AMLO y Mario Villanueva

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POR: SALVADOR RAMOS

En Quintana Roo organizábamos, cada año, las Jornadas Juaristas en homenaje al Benemérito de las Américas. Consistían en conferencias, concursos de oratoria, poesía, cuento y relato, asistían personalidades nacionales e internacionales para analizar los problemas sociales a la luz del pensamiento juarista.

 

Incluso instalamos un Museo Juarista con libros, murales, obras de arte, esculturas, grabados, copias de documentos históricos y concluíamos con un acto masivo en la Plaza de la Reforma, frente a la estatua del indomable indio de Guelatao. El maestro Eduardo Beltrán, destacado artista, enriquecía esta jornada con sus grabados, que reproducíamos para difundir tan importante evento.

 

Esta actividad, la formación de cuadros, el asambleísmo, la división del trabajo sindical en unidades territoriales, la elección democrática de los delegados y de las comisiones para la revisión de contratos, el reparto de utilidades y de propinas…  en fin, teníamos una relación con los empresarios absolutamente transparente, sin pedir ni recibir nada material, cuidando los centros de trabajo y el interés de los trabajadores.

 

Lo mismo con regidores, que con diputados locales y federales, relaciones con distintas fuerzas sociales y políticas, nacionales e internacionales, constituimos la Sociedad Cooperativa Alianza Obrera Campesina S.CL.; abrimos el centro comercial COOP, el más importante de la plaza, una fábrica de tortillas, una planta de materiales de construcción, el centro de adiestramiento para la capacitación técnica de los trabajadores del turismo, nuestra escuela de cuadros sindicales y políticos con intercambio con escuelas similares en América Latina y de otras partes del mundo.

 

Impulsamos el trabajo territorial dentro del estado y prácticamente en todo el país. Sin involucrarnos en negocios, sin extorsiones a trabajadores y empresarios, generando ideas, participando y tejiendo importantes relaciones, y una de ellas fue con Luis Donaldo Colosio.

 

Todo esto, y mucho más, molestaba al dirigente nacional de la CROC, Alberto Juárez Blancas y al entonces gobernador Mario Villanueva Madrid; después, que me postulan al Senado de la República, pero se ponen de acuerdo y tiran la candidatura en plena convención, y pasada la elección nos fabrican delitos, me secuestran y se inicia una persecución orquestada entre el dirigente de la CROC y el Villanueva.

 

Un día, con grupos de golpeadores y policías, encabezados por Isaías González Cuevas, se apoderan de la CROC, golpean y encarcelan a varios dirigentes, destruyen el Museo Juarista y los valiosos libros y obras de arte. Ponen una huelga a la fábrica de tortillas, saquean el centro comercial, y realizan una persecución con nuevos expedientes.

 

Andrés Manuel López Obrador, entonces presidente del PRD, viene a Cancún y yo lo acompaño; el gobernador y los capos, apoderados de la CROC, nos reciben a la entrada del hotel Margarita, en la avenida Yaxchilán, con palos y pancartas, entramos al hotel, rompen vidrios, golpean las puertas, el gerente llama infructuosamente a la Policía… un día antes le llamo a AMLO por teléfono, estaba yo con él y me dijo, “está hablándome el gobernador, ¿qué hago?” “Contéstale, a lo mejor quiere un arreglo Andrés”, le digo. “Voy mañana a Quintana Roo, va conmigo Salvador Ramos”, le dijo a Villanueva y le pidió garantías, el gobernador le dijo que sí, “pero antes quiero invitarlo a desayunar, usted sale a las 10 a.m., lo invito en el restaurante del aeropuerto a las 8 a.m.” Colgando Andrés Manuel me comenta, “yo no me reúno con el cara chueca” −así le decían−; le mandó a Jesús Ortega y Mario Villanueva reaccionó violentamente.

 

Esto es parte de una historia que no termina. Uno ya falleció, otro está preso y varios de los golpeadores, empezando por Isaías González Cuevas, están sentados en la picota, esperando turno de que la justicia los alcance.