La creación de un mito

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Por fuera, el paisaje es de ruinas. De cara al mar, la penosa existencia de un grupo de edificaciones subsiste en esta isla, la mayor del archipiélago de las Marías.

 

POR: Francisco Morales V. / Agencia Reforma

ISLA MARÍA MADRE, Nayarit 23-Mar-2019 .-Por fuera, el paisaje es de ruinas. De cara al mar, la penosa existencia de un grupo de edificaciones subsiste en esta isla, la mayor del archipiélago de las Marías, tras la catástrofe del Huracán “Willa”, ocurrida en octubre de 2018.

 

En un risco sobre las olas, lo que queda de una biblioteca es el recordatorio constante de que el hombre es incapaz de conquistar a la naturaleza: una construcción tubular, derruida, sin ventanas, cuya céntrica escalera de caracol lleva a ningún sitio.

 

Sus cientos de libros, arrojados al mar entre los vientos, son irrecuperables.
Puerto Balleto, donde se encuentra el muelle, es una de la zonas más antiguas de la que, hasta hace menos de un mes, era la última colonia penitenciaria que subsistía en México.
Muchas de sus edificaciones datan de 1905, cuando el Gobierno de México le compró la isla a la señora Gila Azcona en 150 mil pesos de entonces, para construir en ella una serie de cárceles que aprisionaron en sus crujías a más de 45 mil reos.

 

Puerto Balleto tiene una aduana de muros cascados por las fuerzas de la intemperie, una plaza con un busto oxidado de Benito Juárez, una iglesia vieja adornada con tallas de madera hechas por los internos, un hospital en ruinas –sustituido ya por uno nuevo– y una serie de edificios de Gobierno azotados por el huracán.

 

En una cancha de basquetbol junto al conjunto administrativo, los alrededor de 200 trabajadores que quedan en la isla hacen los honores a la bandera, con total naturalidad, sin reparar en las ruinas vecinas.

 

Entre los edificios inutilizados, sin embargo, queda uno en pie con un tímido letrero de madera en su fachada donde se lee “Salón de uso múltiple”. A falta de una biblioteca, o de un archivo histórico, es ahí donde se resguarda la memoria de la isla.

 

Extenso, capaz de alojar a cientos de personas, el salón muestra en sus paredes ocho murales pintados por internos en los últimos años de las cárceles. Como casi todo en las Islas Marías, sin embargo, algunos lucen inacabados.

 

Un mural alusivo al Quijote de la Mancha –el “loco” e idealista libertario– bordea un escenario con un piano. Otro festeja la obra del escritor José Revueltas, condenado a las Islas Marías en dos ocasiones, 1932 y 1934, por su afiliación al entonces clandestino Partido Comunista.

 

El más extenso ocupa dos muros y relata, con minuciosidad, la amalgama de tiempos distintos de la vida carcelaria de la isla.

 

El inicio muestra la efigie de Porfirio Díaz, rodeada de imágenes de los trabajos forzados de los presos de la primera época, a quienes se les muestra realizando trabajos inhumanos, casi en condiciones de esclavitud, en la salina de la isla que todavía subsiste, como muchas cosas, en ruinas.

 

Personajes icónicos de la historia de María Madre, como el propio Revueltas, el mítico Padre jesuita Juan Manuel Martínez “Trampitas”, el peligroso reo “El Sapo” y el actor Pedro Infante, protagonista de la cinta Las Islas Marías (1951), pueblan el paisaje del mural.
El acento de orgullo de los reos está en las actividades productivas que ahí se muestran: la camaronera de exportación, la ganadería, la agricultura y la realización de artesanías, parte de la cartera de oficios de auto empleo que les eran permitidos en el modelo carcelario de semi libertad.

 

En una de las paredes, no obstante, ha quedado sin terminar un mural que plantea la creación de un nuevo mito en la isla: sonriente, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, abre los brazos, como un redentor, sobre un paisaje marino donde un pez espada nada a sus anchas.

 

Cuando esté terminado, entre las olas se podrá leer una frase: “En el País debemos tener más escuelas y menos cárceles – AMLO”.

 

El ex interno Xavier Colmenares, encargado de su diseño, dejó adherido en el muro una hoja con el bosquejo del mural y otra con la sustentación de la obra.

 

“El Presidente de la República es el conciliador en la transición de las islas como centro penitenciario a convertirlo en centro cultural para los infantes”, sostiene el texto de Colmenares.

 

Activamente, la leyenda del Presidente ya se construye en las Marías, en lo que, insistentemente, se tilda como una nueva época y, sí, una “Cuarta Transformación”.

 

Al rendir honores a la bandera, el comisionado del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social, Francisco Garduño, relató una historia de la visita de López Obrador a la isla, el pasado febrero, como si fuera una parábola bíblica.

 

Recién llegado a esas costas, relata Garduño, López Obrador fue abordado por los nueve niños que vivían de forma permanente en la isla, con sus padres presos.

 

“No se me olvida el niño Alvarito, como a todos ustedes, un niño de cuatro años, un niño hermoso que se acercó al Presidente y le dijo el niño: ‘¿Y cómo te llamas tú?’. Y le dijo el Presidente: ‘Andrés Manuel López Obrador'”, contó con emoción.

 

Al ser cuestionado sobre el motivo de su visita, prosiguió Garduño, López Obrador tuvo que explicarle a Alvarito que era el Presidente de la República.

 

“‘¿Entonces tú me puedes dar a mi padre?”, habría preguntado el niño, según la parábola, y el Presidente habría enmudecido y tomado la determinación de preparar proyectos de indulto para algunos de los presos.

 

No sorprendería que esta escena formara parte de un nuevo mural futuro en el salón de uso múltiple, quizá cerca de otra pared en la que ya se puede leer una cita de López Obrador, presuntamente de 2005: “Es extraordinario. Es simbólico que las Islas Marías se conviertan en una isla para los niños”.

 

A la espera de un proyecto que enuncie, con claridad, qué destino darán la Semarnat y la Secretaría de Cultura a las Marías, apenas un cambio se percibe en toda María Madre.
En la pista de aterrizaje en la que arribó el Presidente, un letrero pintado en piedra, relucientemente blanco y con letras negras, ya anuncia el cambio: “Centro de Educación Ambiental y Cultural ‘Muros de Agua – José Revueltas'”.
Un nuevo mito se crea, afanosamente, entre las ruinas.