Una historia patrimonial

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El primer Chac Mool.

 
 
 
 
Por: Abraham Guerrero
Los objetos más relevantes de los museos no lo son únicamente por su alta calidad de manufactura, lo son también por su historia, por las expectativas que generan, por la publicidad que reciben. Un caso emblemático de  la península de Yucatán son las esculturas que conocemos con el nombre genérico de Chac Mool. Si usted trata de imitar la postura de dichas figuras verá lo complicado que es mantenerla ya que parece una posición de yoga. En diversas partes de la región conocida como Mesoamérica se produjeron estas intrigantes representaciones pero es en Chichén Itzá donde se han encontrado la mayor cantidad de ellas, principalmente en el interior del Templo de los Guerreros.
 
En los primeros días de noviembre de 1875, la exploradora británica Alice Dixon, reportó en su diario que su marido Augustus Le Plongeon descubrió una extraordinaria escultura en las afueras de la aldea yucateca de Pisté. La excéntrica pareja estaba en la región buscando evidencias que conectaran a los mayas con el mito de la Atlántida y con los antiguos egipcios. Reconocieron la calidad de la pieza y trataron de ocultarla a las autoridades mexicanas. La nombraron “príncipe Chac Mool”, que en maya yucateco significa garra roja.
 
Le Plongeon, quien en las fotos aparece con una barba patriarcal a la usanza del siglo XIX, era un enloquecido seductor que podía engatusar a los mayas rebeldes macehualo’ob, a autoridades civiles mexicanas, empresarios estadunidenses y británicos. El poeta cubano José Martí, quien lo conoció en su estancia en Yucatán reconoció en él a un tipo ambicioso y que ante todo buscaba la fama.
 
La historiadora yucateca Blanca González, en su reciente libro El Museo Yucateco, cuenta como el Chac Mool descubierto por Le Plongeon se convirtió en un asunto de confrontación entre el explorador, el gobierno yucateco y el gobierno federal cuando el primero trató de sacarla del país para exponerla en Filadelfia. Las autoridades recurrieron a la ley de 1827 que prohibía la salida de tesoros nacionales del país. Le Plongeon argumentó que la ley mexicana no se le aplicaba dado que la escultura fue encontrada en tierras controladas por los mayas rebeldes.
 
Le Plongeon ocultó el Chac Mool en el monte ante el temor de que las autoridades se lo quitaran, lo que terminó por suceder en los primeros meses de 1877. El director del Museo Yucateco, Juan Peón Contreras encabezó una expedición apoyada por militares para “rescatar” el Chac Mool y trasladarlo a un museo que se había fundado años antes pero que no había abierto sus puertas al público todavía.
 
La llegada de la escultura a Mérida fue todo un acontecimiento. Le Plongeon con sus estrambóticas hipótesis había generado una expectativa muy grande alrededor de la pieza que ya era considerada un orgullo local. Algunos medios locales criticaron “la pompa tan vana” con la que las autoridades locales dieron la bienvenida a su nueva joya.
 
La estancia del Chac Mool en Mérida fue breve porque el gobernador Agustín del Río decidió enviarla a la ciudad de México para conmemorar una década de la toma de Puebla por parte del presidente Porfirio Díaz. El Museo Yucateco abrió sus puertas al público sin su pieza emblemática la cual fue una de las joyas del Museo Nacional y hoy es posible apreciarla en la sala Maya del Museo Nacional de Antropología.