Oscurantismo del siglo XXI

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El caos generado por este oscurantismo en nuestro país, ha permitido una fuga de cerebros sin precedentes.

 

 

Por: Itser González

A propósito del insólito apagón que sufrió Venezuela durante varios días, y las no menos insólitas causas que les atribuyeron quienes aún detentan el poder en el país, pensé en la oscuridad. En su esencia. En esa sensación de desamparo y aislamiento que genera un corte eléctrico de tales magnitudes.

 

Pero mucho más allá de todas las implicaciones subyacentes a ese evento catastrófico, y habiendo digerido un poco la situación, pensé un poco más allá, me trasladé en pensamientos hasta la Edad Media y en esas cavilaciones, me sumergí en el Oscurantismo, pero no necesariamente por la semejanza de esa palabra con “oscuridad”.

 

El Oscurantismo fue una época dogmática en la que se usaban un conjunto de estrategias para mantener sin instrucción a las clases populares, un modo directo de dominación. Esa oscuridad premeditada se gestó bajo el modo manifiesto de obstaculizar la divulgación de saberes y de manera indirecta al dificultar el lenguaje en las obras escritas, haciéndolo exclusivo para un sector de la población. Aunque el concepto inicial estuvo atado al amparo eclesiástico, se registró un uso ampliado en el tiempo, y para entenderlo, hay que estar claros en el poder e influencia que tuvo la Iglesia sobre los distintos conocimientos y por ende, sobre la moralidad y el “modus vivendi” de las personas.

 

Teniendo claro el concepto de Oscurantismo, extrapolé su aplicación y resultancia con la época actual en mi país, Venezuela, con todo lo que estamos viviendo y padeciendo por causa de este llamado socialismo del siglo XXI, pudiéndolo cambiar perfectamente por el título: Oscurantismo del siglo XXI.

 

Cuando pluralizo, lo hago porque no estamos solos; si bien es cierto que una parte de la población aún no ha sucumbido ante las despóticas prácticas de este nefasto gobierno, también es cierto que una gran mayoría sí está enceguecida por causa de él. Sin embargo, no queriendo hacer una banal aseveración sobre este tema, estuve contrastando las principales características que tuvo el Oscurantismo de la Edad Media con el descarado, criminal y ruin Oscurantismo del siglo XXI.

 

Primero tenemos la restricción del conocimiento. En aquella época, se trató siempre de dejar el conocimiento en manos de una élite y al pueblo en la más simple ignorancia.

 

En estos tiempos, se ha hecho lo mismo pero con algunas modificaciones, se ha hecho creer al pueblo que ha habido una gran apertura educativa con la creación de institutos educativos y programas formativos de veloz captación, pero el “conocimiento” ha sido encauzado por el peligroso rumbo de un feroz idealismo político, una doctrina nutrida de ideales marxista-leninistas y de profunda base dogmática, diseñada para que los participantes sólo conciban ideas de lealtad hacia una utópica ideología liberadora de pretensiones extranjeras, rayando incluso en un nacionalsocialismo semejante al de Adolf Hitler.

 

El Oscurantismo se caracterizó también por la prohibición de la libre expresión. Se circunscribió en la eliminación del pensamiento divergente; en aquel tiempo, las cuestiones públicas e incluso la moral de la vida privada de quienes lideraban a los pueblos no estaban abiertas a debate.

 

En el Oscurantismo del siglo XXI son evidentes las demostraciones sobre prácticas castrantes de la libertad de expresión. Uno de los ejemplos más absurdos ocurrió hace poco, cuando estando de visita en el país una comisión de la oficina de la alta comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, pudo atestiguarse el apresamiento y maltrato de periodistas nacionales y extranjeros.

 

Otra característica resaltante del Oscurantismo fue el Teocentrismo. Los dogmas establecían una jerarquización de origen “divino” que repercutía en las clases sociales. Dios como centro generaba la siguiente organización: el clero en situación privilegiada, luego los señores feudales y por último, los siervos y granjeros, que eran instruidos por los primeros.

 

En este Oscurantismo moderno, el eje central lo representó Hugo Chávez, en una suerte de “chavezcentrismo”. El G2 cubano hizo de ese oscuro personaje casi una deidad. La admiración por su imagen y “corriente de pensamiento” se tornó obsesiva, la devoción ha sido tal que, aun teniendo años bajo tierra, quienes arrogan el poder siguen sacando rédito del legado ideológico instaurado en las masas; su penetración en el subconsciente de un gran porcentaje de la población pasó rasero y muchas clases sociales desaparecieron. El chavismo como centro ha dejado la siguiente organización: los “boliburgueses” en claro privilegio, luego los militares y por último, el  resto del pueblo, que no es instruido sino dominado por los primeros.

 

En el Oscurantismo original hubo un “surgimiento de universidades”, se crearon las facultades de Derecho, Medicina y Teología, que pareciera contradictorio a primera vista, pero el afán religioso encontraba buen asidero en estos centros porque acataban el modelo teocentrista, la educación pertenecía a los sectores más privilegiados.

 

En este Oscurantismo del siglo XXI han proliferado “carreras universitarias” pensadas para retroalimentar las doctrinas socialistas/comunistas, siempre bajo un falso escudo bolivariano y nacionalista, y, contrario al Oscurantismo original, diseñado para los sectores menos privilegiados, mayores en número y de fácil manipulación. Aquí no importa la calidad de la educación, sino que la ideología penetre tanto en la psiquis de quienes la reciben que sea cuesta arriba liberar esas mentes a la luz de criterios propios. Bien lo dijo Simón Bolívar: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”.

 

Otra característica del Oscurantismo lo significaron “las malas condiciones de vida para la población”. La gleba (gente del pueblo bajo) sufría la peor parte de las plagas que tendían a propagarse con facilidad, un caso ejemplar fue la peste negra.

 

En nuestro Oscurantismo, estas malas condiciones de vida están a la orden del día, han reaparecido enfermedades que se creían erradicadas, como la malaria y la tuberculosis. No existe una estrategia orientada a la prevención y mucho menos la voluntad para tales fines.

 

Y finalmente, una característica que nos hace hermanar aquel Oscurantismo con este lo representa la “improductividad”. Fue muy reconocida la falta de producción intelectual y por ende, la improductividad en líneas generales, todo debido al carácter dogmático que imperaba.

 

En este Oscurantismo del siglo XXI es fácil deducir que si se restringe el conocimiento y no hay libertad de expresión, es imposible producir, pues todo parte de la capacidad de los pueblos de generar líneas de investigación para optimizar el aparato productivo y esto deviene de la calidad educativa. Si quienes detentan el poder no permiten que gire esta rueda, Venezuela nunca volverá a ser un país productivo. El caos generado por este Oscurantismo ha permitido una fuga de cerebros sin precedentes.

 

Es así que en un maquiavélico círculo vicioso, esta idea de crear un socialismo del siglo XXI se convirtió al paso de pocos años en caldo de cultivo idóneo para el Oscurantismo del siglo