Busca solución tras protestas

Convoca Macron reunión de urgencia.

Staff Reforma

PARÍS.- Emmanuel Macron busca sin éxito una salida a la peor crisis de su presidencia. El desenfreno violento en las manifestaciones del sábado de los chalecos amarillos, distintivo que portan los manifestantes, el movimiento sin líderes ni programa que nació hace dos semanas contra el impuesto a gasolina y diesel y ahora pide la dimisión del Mandatario, descoloca al Gobierno francés.

El Primer Ministro, Édouard Philippe, recibió ayer el encargo de reunirse con los representantes de los partidos y de la protesta, informó El País. Tras una reunión de urgencia, no hubo anuncios significativos y los críticos mantuvieron su exigencia de celebrar elecciones legislativas. El qué hacer es ahora la pregunta en el palacio del Elíseo, a poca distancia de los escenarios de los disturbios más graves en años.

Macron no vio venir un estallido que principalmente se dirige en su contra y que lleva años gestándose entre las clases trabajadoras que progresivamente han visto laminado su poder adquisitivo. Tampoco ha sabido dar con la fórmula que desactive la contestación.

En lo inmediato, debe gestionar un problema de orden público y la prioridad es impedir nuevos disturbios en las próximas convocatorias, aunque en las redes sociales ya circula una para el próximo sábado. El Mandatario convocó, tras su llegada de la Cumbre del G20, un gabinete de crisis al que asistieron Philippe, el Ministro del Interior, Christophe Castaner, y el Ministro de la Transición Ecológica, François de Rugy.

Castaner no excluyó la reintroducción del llamado estado de urgencia, o estado de excepción, que fue instaurado tras los atentados de 2015 y suprimido en 2017. Por su parte, la presencia de Rugy puso de relieve el origen de las revueltas, basado en la condena al aumento de las tasas a los combustibles contaminantes para disuadir de su uso.

Sin embargo, la lista de reivindicaciones va más allá e incluye desde medidas factibles –como la moratoria sobre la subida de la tasa al gasóleo– hasta la abolición de la V República.

El Gobierno francés ofreció ayudas para sufragar la factura energética y prometió que tendrá en cuenta las oscilaciones del precio del barril de petróleo a la hora de subir las tasas. Asimismo, convocó tres meses de reuniones para discutir estos asuntos, pero la mano tendida sirvió de poco.

El Presidente, que ha hecho un principio de Gobierno el no dar marcha atrás en su programa electoral, no cede en lo esencial: la subida programada de la tasa al diésel para el 1 de enero. Al abrir la puerta al diálogo, envía un mensaje de apertura, aunque la cuestión es con quién. No hay representantes del movimiento para hablar en nombre de todos. Ni una reivindicación clara.