Exhiben privilegios de ‘Chapo’ en penal

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Dejó cargo en penal de Puente Grande para integrarse al narcotráfico.

DIANA BAPTISTA/ Reforma

Como subdirector de Seguridad y Custodia del penal de Puente Grande, Dámaso López, “El Licenciado”, y el personal a su cargo aceptaron diversos sobornos para brindar beneficios a Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”.

En su primer día como testigo en el juicio que se lleva a cabo en la Corte Federal de Brooklyn, López reconoció que cedió a varias peticiones del sinaloense, desde un cambio de zapatos y el acceso ilegal a un celular, hasta la entrada clandestina de su entonces esposa, Griselda; de su cuñado, Marcelo Peña, y de su hermano Arturo. A cambio, el entonces funcionario recibió al menos 10 mil dólares, una casa valuada en 1.5 millones de pesos y apoyo en los gastos médicos para uno de sus hijos, que tuvo un accidente.

López tenía bajo su cargo a los guardias del penal, quienes también recibieron sobornos de “El Chapo”. En septiembre de 2000, dijo, tuvo que renunciar debido a que el Gobierno federal estaba investigando actos de corrupción en el penal.

No obstante, pudo regresar a la cárcel para una última reunión con Guzmán, quien le pidió intervenir en su nombre ante el nuevo director para conservar sus beneficios dentro de prisión. De acuerdo con el testimonio de “El Licenciado”, quien fue sentenciado a cadena perpetua por el delito de narcotráfico, ni los custodios ni él participaron en la fuga de Guzmán de Puente Grande.

Aseguró que su único cómplice fue “El Chito”, uno de los guardias asignados al área de lavandería, quien lo sacó en un carro y lo escondió en la cajuela de su vehículo. Incluso, aseguró, “El Chapo” se ofreció a ayudar a los 50 o 70 custodios que fueron “injustamente” aprehendidos en conexión con su fuga.

Después de la fuga, López pasó a ser el responsable de conseguir casas y ranchos para “El Chapo”; de servir como contacto con servidores públicos que le informaban de operativos, y de coordinar la logística del tráfico de drogas de Colombia a Sinaloa, Nueva York y Canadá, la cual se hacía por medio de submarinos, aviones, tráileres y casas rodantes.

Ante una sala de la Corte llena de turistas, López también expuso el lado sangriento de Guzmán. Aseveró que, en 2013 aceptó asesinar, bajo petición de la presidenta municipal priista de La Paz, a un policía “que le hacía grilla”. Narró que, en 2004, “El Chapo” ordenó matar a Rodolfo Carrillo, hermano de Amado Carrillo, dado que sus pistoleros no le mostraban respeto. Carrillo fue asesinado por sicarios en un tiroteo afuera de un cine.

Agregó que, tras la aprehensión de Alfredo Beltrán Leyva en 2008, inició una guerra contra los sicarios de Guzmán, de Ismael Zambada, “El Mayo”, e Ignacio Coronel. En 2011, agregó, el sinaloense mandó a matar a Juan Guzmán, “El Juancho”, uno de sus más allegados, debido a que le mintió sobre su ubicación.

También ordenó asesinar a su secretario, quien sabía de la mentira. Asimismo, narró el homicidio de Polo Ochoa, narco cercano al “Mayo”, quien llegó a un acuerdo con el Gobierno para proporcionar información sobre “El Chapo”.

En la sesión de ayer, Guzmán y su esposa, Emma Coronel, lucieron sacos idénticos –de terciopelo color vino– para escuchar el testimonio, en la que fue la última de sus intervenciones, de Lucero Sánchez, ex diputada local de Sinaloa y amante del capo.

La Fiscalía reveló una carta que “El Chapo” escribió a mano mientras estaba preso en Almoloya, en la cual le explicó a Sánchez que su entonces abogado, Manuel Osuna, le entregaría una identificación falsa para que pudiera ir a visitarlo.