EL AÑO DE ANDRÉS MANUEL

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Mandó de principio a fin en las encuestas, en la campaña fue el candidato más atacado por obvias razones.

SERGIO GUZMÁN

El 2018 sin duda quedará marcado por la victoria de Andrés Manuel López Obrador en una contienda electoral por la Presidencia donde hubo de todo y que concluyó con un presidente ganador que llegó al poder con el respaldo histórico de 30.11 millones de ciudadanos.

Desde que comenzó el año con las precampañas, López Obrador se colocó inmediatamente en el centro de la discusión a nivel nacional. Mandó de principio a fin en las encuestas, en la campaña fue el candidato más atacado por obvias razones, pero ni el panista Ricardo Anaya ni el priista José Antonio Meade, y mucho menos el independiente Jaime Rodríguez El Bronco, pudieron mermarlo. Finalmente la noche del 1 de julio el incansable político tabasqueño celebró el triunfo, con el reconocimiento inmediato del entonces presidente Enrique Peña Nieto y de sus rivales en la elección.

SE DIERON HASTA CON LA CUBETA

De principio a fin la campaña de Ricardo Anaya, candidato de la colación “Por México al Frente”, integrada por el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano, estuvo marcada por los señalamientos que lo involucraban en un supuesto caso de lavado de dinero en complicidad con el empresario queretano Manuel Barreiro, trama que incluso lo enfrentó con el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, a quien acusó de orquestar una “guerra sucia” ya que también intervino la Procuraduría General de la República (PGR).

La gota que derramó el vaso fue la difusión de un video en el que un hombre identificado como hermano de Barreiro habla del supuesto modus operandi seguido por Anaya para obtener recursos de manera ilegal. El panista estalló por el hecho, responsabilizó a Peña Nieto de su seguridad y la de su familia e, incluso, amenazó con encarcelarlo si llegaba a la Presidencia.

Por su parte, el propio Anaya se le fue con todo a López Obrador, lo acusó de haber favorecido a determinados contratistas cuando fue jefe de gobierno de la Ciudad de México, y en concreto el caso del empresario José María Riobóo.

En uno de los debates presidenciales, Anaya y López Obrador se enfrascaron en un duelo de acusaciones que terminó con uno de los momentos que marcaron la campaña. El candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia”, conformada por Morena, Partido del Trabajo y Partido Encuentro Social, le dijo “Ricky, Riquín Canallín” y lo calificó como un “corrupto, ‘engañatontos’”.

Por su parte, José Antonio Meade, candidato de la coalición “Todos por México”, integrada por el Partido Revolucionario Institucional, Partido Verde Ecologista de México y el Partido Nueva Alianza, llamó a Anaya un “vulgar ladrón”, que “desde el poder se robó dinero”.

Ante ello, el panista reviró con que Meade tiene “carita de mosquita muerta”, pero “es un cínico corrupto igual que todos los del PRI”.

LOS INDEPENDIENTES

Por primera vez en la historia democrática de México, la ley electoral aceptó candidaturas independientes, es decir, aquellas personas que no estuvieran afiliadas a algún partido político.

Fue así que Margarita Zavala renunció al PAN para registrarse como candidata independiente. Jaime Rodríguez El Bronco pidió licencia como gobernador de Nuevo León, y aunque tiene pasado priista llegó a esa posición sin partido.

Otros que intentaron llegar a la contienda presidencial por la vía independiente fueron María de Jesús Martínez Patricio, representante del Congreso Nacional Indígena y mejor conocida como “Marichuy”, el periodista Pedro Ferriz de Con, y el político Armando Ríos Piter, pero ninguno de los dos alcanzó 856 mil firmas de apoyo ciudadano a nivel nacional.

De hecho, Ríos Piter fue “descalificado” por haber registrado firmas apócrifas y él se negó al derecho que tenía para revisar el caso ante el Instituto Nacional Electoral. Al final “declinó” a favor de Meade.

Quien tampoco llegó al día de la elección fue Margarita Zavala, pues se bajó de la contienda cuando ya había participado en el primer debate presidencial y a cuatro días de que se llevara a cabo el segundo. Su anuncio lo hizo en el programa “Tercer Grado” de Televisa, donde argumentó que la decisión fue “por un principio de congruencia y honestidad política”.

Así que finalmente el único candidato independiente que se presentó como opción para los electores fue El Bronco, quien solo destacó en la campaña porque en uno de los debates se le ocurrió proponer que en caso de ser presidente a los funcionarios corruptos “les mocharía las manos”.

EL TRIUNFO AVASALLADOR DE AMLO

En términos generales la jornada electoral del 1 de julio se desarrolló en paz y tranquilidad, al menos en lo concerniente a la votación para presidente. En total, 56 millones 611 mil 27 ciudadanos acudieron a las urnas para ejercer su voto.

De ellos, 30 millones 113 mil 483 votaron a favor de López Obrador, lo que representó el 53.19 por ciento y se convirtió así en el candidato presidencial más votado en la historia del país.

Como referencia, en la elección de 2012, Enrique Peña Nieto ganó con 19 millones 226 mil 784 votos, para un 38.21 por ciento del total de ciudadanos que participaron en aquella ocasión.

Apenas pasadas las 20:00 horas del día de la elección y cuando ya se habían publicado varias encuestas de salida, José Antonio Meade fue el primer candidato perdedor que salió a reconocer públicamente el triunfo de AMLO. En conferencia de prensa dijo “él tendrá la responsabilidad de conducir el Poder Ejecutivo y, por el bien de México, le deseo el mayor de los éxitos”.

Enseguida Anaya también admitió la derrota e incluso reveló que sostuvo una conversación telefónica con López Obrador para felicitarlo.

“Como ya lo hice vía telefónica, que hablé con él, reconozco su triunfo y le expreso mi felicitación y le deseo el mayor de los éxitos por el bien de México”, señaló Anaya.

Luego, el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, dio un mensaje en cadena nacional para dar a conocer los resultados del conteo rápido y las tendencias para la elección presidencial.

Y fue entonces que apareció Peña Nieto para dar un mensaje a la nación donde reconoció el triunfo de López Obrador, quien fuera uno de sus principales críticos desde la oposición.

“De confirmarse este resultado, Andrés Manuel López Obrador se convertirá en el presidente de la República para el periodo 2018-2024. Estoy seguro de que todos los mexicanos le deseamos una gestión exitosa en beneficio de nuestro país”, fueron las palabras de Peña Nieto.

Y entonces vino la gran celebración por parte de López Obrador, quien primero habló ante su equipo de campaña, miembros de los partidos que lo postularon y cientos de personas que llegaron al Hotel Hilton en la Ciudad de México.

“Amigas y amigos, este es un día histórico y será una noche memorable. Una mayoría importante de ciudadanos ha decidido iniciar la Cuarta Transformación de la vida pública de México.

“Agradezco a todos lo que votaron por nosotros y nos han dado su confianza para encabezar este proceso de cambio verdadero. Expreso mi respeto a quienes votaron por otros candidatos y partidos”, expresó AMLO.

De ahí se trasladó al Zócalo capitalino, para festejar la victoria con miles de personas que se congregaron en ese lugar. Emocionado, López Obrador afirmó que cumpliría todos sus compromisos de campaña.

“No quiero pasar a la historia como un mal presidente. Conozco lo que han hecho los otros presidentes, desde Guadalupe Victoria hasta el actual, y quiero pasar a la historia como un buen presidente de México. ¡Sí se pudo! Triunfamos y ahora vamos a transformar a México”, fue parte de su discurso en la Plaza de la Constitución.

LA TRANSICIÓN

Apenas se dio su triunfo en los comicios del 1 de julio y AMLO comenzó a operar no solo como presidente electo, que en ese momento todavía no era oficialmente, sino también como si fuera el mandatario en funciones.

Desde el día siguiente de la elección el vencedor se adueñó de la agenda, como lo hizo en la precampaña y en la campaña. Siguió dominando el escenario político nacional. Por algo fue el personaje mexicano más tuiteado de 2018.

No habían transcurrido ni 48 horas desde el cierre de la votación cuando López Obrador y Peña Nieto se reunieron en Palacio Nacional para delinear los términos del periodo de transición, misma que trató de ser lo más tersa posible.

Desde ese momento el ganador de los comicios se mostró muy amable con el todavía jefe del Ejecutivo Federal, incluso llegó a reconocer públicamente que no haya metido las manos en el proceso electoral.

“El presidente Peña actuó con respeto y las elecciones fueron en lo general libres y limpias”, expresó López Obrador en algún momento.

Los equipos de transición de ambos lados llevaron un proceso de cuatro meses bastante civilizado y sin sobresaltos para la entrega-recepción de todas las dependencias federales.

Ya con la constancia de mayoría como presidente electo que le entregó la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación el 8 de agosto, se desenvolvió todavía con mayor confianza y seguridad.

Tuvo tres encuentros más con Peña Nieto, dos en Palacio Nacional (en uno de ellos participaron los equipos de transición) y otro en el domicilio particular del tabasqueño en la Ciudad de México, éste ya a finales de noviembre, en los días previos al cambio de poder. Pintaba como una relación cordial.

Durante ese tiempo, AMLO recorrió el país en una “gira de agradecimiento” por el voto recibido. Parecía que aún estaba en campaña.

LOS TEMAS ESPINOSOS

No todo fue miel sobre hojuelas para López Obrador en la etapa previa a la toma de posesión. Como colocó tantos temas en el centro del debate nacional, en varios de ellos sufrió desgaste por los ataques que recibió por un sector de la crítica en medios de comunicación.

Uno de ellos fue su propuesta de cancelar las obras de construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Fue una de las promesas de campaña y se mantuvo en ese tenor, pero fue bajando un poco el tono hasta que decidió someterlo a consulta ciudadana, según él, tratando de ser neutral.

La famosa consulta también recibió muchas críticas porque no tenía sustento legal y resultó poco confiable. Ganó el voto por la cancelación y abrió un frente de batalla con empresarios.

Otro tema candente fue el Tren Maya. El proyecto de infraestructura más representativo para desarrollar en su sexenio. Tanta fue la presión que ese asunto también decidió ponerlo a consideración de la ciudadanía mediante una consulta. Igualmente sin sustento legal, y lo hizo junto con otras nueve propuestas adicionales, que no tenían que ver una con otra.

Volvió a ganar su propuesta, aquí sin ninguna intención de ser imparcial, pues en algún momento llegó a decir que esa obra “va porque va”.

Uno de los temas que más acaparó la atención y que jugaron en contra de la bandera de la austeridad que envuelve al lopezobradorismo fue la boda de César Yáñez¸ hombre muy cercano a Andrés Manuel.

A finales de septiembre Yáñez se casó con Dulce María Silva, en Puebla, un enlace que fue calificado como “fifí” debido a que fue una fiesta ostentosa y, sobre todo, porque apareció en la portad de la revista Hola, como ocurriera en 2010 con Peña Nieto y Angélica Rivera. Lo que tanto criticaron los seguidores de AMLO, ahora lo hacía uno de sus colaboradores de mayor confianza.

César Yáñez y Dulce María dieron acceso a la revista a detalles como los vestidos que usó la novia, los invitados y hasta las flores que adornaron el enlace. Por eso los señalamientos de “boda fifí” inundaron las Redes Sociales.

TOMA DE POSESIÓN Y

PRIMERAS ACCIONES

“En cuanto a la política económica aplicada durante el periodo neoliberal, de 1983 a la fecha, ha sido la más ineficiente en la historia moderna de México… Lo digo con realismo y sin prejuicios ideológicos: la política económica neoliberal ha sido un desastre, una calamidad para la vida pública del país… El distintivo del neoliberalismo es la corrupción. Suena fuerte, pero privatización ha sido en México sinónimo de corrupción”.

Con esas frases, desde la tribuna de la Cámara de Diputados, y a unos metros del mandatario saliente, Enrique Peña Nieto, quien parecía sufrir cada palabra pronunciada por su sucesor, López Obrador se dirigió a la nación tras haber rendido protesta como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos el 1 de diciembre.

De esa forma se desmarcaba por completo de los sexenios de economía neoliberal, e iniciaba la llamada Cuarta Transformación. Pero con ello igualmente llegaba el momento de plasmar como gobierno todo lo prometido como candidato.

Además, se hizo viral la frase “me canso, ganso”, que pronunció al referirse a que en tres años funcionará el plan de dos pistas en la base aérea de Santa Lucía, para complementar al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y al de Toluca.

En la plancha del Zócalo capitalino, luego de su toma de posesión y de una comida con mandatarios y representantes de diversos países, entre ellos Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, AMLO recibió el Bastón de Mando por parte de Pueblos Originarios.

“Nos están entregando un país en quiebra”, aseguró en ese discurso, donde anunció 100 compromisos de su gobierno. “Ténganme paciencia y confianza… Primero muerto que traicionarlos”, agregó.

De inmediato mandó el avión presidencial a Estados Unidos para ponerlo a la venta, como había prometido. También cumplió con la desaparición del Estado Mayor Presidencial. Igualmente abrió Los Pinos para que pueda entrar cualquier persona. Despacha en Palacio Nacional, donde lleva a cabo reunión de seguridad todos los días a las 06:00 a.m. y una hora después atiende a periodistas en conferencia de prensa.

Otra de sus promesas ya cumplidas es la creación de una Comisión de la Verdad para el caso de la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa.

En el Congreso de la Unión, desde antes de la toma de posesión presidencial la aplanadora morenista también le ayudó para eliminar las pensiones de los expresidentes; y las modificaciones a la ley para reducir salarios de altos funcionarios.

El 16 de diciembre, en Palenque, Chiapas, dio el banderazo para el inicio de la construcción del Tren Maya, donde dijo que “llegó la hora para el sureste”. También firmó el convenio para federalizar los servicios de salud en los estados de Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo. Junto con ello anunció la desaparición del Seguro Popular.

Por otra parte, firmó el decreto para la cancelación de la Reforma Educativa que impulsó Peña Nieto en el sexenio anterior. Y ese es uno de los temas que ha recibido más críticas a nivel nacional.

Ya tuvo pugnas con el Poder Judicial, por su intención de bajar el salario de los magistrados porque según son los mejores pagados del mundo. Ellos no se dejaron y frenaron legalmente esa iniciativa.

La creación de una Guardia Nacional emanada de las fuerzas armadas también desató una fuerte ola de rechazo por parte asociaciones civiles y expertos en la materia, pues tachan su plan de Seguridad Pública como una forma de militarizar el país.

También entró en polémica con gobernadores por la intención que tenía con respecto a las funciones de los llamados “superdelegados”, para que ellos se encargaran de los temas de seguridad en cada entidad. Luego de una reunión con la CONAGO, se acordó que los mandatarios estatales seguirían al frente en ese tema.

Después, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) manifestó su postura en contra de la reducción que tendrá su presupuesto para el próximo año, como aparece en el Paquete Económico que entregó el gobierno federal al Congreso de la Unión.

Y eso que no va ni un mes del mandato de López Obrador, quien como quiera que sea, acaparó el año en materia de información a nivel nacional.