Buscan divas la ‘eternidad’

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Anna Pavlova e Isadora Duncan, dos iconos de la danza del siglo 20, aguardan en una estación el tren que las conducirá a la eternidad. En la espera, conversan.

 

 

 

POR: ERIKA P. BUCIO/AGENCIA REFORMA

 

CIUDAD DE MÉXICO.- Anna Pavlova e Isadora Duncan, dos iconos de la danza del siglo 20, aguardan en una estación el tren que las conducirá a la eternidad. En la espera, conversan.

 

Una ficción nacida de la complicidad de Tatiana Zugazagoitia y Carmen Correa, quienes imaginan qué podrían decirse y, de paso, hablar de la danza actual.

 

“Son dos mujeres fuera de los códigos de su tiempo”, formula Zugazagoitia, coreógrafa afincada desde hace 15 años en Mérida.

 

Duncan: estadounidense, precursora de la danza moderna, temperamental, de ideas progresistas, abrazaba el ideal griego clásico.

 

Pavlova: rusa, formada en la Escuela Imperial de Ballet del Teatro Mariinsky, icono de la danza clásica, recorrió el mundo con su propia compañía como empresaria e intérprete; La muerte del cisne que coreografió para ella Michel Fokine fue su solo más célebre.

 

La idea comenzó a fraguarse cuando Zugazagoitia se acercaba a su cumpleaños número 50. Cuenta que en ese momento llegó a sus manos la biografía de Duncan. Aunque el personaje le fascinó, descartó la idea de presentar un solo. Y posteriormente leyó la biografía de Pavlova.

 

Además de coetáneas, descubrió que ambas habían muerto, de manera prematura, a los 50: Duncan (1877-1927), en un trágico accidente, y Pavlova (1881-1931), de neumonía.

 

Juntar a dos personalidades en apariencia tan antagónicas en una pieza de teatro con danza comenzó a cobrar formar y encontró a su cómplice en Correa, bailarina que fuera solista de la Compañía Nacional de Danza y con una vasta experiencia en contemporánea.

 

Escribieron el guion de este espectáculo, que celebra 35 años de sus trayectorias, a partir de las palabras de Duncan y Pavlova, recuperadas de sus biografías y entrevistas. Duncan, por ejemplo, escribió su autobiografía Mi vida, entre otros textos.

 

“Somos danza, amamos la danza”, ataja Zugazagoitia.

 

Y desde esa posición abordaron la obra. Incluso hay una frase del personaje de Pavlova que tanto Zugazagoitia como Correa suscriben: “Bailar es felicidad”.

 

La pieza posee diversos momentos, incluso de rivalidad.

 

En algún punto de la obra, por ejemplo, Pavlova (Correa) le echa en cara a Duncan (Zugazagoitia) cómo es que logró sus danzas con un cuerpo “sin estructura”. Por supuesto, Duncan no se queda cruzada de brazos y responde con una danza muy estructurada, que requiere de estar en plena forma para ejecutarla.

 

“A lo mejor hay muchas formas de entrenar, pero, para bailar, el cuerpo tiene que estar listo y preparado. Hay quienes creen todavía que sólo se es bailarín si te entrenas ocho horas en clásico, cuando hay gente que jamás ha hecho un tendue en la barra pero se entrena haciendo parkour y también son bailarines”, dice Zugazagoitia. “Para todos hay lugar”.

 

En el espectáculo, recrean La nuit de Pavlova y Moment musical de Duncan. El resto de las piezas son creación propia. La música es de Debussy, Saint-Saëns y Satie.

 

Anna Pavlova e Isadora Duncan, diálogos, tras estrenarse en Mérida el año pasado, se escenificará en la Ciudad de México del 1 al 3 de febrero en la Sala Miguel Covarrubias de la UNAM.