela Iturbide: Cuando habla la luz, que abre en el Palacio de Iturbide de Fomento Cultural Banamex.
 
Juan Coronel Rivera fue el curador de la exposición que ha sorprendido a la misma fotógrafa.
 
“Realmente estoy asombrada con mi misma obra. Yo misma me sorprendí, a pesar de que de mis fotos, como comprenderán, estoy hasta el gorro, pero aquí, me emocioné. No sé cómo pudo sacar mi espíritu con este guion. Es como llegar a ver otra Graciela”, expresó.
 
Coronel Rivera decidió dividir la muestra en arquetipos, no en temas. Usando sus recursos literarios -pues también es poeta-, le dio títulos como “Mirándome Alumbre”, que marca el inicio, con autorretratos de Iturbide.
 
Se exhiben 30 obras inéditas, entre ellas, tres piezas de este núcleo, foto-esculturas que eran tradicionales para conservar imágenes de los difuntos de la familia. Están intervenidas por el artista oaxaqueño Francisco Toledo.
 
En “Separaciones, me formo”, el curador utilizó el concepto de la deconstrucción del filósofo Jacques Derrida, mostrando primero un cuerpo entero, y luego los fragmentos. Ahí están dos imágenes, un corsé y una prótesis, que Iturbide tomó en el baño de la Casa Azul.
 
“Descontextualicé las piezas, en parte, porque me pregunté si la gente ve las imágenes sin saber qué es Frida (Kahlo), ¿reaccionarán igual?”.
 
Coronel Rivera incluyó la primera fotografía que la artista reconoce como trabajo profesional, de 1972, tomada en Zihuatanejo, y con la que Álvarez Bravo, al verla, la invitó para que fuera su asistente.
 
También está “El reflejo en divertimento” o “De este mundo”. En total son 20 módulos, con 260 fotografías en total, la exposición más grande de Iturbide hasta el momento.
 
“Lo que tratamos de hacer fue que no fuera una exposición hecha por temas, sino por arquetipos para que se entendiera el trabajo interno del fotógrafo, que se entendiera el interior psicológico, analítico, incluso hasta metafísico de la artista”, puntualizó el curador.
 
Coronel Rivera explicó que entrampó a Iturbide para que, sin darse cuenta, ella fuera quien escogiera, dándole prioridad a la voz de la artista y no a la visión del curador.
 
“Me interesó que se entendiera esta parte donde Graciela es completamente contemporánea. Van a ver esta otra cara, un trabajo que viene realizando desde los años 70”, apuntó.
 
La exposición estará hasta el 21 de abril, en el recinto ubicado en Madero 17, Centro Histórico.