Me encontré a mí mismo: Enrico Chapela

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El compositor estima que su nueva pieza tendrá que ver con los braceros.

ERIKA P. BUCIO/ AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Enrico Chapela (Ciudad de México, 1974) dejaba atrás los años de estudiante. Insatisfecho, buscaba nuevos derroteros. Él lo describe como una travesía por diferentes mares y tierras, a lo largo de una década, en búsqueda de su voz como compositor.

Un viaje que llegó a su fin en 2014, cuando cumplió 40 años, y, más importante aún, cuando nació su hija. Ese tránsito queda recogido en Bitácora, de la discográfica Urtext, álbum con su música de cámara de ese lapso.

Un periodo donde se auxilió de las matemáticas para organizar sus materiales y hallar los patrones sonoros para sus obras. Variados son los orígenes de las seis obras, incluidas la poesía de José Juan Tablada, la clave Morse, el crucigrama, el arte de la perfumería, el número Pi y la nanorrobótica.

En S.O.S. (2011) musicalizó los puntos y rayas de la clave Morse, mientras que para escribir Irracional (2009) recurrió al número Pi. Para Crucigrama (2007) sacó del baúl de los recuerdos el juego de Scrable y jugó una partida contra sí mismo, una obra comisionada y grabada por el Cuarteto Latinoamericano y Entrequatre.

En Li Po (2009), un encargo de la la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles y Esa-Pekka Salonen, declamó los versos de Taboada y transcribió el sonido de su voz a la partitura. En Nanobots (2011), una serie de miniaturas que le comisionó la Britten Sinfonia en colaboración el Ensamble Nuevo de México, el punto de partida son las máquinas de dimensiones microscópicas.

Para Acoussence (2012) se documentó en un libro de perfumería, donde halló que las fragancias están constituidas de notas altas, medias y bajas. Su investigación derivó en un viaje al centro de la Ciudad de México para hacerse de aceites esenciales que dispuso según su tiempo de permanencia. Los clasificó y formó acordes aromáticos. Los cinco movimientos de la obra están organizados de acuerdo con esos cinco acordes.

Pero por más variados que son los orígenes y temáticas, todas las obras poseen un sonido característico: la voz de Chapela como compositor.

“Me encontré a mí mismo. Ya no necesito seguir viajando”, responde el músico, cuyo catálogo es gestionado por Boosey & Hawkes desde 2008.

En esta nueva etapa, Chapela encara nuevos desafíos. La Sinfónica de Santa Rosa, en California, le comisionó un concierto para mariachi y orquesta. Una obra que apele a la población inmigrante mexicana en esa localidad al norte de San Francisco.

El compositor estima que su nueva pieza tendrá que ver con los braceros, el programa laboral iniciado en 1942 y vigente hasta 1962, cuando se permitió la entrada temporal de trabajadores mexicanos a los Estados Unidos para mitigar la escasez de mano de obra debido a que muchos hombres estadounidenses fueron enviados a Europa a pelear durante la Segunda Guerra Mundial.

El inicio del programa coincidió con la Época de Oro del cine mexicano.

“Lo que me gustaría hacer es que la audiencia sienta que está viendo una película de Pedro Infante y Jorge Negrete, pero en el escenario”, anticipa.

Para la Orquesta BBC, en Escocia, y la Sinfónica de Seattle escribe una obra que se estrenará en mayo de 2020.

Y volverá a trabajar en cine con la nueva película de Jorge Michel Grau, cuyo protagonista es un director de orquesta colombiano; en la trama se menciona al propio Chapela. El compositor hace incluso un cameo en una escena filmada en la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM.

Bitácora será presentado el 21 de diciembre en el Núcleo Integral de Composición (Nico), ubicado en Textitlán 33, Santa Úrsula Xitla.