Hacen fraude ¡con pescados!

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Cancún es una de las ciudades donde se cometen este tipo de engaños.

 

POR: ANA GABRIELA REZC / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- En Cancún, Ciudad de México y Mazatlán, pescados vendidos como mero y huachinango han resultado ser tilapia, basa y raya; es decir, especies de menor valor comercial, de acuerdo con una investigación de Oceana México.

 

El estudio denominado “Gato x liebre”, realizado con base en el análisis de ADN de pescados obtenidos en 133 establecimientos de estas ciudades, entre junio y octubre de 2018, documenta 116 casos de sustitución de especies, que equivalen al 31 por ciento del total de la muestra.

 

“El fenómeno de que se sustituyen especies muy populares, y de precios más altos, por especies que la gente no necesariamente quiere y que son mucho más baratas, pasa mucho; y esto es lo que llamamos, sin ningún tipo de reserva, fraude, porque hay un efecto de defraudar al cliente y cobrarle una cosa con un precio y darle otra cosa con otro precio”, explicó Pedro Zapata, vicepresidente de Oceana México.

 

Alrededor del 60 por ciento de la sustitución se dio por un producto de menor valor, mientras que el 40 por ciento restante tuvo una sustitución por un pescado de valor similar, pero menos conocido, o de mayor valor.

 

“No había el producto que querías, te doy otro muy parecido, de la misma calidad, eso pasa mucho en Mazatlán. Y está el otro extremo que es Cancún, donde pedías mero y te daban basa, esa es de las peores sustituciones que llegamos a encontrar”, indicó Renata Terrazas, directora de Campañas de Oceana México.

 

“Es importado, no conocemos los procedimientos bajo los cuales fue vendido. Muchas veces les inyectan agua, entonces pesan más porque traen más cantidad de agua congelada por dentro y le ponen químicos para su conservación”, precisó.

 

En tanto, el 40 por ciento de la sustitución que hubo en la Ciudad de México fue por producto de acuacultura, que suele ser más barato, e incluso por especies totalmente diferentes como tiburones o rayas.

 

IMPACTO AMBIENTAL

 

Al principio, el estudio consideraba el análisis de 48 especies, con base en la información proporcionada por las pescaderías, restaurantes y supermercados. Empero, una vez analizados los pescados, resultó que la muestra incluía 100 tipos diferentes.

 

“Hubo 52 especies que nos comimos y que nadie supo cómo se llamaban (porque no estuvieron en el menú ni en ninguna etiqueta)”, señaló Terrazas.

 

El 11.2 por ciento de las muestras provino de 13 especies amenazadas y 8 especies casi amenazadas, según la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Entre ellas, hubo nueve diferentes de tiburón que se vendieron como marlín o cazón.

 

“Si tú te estás comiendo, supongamos, muchas y muchas veces la baqueta y te la están dando por todo lo demás, y de pronto se acabó toda esa pesquería, tú nunca te diste cuenta, nunca supiste que te la comiste. Pero además, nunca supiste que ya no hay porque nunca la viste; entonces no hay una forma tampoco de entender en qué situación están todas estas especies”, agregó Terrazas.

 

“O la otra, la inversa, vas al mercado, vas al súper, vas a los restaurantes, siempre hay marlín, siempre hay mero, entonces tú juras que la abundancia de esas especies es enorme”.

 

Por ello, la organización internacional, propone que sea necesaria una política pública de trazabilidad en el país, que permita identificar el pescado del barco al plato y evite, incluso, la entrada de pesca ilegal.

 

“Es un tema importante, que además impacta al bolsillo, a la salud de los océanos y a los propios pescadores, porque los obligas a pescar más y vender más barato”.

 

Oceana se fundó para promover la protección de los mares a través de la búsqueda de cambios políticos. Sin embargo, también aborda problemáticas actuales como la recuperación de las pesquerías, la promoción de las energías limpias y la creación de áreas marinas protegidas.