Lo que está detrás de la construcción del muro

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Rebeca Rodríguez Minor es profesora e investigadora de la Universidad Anáhuac Cancún.

 

 

POR: Rebeca Rodríguez Minor

Cuando pensamos en propuestas delirantes y mal gobierno, lo que nos viene a la mente de inmediato es Donald Trump. Tal parece que el mundo está de cabeza y ahora, lo que antes hubiera sido considerado un disparate, se vuelve realidad. Todo es posible. Así, vemos un gobierno estadounidense que lejos de ocuparse de los verdaderos temas que aquejan a su nación, como la desigualdad económica, el exorbitante costo de la educación o la precariedad del bienestar social, fomenta la discriminación y el divisionismo popular, con propuestas prioritarias tan absurdas como la construcción del muro en la frontera con México.

Lo que fue una irónica promesa de campaña que lo llevó al poder, ahora es el símbolo más grande del empecinamiento y la terquedad a la que un presidente puede llegar, haciendo oídos sordos de las exigencias del pueblo y las demandas que realmente requieren urgente atención. Lo único que parece importar es la reelección. Es lograr que el electorado siga siendo fiel al delirante proyecto político de un personaje tan hilarante como Trump.

La pérdida de la mayoría en la Cámara Baja, en las elecciones intermedias de noviembre, significaron una gran pérdida de poder para los republicanos, por lo que el poder de acción de Trump ahora está severamente limitado, así que sus estrategias de negociación se han vuelto más sucias y agresivas que de costumbre. Vemos cómo la necedad por lograr la construcción del muro, han llevado al cierre de gobierno más largo de la historia de Estados Unidos, donde nada menos que 800,000 empleados federales tuvieron que sufrir 35 interminables días sin goce de sueldo; simplemente porque el presidente no estaba dispuesto a negociar con el Congreso su rechazada petición de $5,700 mmd del presupuesto nacional, destinados a financiar un muro fronterizo que implicaba recortes fuertes a diversos programas sociales.

El magnate prefirió empecinarse en su interés propio, impactando directamente a diversos sectores productivos del país; como el turístico, con el cierre de museos y parques nacionales, la postergación de investigaciones científicas en materia de salud y el descuido de la seguridad nacional con la escasa vigilancia en aeropuertos y carreteras federales. Ni siquiera sus seguidores acérrimos compraron la idea de que la construcción del muro es un factor tan necesario como para justificar esos daños económicos y sociales a la federación, lo que se reflejó en un fuerte declive en las encuestas de popularidad del presidente; y es que su argumento carece de fundamento, puesto que la migración ilegal a Estados Unidos ha venido declinando año tras año y ahora se encuentra en los niveles más bajos. Tan sólo en el 2017 se registró la cifra más baja de migrantes intentando cruzar, desde el año 2000 y muy pocos comparten la idea de que los migrantes son criminales o traficantes y que implican un verdadero peligro para el país norteamericano.

Cuando Trump se dio cuenta de lo contraproducente que estaba resultando su terquedad, optó por una maniobra política tan polémica como sucia. Primero, para no caer en otro cierre de gobierno tan perjudicial para su imagen pública, aceptó un acuerdo mínimo con el Congreso, por $1,375 mmd destinados al financiamiento de barreras físicas fronterizas que le alcanzarían tan sólo para unos 80 kilómetros de extensión. Después, al haber conseguido apenas un cuarto de la cantidad que él pretendía obtener inicialmente decidió declarar un estado de emergencia nacional, por invasión de drogas y criminales, lo que le daría acceso a unos $8,000 mmd extra para la financiación del muro.

El tomar presupuesto destinado originalmente a otras áreas para cuestiones de emergencia nacional, es una facultad constitucional que se le otorga al Ejecutivo, esperando sea utilizada, como su nombre lo dice, en causas de fuerza mayor, como desastres naturales o situaciones de guerra; no en la construcción de una pared que ni detendrá el tráfico de drogas ni sería una solución plausible para la migración ilegal. Es por eso que los demócratas no tardaron en considerar esta declaración presidencial como inconstitucional.

Habrá que esperar a ver cómo se desenvuelve esta parodia política, pero todo parece indicar que se trata de una cortina de humo más de Trump, para desviar la atención ante todas las investigaciones vigentes en su contra.

Y a todo esto, ¿en qué lugar de la agenda política del gobierno estadounidense, queda la equidad económica, el bienestar social o el desarrollo humano?

* Rebeca Rodríguez Minor es profesora e investigadora de la Universidad Anáhuac Cancún.