Reabre Ex Teresa tras restauración

95

Su fachada barroca de portones gemelos, con sus sendas columnas salomónicas, ha recibido por fin una restauración que tenía pendiente.

 
 

POR: FRANCISCO MORALES V./AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Caminando por la calle de Moneda, en el corazón Centro Histórico, entre el bullicio y la vendimia, suele pasar desapercibida la pequeña calle de Licenciado Verdad, donde aún se erige el Templo de Santa Teresa la Antigua, hoy remozado.
 
Su fachada barroca de portones gemelos, con sus sendas columnas salomónicas, ha recibido por fin una restauración que tenía pendiente. Con la cantera restituida, las esculturas de los frontispicios limpias y un portón de madera que dejó de estar despostillado, da la nueva bienvenida.
 
“Esta fachada ya presentaba muchos problemas debido a la intemperie, a las condiciones del ambiente, a las palomas y lo que dejan”, reconoce durante un recorrido Tito Rivas, actual director del recinto museístico que desde hace 25 años reside ahí: el Ex Teresa Arte Actual.
 
Como parte del proyecto federal “Circuito Cultural Centro Histórico”, que busca crear un corredor con los  atractivos de las calles Moneda, Licenciado Verdad, Seminario y Guatemala, el antiguo templo recibió un monto de 16 millones 990 mil pesos para su restauración.
 
Su conocida fachada inclinada -que maravilla tanto a los turistas como a los ingenieros estructurales- es tan sólo una de las áreas que fueron objeto del proyecto supervisado por el INAH y el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Mueble (Cencropam) del INBA.
 
“Es toda una historia de restauraciones y reconstrucciones”, define Rivas, quien ya domina la historia de siglos del inmueble a partir de los estudios realizados para los trabajos.
 
El templo fue fundado en 1616 por indicaciones del Arzobispo Juan Pérez de la Serna, quien, se cuenta, pagaba con ello a Santa Teresa de Ávila haberlo salvado de un naufragio en su camino a América.
 
Originalmente, el edificio estaba comunicado con el que está a su lado, hoy el Palacio de la Autonomía, para la clausura y recogimiento de las monjas de la orden de las Carmelitas Descalzas.
 
A partir de ahí, no obstante, su historia es de descalabros: posiblemente construido sobre un edificio importante de Tenochtitlán, tuvo que ser salvado de caerse en 1674.
 
En 1791, para dar abasto a los fieles que se congregaban en su interior para visitar al milagroso Cristo de de Santa Teresa, se comenzó con una ampliación. Sin embargo, la Capilla del Cristo de Santa Teresa, resultado de esa intervención, se vendría abajo en el sismo de 1845.
 
Esta constante necesidad de cambio ha hecho que dentro del recinto convivan distintos estilos de arte y arquitectura, como el barroco y el neoclásico, además, claro, de la vocación actual del recinto hacia el arte contemporáneo.
 
“Estos trabajos consideramos que son importantes porque van a garantizar la preservación de este patrimonio que cubre 400 años de historia, que está muy vinculado a la propia historia de la Ciudad y del arte en México”, celebra Rivas.
 
En el atrio se repararon todas las bóvedas, que padecían filtraciones y humedad; se salvaron las estrellas y ornamentos de cada una y se instaló un nuevo sistema de iluminación museográfica poco invasiva y avalada por el INAH.
 
La Capilla del Cristo de Santa Teresa, que originalmente fue diseñada por Antonio González con decoración de Manuel Tolsá y pinturas de Rafael Ximeno y Planes, requirió un trabajo más minucioso.
 
Se limpió toda la suciedad acumulada desde su última limpieza, en los 70, y se restituyeron faltantes en pinturas, ornamentos de oro, vitrales y columnas.
 
En su encarnación actual, la capilla conserva el diseño arquitectónico de la restauración de Lorenzo de la Hidalga y las pinturas de Juan Cordero, pues apenas quedó una única pintura de Rafael Ximeno y Planes tras el temblor de 1845, coloquialmente llamado “El sismo de Santa Teresa”.
 
Aunque con algunos faltantes insalvables, la escena principal de Dios padre rodeado de las Siete Virtudes aún puede observarse con nitidez en la cúpula de doble tambor de la capilla.
 
Hoy el recinto volverá a abrirse al público con la exposición Modos de oír. Prácticas de arte y sonido en México, una revisión de los últimos 30 años de esta práctica artística en el País.
 
Una gigantesca estructura de madera de dos pisos, construida por Mauricio Rocha, sirve como soporte para el recorrido de la muestra y contrasta, a su vez, con el esplendor restaurado del atrio barroco.
 
“Tuvimos la suerte de poder realizar esto en un momento; es una forma de comenzar los festejos del 25 aniversario, que lo vamos a iniciar justo con la reapertura del lugar y, durante el año siguiente, estaremos haciendo las actividades”, anuncia Rivas.
 
Para quien no pase desapercibida la pequeña calle de Licenciado Verdad, hay una justa recompensa.