Precisión atómica

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EL ORBITADOR

Por: Jimmy Herrera/

Cuando de relojes se trata siempre se ha dicho que Suiza es el país que mejor se le da en la elaboración y diseño de distintos tipos de relojes. Tal vez usted también recordará aquella típica expresión de “eres más puntual que un reloj suizo”. Y es precisamente la exactitud en marcar el tiempo, lo que los relojeros suizos por generaciones se han enfocado poder conseguir a la hora de elaborar y perfeccionar los más refinados elementos que conllevan la maquinaria interna de un reloj, ya sea pequeño o grande, con el objetivo definido de ofrecer la hora lo más exacto posible.

 

En ediciones anteriores de El Orbitador, hemos hecho mención que en la actualidad uno de los elementos que ha servido de mucho para cumplir con tal propósito, es precisamente la utilización de cristales de Cuarzo en los mecanismos de relojería moderna. Pero si de exactitud se trata, dejemos a un lado a los suizos y enfoquemos toda nuestra atención a los relojes atómicos.

 

La idea de construir un reloj atómico provino de Lord Kelvin en 1879, cuando sugirió que para medir el tiempo también se podía hacer uso de las vibraciones de los átomos. Pero 50 años más tarde en 1930, el físico estadounidense Isidor Isaac Rabi, trabajó en un proyecto sobre métodos de resonancia magnética lo que sirvió como pieza clave en la elaboración de los relojes atómicos.

 

Los relojes análogos anteriormente dependían de un péndulo para mantener de forma coordinada el movimiento de su mecanismo interno de engranaje, y marcar el paso continuo de cada segundo. Pero también se debía tomar en cuenta que estos mecanismos no eran del todo exactos, por lo que constantemente se debían corregir ya que se adelantaban, o se atrasaban con su tiempo. Incluso con el surgimiento de las baterías eléctricas, aun así se debían de realizar sus respectivos ajustes.

 

Los relojes atómicos a comparación de los análogos utilizan las oscilaciones atómicas que producen una mayor exactitud en el marcaje de los segundos, a tal grado que tienen que pasar millones de años para poder corregirlo con tan sólo un segundo de error. Para su pleno funcionamiento, se pueden hacer uso de diversos elementos químicos como el Hidrógeno, Cesio, Rubidio y Estroncio, del cual de forma natural se extrae su oscilación atómica. El primer reloj atómico se construyó en Estados Unidos en 1949.

 

Pero así como los relojes análogos con su inconfundible sonido de “Tic Tac” iban marcando los segundos, en 1967 la Oficina Internacional de Pesos y Medidas fijó para los relojes atómicos la frecuencia de vibración atómica, estableciéndose así un patrón de tiempo correspondiente al segundo, basándose a la radiación que produce el isótopo de Cesio, ya su margen de error “de un segundo” sucede cada 3,700 millones de años. Así que el Tic Tac atómico que fluye por la vida de este planeta, está regido por relojes atómicos que nos brindan de manera exacta el tiempo. Gracias a ello, su precisión es utilizada en la navegación, en distintos medios de transporte, en los satélites GPS y de telecomunicaciones, en radiodifusoras de onda corta, etc.

 

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