Bale, insuperable

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Dick Cheney (Christian Bale) es un desastre: se emborracha constantemente, hasta que lo corren de Yale.

 

 

 

 

POR: ADRIANA FERNÁNDEZ/AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- “El fin, justifica los medios” es una frase que condensa el pensamiento maquiavélico. Nicolás de Maquiavelo, en su libro “El Príncipe”, aseguraba: no importa si hay que mentir, engañar, calumniar, matar. El líder es todopoderoso.

 

Justamente de un personaje así, nos cuenta El Vicepresidente.

 

Dick Cheney (Christian Bale) es un desastre: se emborracha constantemente, hasta que lo corren de Yale. Su aplicada novia, Lynne (Amy Adams), le da un ultimátum: o se endereza, o terminan.

 

Años después, Dick ha rehecho su camino y obtiene una pasantía en el Congreso de los Estados Unidos. Su creciente sagacidad le acerca a un poderoso hombre: Donald Rumsfeld (Steve Carell).

 

La más reciente película de Adam McKay, es fiel al estilo del también guionista: destila mala leche y sarcasmo por todos sus pixeles.

 

Al igual que en la también nominada al Óscar, La Gran Apuesta, se hace una sátira de los más poderosos, concentrándose aquí, en los líderes políticos. Hay un interés que raya en obsesión, por desmenuzar las oligarquías.

 

Para la deconstrucción, McKay se centra en la muchas veces ninguneada figura del vicepresidente de los Estados Unidos, que aquí resulta, el poder detrás del trono. Con humor negro y una edición prodigiosa, el director escarba en los basureros de la jerarquía, sacando trapito por trapito.

 

Sobresalen Amy Adams, atinada como la inteligente y súper fiel Lynne, pero es Christian Bale, quien se diluye completamente en su personaje; no sólo es la admirable transformación física, el actor adopta la voz pausada y grave, los manierismos, la mirada tan sagaz como despiadada.

 

El pero está en que la historia no termina de cuajar: sabemos que el personaje es maléfico, pero McKay no llega a redondear su actuar. Nos falta una pieza.

 

Eso sí: termina la cinta y nos quedamos rumiando, reflexionando en los oscuros fines -y los torpes medios para alcanzarlos- de varios políticos mexicanos.