La cultura y sus nuevos tiempos

Gran soporte que permite reconstruir el tejido social

 
Por: Abraham Guerrero
Con el cambio de gobierno las instituciones culturales están viviendo momentos de transición. El cultural es un sector pequeño pero ruidoso porque es mediático, creativo y pensante. Ante el anuncio de los recortes presupuestales se movilizó rápido y llamó la atención sobre la situación. Algo se mitigó y aunque sea en el discurso está permeando la idea de que la cultura es el gran soporte que permitirá reconstruir el tejido social destruido por la violencia y la terrible desigualdad social.
 
La mayoría de los integrantes del sector son simpatizantes o militantes de izquierda, y muchos de ellos celebraron la gesta electoral de Andrés Manuel López Obrador en el Zócalo. No esperaban que la Cuarta Transformación tan prometida se desarrollara como un pequeño conflicto burocrático por el presupuesto ni mucho menos que los recortes alcanzarían sus áreas de interés en el cine, las artes visuales, la literatura, la música, la investigación arqueológica e histórica.
 
La promesa de restructuración se convirtió en un eufemismo para castigar a un sector muy desigual. Los últimos gobiernos federales dejaron una situación laboral muy compleja en las instituciones culturales. Por una parte, los sindicatos culturales tienen una serie de prestaciones y prerrogativas superiores a los de los trabajadores estatales que incluyen la posibilidad de heredar plazas a sus familiares aunque no estén capacitados para cumplir la tarea así como bonos y prebendas no reconocidas por la Secretaría de Hacienda.
 
Por otra parte, existe una alta burocracia cultural que se apropió de las instituciones como si se tratara de negocios personales de tal suerte que en el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la institución cultural con mayor presencia federal, hay delegados que por varios lustros han permanecido en el mismo estado tratando a los trabajadores como peones acasillados y utilizando los recursos institucionales para satisfacer sus intereses particulares. Estos personajes se han convertido en caciques locales por sus redes sociales y clientelares.
 
Un tercer grupo está conformado por trabajadores especializados que carecen de cualquier tipo de estabilidad laboral, tienen que dar recibos de honorarios y a cambio trabajan como si tuvieran tiempo completo. Este último grupo es el que perderá su empleo y el que tendrá mayores dificultades en el corto y mediano plazo.
 
A nivel local, las instituciones culturales están en situación complicada. Sin presupuesto y, como en el caso de Quintana Roo, sin tener una estructura orgánica elemental que le permita operar de manera viable y sin proyecto claro. La infraestructura está abandonada, subutilizada y sin personal capacitado para realizar sus funciones.
 
La ironía de toda esta situación es que la cultura prevalecerá a pesar del desinterés que puedan tener las instituciones públicas. En Cancún, Playa de Carmen, Tulum, Bacalar, Chetumal existen esfuerzos ciudadanos por dar cursos, por hacer festivales de música, danza y teatro, por abrir escuela y galerías, por traer artistas de renombre para que compartan sus experiencias. Hay comunidades deseosas de participar activamente en la gestión responsable de su patrimonio arqueológico y natural. Si la Cuarta Transformación no logra incorporar estas iniciativas sociales entusiastas en nuevos modelos de organización habrá fracasado en su tarea cultural.