De verdades y mentiras

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El deber de un periodista es informar.

 

 

Por: Abraham Guerrero

El año pasado la cadena noticiosa estadunidense CNN nombró al periodista alemán Claas Relotius reportero del año. El semanario alemán Der Spiegel, considerado uno de los pilares del periodismo occidental, tuvo que reconocer que su equipo de verificación noticiosa, compuesto por sesenta, si, sesenta personas, fue incapaz de ver las incongruencias de Relotius en gran parte de sus coberturas.

 

Relotius fue una estrella ascendente. El año pasado supuestamente cubrió una de las caravanas migrantes y después estuvo con las milicias antimigrantes. En ese reportaje no entrevistó a nadie sino que estuvo basado en fotografías que la publicación alemana compró a The New York Times. Las milicias antimigrantes enviaron una carta de protesta por el reportaje señalando que jamás los había contactado ningún periodista alemán. Der Spiegel se limitó a reproducir la carta con una traducción sesgada.

 

Ante la duda de uno de sus compañeros, la empresa siguió apoyando a Relotius, quien se había convertido en la firma más importante de la publicación. Todo señalamiento de sospecha en torno a las historias de Relotius era acallado por los editores quienes llegaron a amenazar a quien lo hiciera. Para salvar el pellejo, un periodista de la misma casa, no tuvo más remedio que contrastar las historias e investigar por su cuenta. Cuando la evidencia era muy clara, Der Spiegel tuvo que reconocer el fraude de su reportero mimado.

 

Relotius pidió perdón. Dijo que la presión por la fama lo había llevado a inventar historias. Der Spiegel pidió perdón. El embajador de Estados Unidos en Alemania, Richar Grenell, acusó al semanario de tener un sesgo antiestadunidense desde que Donald Trump llegó a la presidencia. A eso hay que recordar que Grenell, desde finales del año pasado, ha llamado a apoyar a los partidos fascistas europeos desde el portal de extrema derecha Breitbart.

 

La historia podría ser anecdótica. En realidad es una muestra del corto circuito que se vive en el mundo de la comunicación. Si se tratara de una fábula, una de las moralejas sería que “la mentira nunca triunfa”. Sería reconfortante sobre todo en un mundo como el que estamos viviendo. Pero en este caso específico lo que estamos viviendo es la tragedia del sistema periodístico basado en estrellas, en grandes nombres. Relotius afirmó que se sentía “presionado” pero eso no lo llevó a realizar prácticas éticas. Buscaba efectos. Es un literato no un periodista. Y el verdadero daño colateral es haberle dado un punto extra al fascismo ascendente europeo.

 

Es imposible no pensar en el contraste, en el reportero polaco Ryszard Kapuscinski, quien más allá de la celebridad, que le llegó por añadidura a su extraordinario sentido histórico y talento como cronista, siempre estuvo buscando las historias humanas en medio de la vorágine de acontecimientos de su mundo. “El deber de un periodista es informar, informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia”, señaló Kapu en una de sus últimas entrevistas.