Prevalece riqueza viva única

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Quintana Roo es un campo fértil para el estudio científico de la biodiversidad endémica de plantas, animales y criaturas microscópicas.

POR: MARCO ANTONIO BARRERA
CANCÚN, Q. ROO.- En Quintana Roo existen cientos de especies de organismos vivos que son únicos y no se encuentran en ninguna otra parte del mundo. Muchos de ellos son originarios de nuestro territorio.

Esta riqueza de biodiversidad está en la selva que cubre 96 por ciento del territorio estatal y en ecosistemas de cuevas, cenotes y cavernas caracterizadas por la oscuridad del inframundo.

Hay mamíferos, aves y peces, pero también insectos, crustáceos, arácnidos, bacterias, hongos, plantas, protozoarios y chromistas.

Destacan tres especies de Remipedio, fósiles vivientes de origen prehistórico, que han prevalecido 300 millones de años en el planeta y que son endémicos de Quintana Roo. Caso excepcional es, también, la Cacerolita de mar, una de las cuatro especies vivas de este grupo, de los más antiguos del mundo, y una de ellas vive al norte de la entidad.

Cuando se trata del estudio de estas joyas de la biodiversidad, los avances siempre serán inconclusos pero un campo fértil para la investigación científica.

Las especies son endémicas cuando habitan un ecosistema adecuado para permanecer y reproducirse, restringido a un continente, región, país, estado o sitio en particular.

Para el biólogo Roberto Rojo, del Círculo Espeleológico Mayab, A.C., el territorio estatal tiene ecosistemas de gran diversidad y de especies que los habitan.

“Aquí no hay montañas y la riqueza ambiental está en la selva e islas pero también en cuevas, cenotes y cavernas, donde predominan bacterias, algas, plantas, insectos, crustáceos, moluscos y peces, a veces no tan conocidos por las personas.

El investigador dice, en entrevista, que se tienen documentados al menos 800 especies directamente relacionadas a estos entornos, en al menos 39 sitios diferentes de penumbra u oscuridad en Quintana Roo.

En esos lugares hay organismos únicos, como tres especies de Remipedio, un fósil que no ha cambiado mucho en 300 millones de años y que fueron descubiertos en 1970. El pseudoescorpión, por ejemplo, pese a su aspecto, pertenece a la familia de los arácnidos.

Otro, son especies de camarones ciegos hallados en la cueva anquihalinas -con agua dulce y salada- y en los cenotes Chempita, Sistema Chankanaab y Tres Potrillos de isla Cozumel.

Pero también hay ejemplares únicos que viven en superficie, como el Mapache de Cozumel que tiene la talla más pequeña del país y que habita manglares, selvas bajas y plantíos de palma. Ésta, como otras más, está en peligro de extinción.

Hay también aves únicas, especialmente en Isla Cozumel, donde se localiza la Tángara cabeza rayada, que mide 15 centímetros de largo y que canta muy poco, pero intenso y prolongado; el Cuclillo rayado, con cresta roja y que mide 27 centímetros de longitud y 40 gramos de peso.

Otras especies únicas son el Colibrí esmeralda, especie amenazada; el Cuitlacoche, pariente del cenzontle, cuya población sufrió graves daños por los huracanes Gilberto, en 1988, y Roxana, en 1995, y el Garrapatero pico liso, de color negro, el cual pesa 85 gramos y mide 33 centímetros.

Además, el Saltapared, del cual se conoce muy poco; el Chipe manglero cozumeleño que su mayor talla es de 12.5 centímetros y 11 gramos de peso; el Vireo, de 12 centímetros y plumaje verde olivo en cabeza y dorso, con un repertorio de canto muy pobre, y el Capuchino pecho escamoso, de pico oscuro, grueso y corto, que llega a medir un máximo de 12 centímetros.

Hay otras especies que son igualmente únicas pero comunes para Yucatán, Tabasco Chiapas, Guatemala y Belice.

Con Yucatán, por ejemplo, se tienen especies que comparte la región peninsular. Son ejemplares extraordinarios, como el Mono Araña, uno de los más grandes del continente, en peligro de extinción.

También, el Pavo de Monte que pesa entre tres y cuatro kilogramos y mide entre 70 y 90 centímetros, y que habita Campeche, Sur de Tabasco y Noreste de Chiapas, aunque también en Belice y el Norte de Guatemala.

Existen organismos que comparten ecosistemas en cuevas y cenotes de Yucatán y Quintana Roo, como la Dama blanca, un pez ciego y sin pigmento, y la Anguila ciega que tiene poros sensoriales desarrollados en la cabeza, ambos de origen prehistórico.

Otro, es la Rana yucateca, una especie regordeta y de vientre transparente que llega a medir hasta 32 milímetros y que fue descubierta en Chichén Itzá en 1965. En la actualidad habita en la Reserva de Sian Ka´an.

En la Península de Yucatán hay al menos una decena de ecosistemas distintos en cenotes, cuevas y cavernas, como de calor, secas y activas, además de grutas y oquedades en forma de caverna, de aguada y de cántaro, entre otras.

En una cueva, explica el especialista, la entrada de la luz del sol depende de la cantidad de vegetación, lo que determina el grado de penumbra u oscuridad. En ese tipo de ambientes se clasifica a los organismos por su capacidad de quedarse en la entrada o en la oscuridad total del interior.

La clasificación llega, incluso, a las especies que utilizan el sitio como refugio o lugar de abastecimiento pues que no completan su ciclo de vida en ella, y otros que sí pueden hacerlo, dentro o fuera.

Incluso, los que no pueden sobrevivir fuera y que al permanecer en la oscuridad pierden pigmento y carecen de vista, los cuales tienen una tasa de natalidad y muerte baja, son longevos y su edad reproductiva es tardía.

Roberto Rojo reconoce que el estudio de cuevas, cavernas y cenotes es complejo. “En el país hay registradas más de once mil cuevas pero no es ni 10 por ciento de las que tenemos en realidad. En Quintana Roo, tampoco tenemos los registros completos”, concluyó.