Dos años más de Trump

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POR: Rebeca Rodríguez Minor

Desde la insólita llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, el mundo parece haberse sumido en una agonía política plagada de acciones absurdas, alianzas irónicas, incongruencias y contradicciones recurrentes. Nada es certero; todo se centra en la especulación, los escándalos políticos y las animadversiones infundadas que no permiten comprender hacia dónde se dirige la gobernanza global.

 

Esta penosa condición se percibe mundialmente, por lo que desde el día uno de la administración del magnate norteamericano, muchos han estado esperando el momento de su caída; del impeachment tan anhelado por tantas esferas políticas y sociales que no conciben cómo es que Estados Unidos, siendo la mayor potencia mundial, pudo haber alcanzado tal aberración presidencial.

 

El recuento de lo que Trump ha hecho o dejado de hacer en sus primeros dos años de administración, dan cuenta del sinsentido que se vive actualmente. Este presidente logró llegar al poder gracias a su discurso disruptivo y de rechazo al sistema vigente. Opuesto al status quo, se dedicó a convencer al pueblo de sus intenciones por cambiar al país, ofreciendo más empleos y mejores salarios para los habitantes. Su publicidad engañosa, plagada de populismo y promesas irreales sobre su prioridad por los más desposeídos, lo llevaron al poder. Sin embargo, desde el principio pudo verse la contrariedad de sus palabras, al aprobar leyes que incentivan el mayor enriquecimiento de las cúpulas y poniendo a varios magnates corporativos como miembros de su gabinete, entre ellos el ahora ex secretario de Gobernación, Rex Tillerson, un empresario con nula experiencia política pero con un enorme poder de cabildeo a escala global, al haber sido director de la multinacional petrolera ExxonMobil. Esto explica cómo es que ambos se dedicaron siempre a descalificar y negar de hecho la existencia del cambio climático, y por qué en gran medida, EUA decidió retirarse del Acuerdo de París.

 

Asimismo, cuando todavía era candidato a la presidencia, Trump no tenía reservas al compartir su perspectiva sobre los beneficios que brinda la economía de guerra y una vez en el poder, aumentó el presupuesto para las Fuerzas Armadas un 9.3%, lo que significó el mayor rearme en diez años, ampliando su arsenal nuclear. Así, fuimos testigos de cómo en su intento por incitar infundadamente a la guerra, se dedicó a lanzar mensajes provocativos a Corea del Norte y a la propia China por su inacción con su vecino norcoreano; luego, en un impulso desesperado, sorpresivamente atacó a Siria con 60 misiles crucero, en respuesta a un ataque químico −no comprobado− por parte del gobierno de Bashar al Asad, que mató a decenas de personas. Después extendió las amenazas hasta Afganistán, donde lanzó sin previo aviso la bomba no nuclear más potente de EUA, con el supuesto objetivo de atacar al ISIS. Ni qué decir del cese a las negociaciones previas alcanzadas por Barack Obama tanto con Irán como con Cuba, para flexibilizar la política dura de bloqueo y abrir canales de cooperación hacia la paz y la apertura. Todo quedó en el pasado.

 

A los embates sistémicos, se suman los escándalos personales; los relacionados con su obtención y manipulación de información privilegiada para desacreditar a su adversaria de campaña, Hilary Clinton; sumado a la financiación ilícita en la candidatura para comprar el silencio de dos amantes con quienes el neoyorquino tuvo relaciones ya casado y que le costó la libertad a su abogado. Podríamos seguir infinitamente desglosando las atrocidades de este gobierno.

 

Llevamos dos eternos años esperando que todas las acusaciones en contra del presidente en turno deriven en un juicio político que le quite el mayor cargo de la Unión Americana, por el recurrente mal uso de sus funciones. Lamentablemente, tal parece que eso no va a suceder. Sobre todo ahora que el fiscal especial Mueller, después de dos años de una exhaustiva investigación sobre una supuesta conspiración de Donald Trump con Rusia para ganar las elecciones, concluyera que, a pesar de que sí se dieron noticias falsas por internet y hackeo difundiendo información privada de los demócratas, nadie de la campaña de Trump se coordinó con los perpetradores para hacerlo.

 

Esa investigación era la esperanza de muchos. Hoy, esa esperanza se disuelve en la agonía. Serán, al menos, otros dos años de lo mismo. A aguantar; que no queda de otra.

 

*Rebeca Rodríguez Minor es profesora e investigadora de la Universidad Anáhuac Cancún.