NIDO DE VÍBORAS

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POR: ALBERTO CHUC

SI VISTE como licenciado, habla como licenciado y hasta camina como licenciado, entonces debe ser licenciado, ¿no?

 

PUES FÍJESE que nanay, porque así como hay bichos que adoptan la forma, la textura y los colores de cortezas de árboles, hojas y hasta flores, en el ecosistema humano también existen seres que se mimetizan entre determinado grupo adoptando la forma, el habla y las credenciales de otra especie.

 

¡Y ESTÁN entre nosotros! Es el caso, al parecer, de los regidores Luis Humberto Aldana, José Luis Acosta, Issac Janix y Luis Pablo Bustamante, quienes chambean en el Ayuntamiento de Benito Juárez bajo el título de “licenciados” sin que lo sean.

 

O AL menos eso es lo que revela el Registro Nacional de Profesionistas, en cuyo listado no aparece ninguno de los lics antes mencionados, pese a que así se ostentan en la página de internet del municipio.

 

CLARO QUE existe la posibilidad de que sean egresados de la Universidad Santo Domingo, en la Ciudad de México, alma mater de muchísimos empresarios y funcionarios de toda pelambre, y por eso todavía no aparecen en el registro oficial de la SEP.

 

ADEMÁS, ¿CUÁNDO se han necesitado grados académicos para ejercer el servicio público? Que a final de cuentas, lo que cuenta, es que desempeñen bien su trabajo, no se les pide más.

 

AUNQUE DE todos modos el presumir lo que no se es, ya sienta un mal precedente y remite a esa palabrita que se deletrea d-e-s-h-o-n-e-s-t-i-d-a-d. Y que conste que los citados son sólo algunos, porque en una primera peinada al citado Registro Nacional, los que aparecen como in-licenciados son ocho en total, que quizá si le rascamos aparecen más.

 

EN FIN, por lo pronto, si tiene que atender algún asuntillo con algún servidor público, no se preocupe en dirigirse a él “licenciado”, puede omitirlo, después de todo es probable que no lo sea.

 

***

AHORA QUE el sargazo se apunta para pasar la Semana Santa y más allá en playas del Caribe mexicano, los esfuerzos por reducir sus efectos negativos vienen de todas partes, desde los hoteleros que pagan cuadrillas para limpiar las playas, hasta audaces emprendedores que hacen pruebas para fabricar diversos productos con sargazo.

 

ENTRE TANTOS esfuerzos hay que añadir el de algunos políticos, como la senadora Mayuli Martínez, quien puso a consideración del Congreso de la Unión una iniciativa para elevar la marea de sargazo a la categoría de desastre natural, no tanto con fines alarmistas sino para agilizar el destino y liberación de dinerito para atender el problema.

 

Y HONOR a quien honor merece, hay que señalar que antes que la panista, la multicolor Marybel Villegas también se sumó a la tormenta de ideas al apoyar una iniciativa −de seis cuartillotas de extensión− en la que se pide anexar una fracción a cierto artículo de la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de Residuos Sólidos, para tratar el tema.

 

AL FINAL, hasta donde sabemos, no pasó nada con ella, pero al leer la hoja de motivos creemos haber hallado por qué: tras afirmar que la llegada masiva de sargazo es una “invasión” que ha superado cualquier expectativa, señala que “en promedio cada día llegan a las costas de Quintana Roo un metro cúbico de sargazo (…) por lo que ya no es suficiente con las brigadas de limpieza para retirarlo”.

 

 

DEBE SER un metro cúbico muuuy grande para que la marea parda sea considerada como invasión; pero no importa, que la multifacética senadora, que no sabemos si sea licenciada pero sí que es todóloga, puede presumir que apoyó una iniciativa de decreto que luce bien en el currículo.