Decae la producción de harina de maíz

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La producción del maíz venezolano tiene una década en detrimento y los precios internos.

 
 
 

MARCO ANTONIO BARRERA

CANCÚN, Q. ROO.- La harina de maíz es un producto esencial en la dieta de los venezolanos. Es la base para cocinar la arepa, el plato típico de aquel país. La arepa es la expresión culinaria originaria de aquella nación y un alimento fundamental en la alimentación de las personas. Más del 70 por ciento de los venezolanos desayuna con una arepa, y casi la mitad de la población la consume en la cena.

 

Es alimento básico de los hogares. Es, al mismo tiempo, una parte importante de la cultura, que ha alimentado a generaciones y que impulsó el desarrollo del campo interno.

 

Las arepas son tortillas pequeñas, similares a una gordita en México. Se hacen con masa y se les hornea o se hacen fritas. Se les rellena con guisados. La harina de maíz es un artículo de primera necesidad del que existen férreos controles gubernamentales para controlar su precio. No obstante, la demanda ha incrementado su precio y, con ello, su acceso.

 

Venezuela es un país que produce y consume maíz, de acuerdo a Werner Gutiérrez Ferrer, ex Decano de la Facultad de Agronomía de Luz de Maracaibo, Venezuela Entre 2004 y 2010 el consumo per cápita de harina de maíz se estimaba en 40.5 kilos entre cada venezolano.

 

En 2010 consumieron 37 kilogramos anuales, lo que representó la primera fuente de calorías totales (14.5 por ciento) y la segunda fuente de proteínas (10.4 por ciento). Tan valioso y demandante es la base del alimento que se encuentra también en el mercado negro, en donde llega a costar hasta seis veces más del precio oficial.

 

Para garantizar su abasto, el gobierno venezolano instruyó que los productores deban destinar la mitad de su producción a la red de distribución pública. La producción interna cayó de un millón 750 mil kilos a 700 mil entre 2017 y 2019. De las 650 mil hectáreas productoras que había en 2018, únicamente quedan 220 mil este año.

 

Derivado de las políticas impulsadas por los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro se mermó la superficie sembrada, lo que generó una caída en la producción de 68 por ciento, respecto a las 2.9 millones de toneladas registradas en 2008. A la fecha, el 75 por ciento del consumo nacional de maíz blanco tiene que ser importado.

 

Desde 2013, la harina pre cocida de maíz sufrió desabasto en lugares de distribución y supermercados, con una escasez de 80 por ciento. De ahí que se estima que el consumo anual per cápita bajó a 15.5 kilogramos.

 

En noviembre pasado, la cosecha nacional fue de apenas 250 mil hectáreas. El agricultor venezolano recibe como pago 28 dólares por tonelada del alimento pero en el extranjero se compran a 150 dólares.

 

La producción del maíz venezolano tiene una década en detrimento y los precios internos. Hay quienes estiman que al igual que la historia exportadora de café, que desapareció luego de 200 años, el maíz y la arepa pueden salir también del mercado exportador.

 

Hace unos días se presentó la Dracuarepa para frenar la falta del insumo. Se trata de un producto nacional venezolano que se venderá a precios solidarios.