¿Y dónde está la ONU?

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POR:Rebeca Rodríguez Minor

 

En cuestiones de paz, tolerancia, combate a la pobreza, derechos humanos, erradicación de enfermedades, cultura y cambio climático, siempre nos viene a la mente el papel central que juega la Organización de Naciones Unidas (ONU) para ello. No existe en el planeta otro organismo internacional que se encargue de atender todos estos temas de índole global. Se trata de una institución que nació en 1945, justo al término de la Segunda Guerra Mundial, cuando después de la impactante devastación europea y del holocausto, al mundo le quedó claro que la creación de un organismo de este tipo era indispensable para no caer pronto en una tercera guerra mundial de proporciones impensables.

 

Así nació la ONU, con sede en Nueva York, avalada por la membresía en su momento de 50 países, que en su estructura fundacional consideraron manejar seis pilares centrales para el flamante organismo; entre ellos, la Asamblea General, el Tribunal Internacional de Justicia con sede en La Haya y, por supuesto, el Consejo de Seguridad (CS). En los estatutos originarios de este último ente, se pactó que habría cinco naciones con poder de veto en la toma de decisiones: Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia y China, fueron los elegidos para gozar de tan privilegiado poder en las votaciones. Esto se debió básicamente a que estos países fueron los que combatieron y eliminaron a los nazis en la guerra, lo que les valió el reconocimiento internacional para asumir su membresía permanente al CS de la ONU.

 

Desde entonces y hasta el día de hoy, esos cinco países son los únicos con membresía plena y con el poder de veto para tirar cualquier intención unánime que quisiera actuar –o no– en algún conflicto internacional. Esto significa que si la gran mayoría de los países integrantes del CS (15 miembros: 10 temporales y 5 permanentes) votaran a favor de intervenir en algún país en situación de guerra, basta con que una nación con poder de veto lo aplique para que la moción se descarte por completo.

 

Esto ha generado que, a pesar de los crímenes de lesa humanidad que se han vivido por años en naciones como Siria (con una guerra civil en curso que lleva vigente ocho años, con un cálculo aproximado de entre 300 mil y 470 mil vidas perdidas) nada sucede, nadie interviene y el mundo entero, junto con la ONU, somos simples espectadores de tales atrocidades.

 

Ello se debe a la divergencia clara entre las ideologías e intereses políticos y económicos de los cinco miembros plenos dentro del CS. Por un lado, tenemos a Estados Unidos, Francia y Reino Unido a favor de una intervención en territorio sirio. Por el otro, tanto China como Rusia se oponen por sus nexos tan cercanos con el gobierno de Bashar al Assad. Podemos decir lo mismo para el caso de Venezuela. Rusia y China tienen grandes inversiones productivas en el país latinoamericano y han hecho préstamos enormes de dinero al gobierno de Maduro a cambio de petróleo, lo que por supuesto influye directamente en su decisión de no apoyar ningún tipo de intervención internacional. Nuestra nación hermana implota día a día y en la ONU todo sigue paralizado.

 

Los abusos de poder se han hecho presentes a lo largo de la historia en el organismo internacional para la paz. En 2003, cuando George W. Bush decidió unilateralmente invadir Irak argumentando la existencia de armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas, ni probada su existencia, la nación norteamericana contó con el apoyo de Reino Unido, España y Portugal, entre otros. Sin embargo, Alemania junto con Rusia, China y Francia, y la comunidad internacional, se opusieron rotundamente, argumentando que la salida al conflicto debía ser por medio del diálogo y la negociación. A pesar de las amenazas de estos últimos tres países por vetar cualquier intención estadounidense para invadir Irak, y de que oficialmente el CS nunca dio su aprobación ni mandato para la intervención, Estados Unidos invadió el país, fracturando a tal grado su estructura estatal que hoy día siguen sin lograr la estabilidad interna.

 

Se calcula en documentos oficiales la cifra de 109 mil muertos, de los cuales 66 mil eran civiles (entre 2004 y 2009). En los seis años que duró la invasión morían en promedio 31 personas por día; y hoy, el gigante americano sigue gozando de su membresía plena y su poder de veto en la ONU.

 

Apenas ahora nos estamos enterando de un conflicto en África de proporciones globales. Se trata de lo que algunos llaman “La guerra invisible del Sahel”. Una masacre de 160 civiles la semana pasada, en una etnia de Malí, destapó para el mundo lo que está detrás de tanta violencia. Un conflicto mucho más profundo que abarca principalmente tres países: Níger, Malí y Burkina Faso, donde en tan sólo cinco meses fueron asesinadas más de cuatro mil 700 personas. El yihadismo, además del abandono del gobierno, el hambre y la pobreza parecen ser los detonantes de la crisis. Y a todo esto, ¿dónde está la ONU?, ¿cómo va a detenerse esta masacre?, ¿correrá la misma suerte que Siria y Venezuela? Claramente urge una reforma estructural de la ONU, pero para que eso suceda, los cinco miembros plenos tienen que aprobarlo.

 

*Rebeca Rodríguez Minor es profesora e investigadora de la Universidad Anáhuac Cancún.