El santa clon (Tercera parte)

CON M MAYÚSCULA

 
 
POR: BIBIÁN REYES
Con una vieja cámara polaroid instantánea, Santa Clon trabajaba desde hacía ya muchos años; los rollos le salían cada vez más caros, pues ya casi ni se usaban. Un carrito de supermercado decorado con muchas escarchas y esferitas con ruedas destartaladas la hacía de trineo, en él subía a los chavitos pequeños y a los más grandes los paraba junto a un gran montón de cajas de detergente y de huevo forradas como regalo, con grandes moños y papeles multicolor, un letrero de cartón pintado con la frase: “¡Feliz Navidad!” completaba su decoración. A un costado del quiosco del parque de la colonia se instalaba cada año, por ahí del quince de diciembre, y siempre intentaba molestar a los del stand de los reyes magos; cuando llegaban, les decía para provocarlos:
 
¡Qiúbolas pinches güeyes vagos¡ o ¿Qué pasó mis queridos reyes Guangos!
 
Pero esos tipos sí que eran de lo más rasposito que hay en el defectuoso:
El que la hacía de Melchor, era un viejo albino ya sesentón que sólo necesitaba la corona y la capa para parecer rey ario, pero de un país muy, pero muy pobre. Vivía en la colonia Ejército de Oriente y estaba especializado en robo a casa habitación, pero con las pinches reumas que lo obligaban a caminar como pollo, se había tenido que retirar forzosamente del bisne; el cabrón que la hacía de Gaspar era un ruco bien libidinoso que vivía por la Cabeza de Juárez; se ponía una peluca rizada de color rojo para pegarle al personaje y harto brillo labial, según él, para destacarse en las fotos como un auténtico Rey de Persia, pero se parecía más a Maradona cuando lo sacaron de una fiesta bien chocho y vestido de mujer, a este cabrón en realidad el personaje le valía madres, pues lo suyo lo suyo, era mirar a las mamás de los niños y a todas las mujeres que paseaban por el nocturno mercado navideño, no importaba si fueran gordas o flacas, siempre comentaba excitado cuando se iban: “¡que nalgotas tiene la mamá del chavito! ¡Para agarrarla así miren, así de a cartón de caguamas!”, cerrando los ojos mientras hacía como si deveras la estuviera tocando, o bien, “¡esa flaca se ve que todavía aprieta bien sabroso! ¡Yo sí le acomodaba otro chamaco!” Y apretaba los puños…
 
El negrito Baltazar era de la colonia Guadalupe del Moral. Estaba caracterizado por un cincuentón muy flaco que se tenía que pintar todo porque estaba bien descolorido, y eso le enojaba mucho, diario repetía la misma letanía de leperadas, lo hacía y los demás lo esperaban sentados en unas cajas para posar en la escenografía:
 
¡Parezco puta poniéndose el maquillaje!, ¡claro, al perro más flaco se le trepan más las pinches pulgas!
 
Pero una vez caracterizado, con corona de cartón y capa de lentejuelas, se metía en el personaje de a deveras, mostraba una enorme sonrisa dejando ver una gran ventana por dos dientes que le faltaban, provocando más miedo que ilusión a los niños; Melchor de inmediato le reprochaba:
 
¡Cierra el hocico güeeey, si no es película de vampiros!
 
Baltazar, sin perder la gran sonrisa, lo volteaba a ver y haciéndole gran caravana le respondía:
 
¡Por supuesto que no, loado Rey! ¡La de Vampiros la filmé con vuestra distinguida y chingada madre! ¿No lo recordáis?…
 
El puesto o stand de los Reyes magos estaba justo frente al del santa clon, y éste no perdía ocasión para mandarles cremas o mentarles la madre a discreción, pero ni Baltazar, quien pretendía ser un rey verdadero, ni Gaspar, ocupado viendo culos, le prestaban atención; sólo el albino Melchor le seguía el juego, se le quedaba viendo, hacía como que estiraba la mano y lo tomaba por la barba, luego acercaba su mano con la supuesta barba cogida del santa clon y se la llevaba a los testículos y movía la cadera hacia adelante y atrás; este le devolvía miradas de rayo láser, pero se aguantaba por la gente que pasaba ¡no fuera a ser que se decepcionaran de él!
 
Se enojaba muchísimo cada que los niños se tomaban fotos con los Reyes, y a los papás de los niños que se decidían a sacarse fotos con él les decía cuando le pagaban, “qué bueno que no se arrimaron con los reyes magos, porque esos güeyes así como los ven, son robachicos y traficantes de órganos”.
 
El pedo, como diría santa clon, era que cada día la vida estaba más difícil y ese año en particular, la cosa de lana estaba muy jodida, ya era veintitrés de diciembre y no se había gastado ni la mitad de los rollos que había comprado. A ese paso, ni lo del permiso del lugar para la delegación iba a sacar, le quedaba de consuelo que todavía tenía el veinticuatro y el veinticinco para hacerla; su chupe, ese no se contaba, era aparte; siempre tenía detrás de su escenario su Tony Hallan, nombre de caché dado al mezcal más barato; “¡chinguensen una pal frío!”, les gritaba a los reyes, con una mano les ofrecía el brindis sujetando un vasito desechable con mezcalito y con la otra mano se agarraba los huevos…
 
Las luces de los puestos se fueron apagando una a una, los comerciantes bajaron sus lonas de rafia preparándose para pernoctar dentro de sus puestecitos, cuidando sus mercancías. Los transeúntes son más escasos a medida que el reloj se acerca a la media noche, pasa alguno que viene tarde del trabajo o de llevar a la novia a su casa, otros que van al turno de la noche o vienen de alguna posada; se va quedando en penumbras el parque; una pareja pasa frente a él y en brazos el esposo lleva a una pequeña de casi dos años de edad que asombrada por ver al personaje, exclama llena de alegría:
 
Mia papito, mia papito.. Canta roossss ya llegó canta roosss….
 
Vengan, traigan a su hijita a sacarse una foto conmigo, les invita el santa clon…
 
Ah no, este gracias… responde el papá sorprendido…
 
Por la expresión y la ropa sencilla que visten, santa clon adivina que no tienen dinero, se apresura a responder:
 
“No se las voy a cobrar, suban a su chavita al carrito”. Diciendo esto, y preparando la cámara, los papás un poco apenados, pero agradecidos, se aproximan sumisos, suben a la nena al carrito y la mamá dice a su pequeña, “a ver mami, ¡sonríe para que salgas bien bonita en la foto! y dile a santa qué quieres que te traiga de regalo…