Descansará Paz en San Ildefonso

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Octavio Paz estudió en la Escuela Nacional Preparatoria que desde 1910 hasta los años ochenta estuvo en San Ildefonso y le dedicó su poema “Nocturno a San Ildefonso” (1976).

 
 

STAFF/LUCES DEL SIGLO

CIUDAD DE MÉXICO.- Después de que la última esposa de Octavio Paz, Marie José Tramini, muriera en agosto de este año, las cenizas del Premio Nobel de Literatura en 1990, estaban a la deriva, pues aunque el reconocido escritor dejó en su testamento que Tramini quedaba como heredera y albacea de los bienes del autor de “Laberinto de la soledad”, ésta murió intestada y no tenía descendencia.
 
El letrado tuvo una hija con su primera esposa, Elena Garro, también de nombre Elena, pero falleció en el 2014 sin dejar herederos. Octavio Paz murió el 19 de abril de 1998 y este año se cumplieron 20 años de su fallecimiento.
 
Ayer la Secretaría de Cultura del Gobierno de la República, la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de México y la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM, acordaron que las cenizas de Octavio Paz sean depositadas en el Antiguo Colegio de San Ildefonso.
 
La decisión se tomó después de varias sesiones de conversaciones, debido a que Octavio Paz tenía una cercanía afectiva y literaria con este museo, el cual también fue una importante institución educativa de la Nueva España.
 
Personalidades cercanas al Premio Nobel, así como las próximas autoridades culturales de los gobiernos federal y local, coinciden en que San Ildefonso es el lugar más adecuado porque se trata de un recinto histórico abierto al público; de este modo, la población afecta al escritor tendrá la oportunidad de rendir homenajes a Paz.
 
Asimismo, las cenizas de la artista plástica Tramini serán depositadas junto a las de su esposo.
 
El Antiguo Colegio de San Ildefonso fue sede la Escuela Nacional Preparatoria entre 1910 y 1980, en la cual estudió Octavio Paz y a la que dedicó uno de sus poemas mayores “Nocturno a San Ildefonso” (1976), una exaltación de la nostalgia por los años estudiantiles, una crítica a las ilusiones perdidas y los sueños justicieros de la juventud, pero, sobre todo, un canto de amor a la Ciudad de México y a su centro histórico como a la historia de nuestro país y su tránsito en el siglo XX.