Zapata cabalga en el olvido

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Por: César Martínez / Agencia Reforma
CIUDAD DE MÉXICO 06-Apr-2019 .-Por el centenario de su asesinato, 2019 fue anunciado por el Gobierno federal como el Año del Caudillo del Sur. La realidad es que los museos, monumentos y placas dedicados al líder campesino, en tierras morelenses, están cerrados, abandonados, olvidados.

 

Zapata vive, la lucha… sólo es memoria.
A 100 años de la muerte del Caudillo del Sur, quien acuda a los museos instalados en Anenecuilco, donde nació, y en Chinameca, donde murió, sólo encontrará puertas cerradas.
Aunque el 2019 fue decretado por el Gobierno federal como el “Año del Caudillo del Sur, Emiliano Zapata Salazar”, los monumentos en su honor se encuentran abandonados. Así, el 10 de abril, cuando se conmemora el centenario luctuoso, se perfila a pasar como una fecha más donde la lucha será memoria.

 

En Cuautla, Morelos, la Plaza Revolución del Sur, en la que se presume que están los restos del caudillo, luce descuidada, varias de las placas de vidrio en las que estaban grabados los nombres de los generales que conformaron el ejército zapatista ya no están y las fuentes que las adornaban no funcionan.

 

Pedro Ángel, empleado municipal encargado del mantenimiento del lugar, explica que el sitio es frecuentado por vagabundos que, ya ebrios, se han caído sobre las placas; mientras que las fuentes dejaron de operar un año después de su inauguración.
En Anenecuilco, donde nació el General del Ejército Libertador del Sur, sólo se pueden observar los muros de adobe derruidos de la casa donde creció Zapata, sin que nadie ofrezca más información. El museo del lugar está cerrado y las personas que vigilan el sitio desconocen cuándo podría reabrir.

 

Mientras que en la plaza principal del poblado el zócalo, que sostiene una estatua de Zapata mirando arriba y a la izquierda, tiene varios mosaicos rotos. Los huecos fueron rellenados con yeso. “Ahorita sólo así, porque ya no alcanzó el presupuesto”, confiesa un empleado.

 

En Chinameca, la ex hacienda en la que Zapata fue asesinado en 1919, tras ser engañado por el general Jesús Guajardo, también está cerrada.

 

En 2011, el entonces Presidente Felipe Calderón inauguró el lugar convertido en el Museo del Agrarismo, que albergaba, entre otros objetos, la silla de montar que usaba el General y los pantalones que llevaba puestos el último día de su vida. Pero el edificio resultó dañado en el sismo del 19 de septiembre de 2017, así que todo el acervo fue retirado y desde entonces permanece cerrado.

 

“Es el reflejo del olvido”, considera Édgar Castro Zapata, bisnieto del también llamado Atila del Sur y quien apenas el miércoles pasado participó en la presentación de una estampilla postal, un boleto del Metro y un billete de la Lotería Nacional con la figura de Zapata.
“Creo que hay que dignificar su lucha hacia los pueblos indígenas, pero también su memoria histórica, vemos la tumba en Cuautla totalmente olvidada y eso resalta mucho porque si está decretado como el año de Zapata por el Presidente debieron haber dignificado la tumba”.

 

Para Castro Zapata, presidente de la Fundación Zapata, el deterioro de los monumentos también refleja cómo los políticos tratan de apropiarse de la lucha de su bisabuelo, pero sólo en el discurso, porque en los hechos quienes siguen la causa son los campesinos olvidados.

 

Aunque quizá ni ellos, como evidencia Manuel Gutiérrez Saldívar, un anciano de Anenecuilco de 83 años, quien presume que su padre, Silvino Gutiérrez Costilla, era “el dedo chiquito” de Zapata, con quien combatió a su lado.

 

“Aunque seamos decendencia (de los revolucionarios) no tenemos ningún beneficio”, dice el anciano productor de caña, frente a los vestigios de la casa de Zapata.

 

“Ahorita ya nos quitaron Procampo, porque somos de riego, nada más va a haber (apoyos) para los temporaleros, de todos modos gracias a Colosio, que dio su vida, ya nos dieron varios años de Procampo”.

 

Ahí, en Anenecuilco no se preocupan por el centenario luctuoso del General, como todos en la zona se refieren a Zapata. Para ellos la fecha importante es el 8 de agosto, el natalicio. En la Ayudantía del pueblo dicen que no harán nada, si acaso una ceremonia el 10 de abril.
En Chinameca es donde se concentrarán las conmemoraciones, por lo que el poblado se prepara, aunque sin grandes aspavientos. A pesar de que la fecha ha generado más interés que otros años, el Comité de Festejos no había recibido hasta el jueves pasado la visita de las autoridades estatales, como ya había ocurrido en años anteriores.

 

Fuentes de la Presidencia de la República confirmaron que Andrés Manuel López Obrador estará ahí, en la entrada de lo que fuera la Hacienda de Chinameca, donde ahora una estatua del General Zapata montado en un caballo con las patas delanteras al aire, a punto de emprender la carrera a todo galope, marca el punto en el que fue baleado. Sin embargo, los pobladores dudaban de la llegada del Presidente y hasta el superdelegado del Gobierno federal en Morelos, Hugo Eric Flores, no sabía nada al respecto.

 

Con sus propios recursos, sin apoyo del Estado o la Federación, los pobladores de Chinameca organizaron un novenario cultural en el que desde el 1 de abril, cada noche, un grupo de danza, corridos o teatro hace una interpretación referente a la Revolución o la muerte del caudillo.

 

“Desgraciadamente, pero orgullosamente, aquí nos toca contar esa historia”, admite Rivera Zúñiga, presidente del Comité de Festejos de Chinameca, en referencia al asesinato de Zapata.

A quien se le pregunte en el pueblo asegura que el 10 de abril habrá una gran fiesta.
“Celebrar la muerte no es fácil”, reflexiona Vianey, mientras le prepara un raspado de tamarindo a un alumno de secundaria en Chinameca, a unos metros de donde mataron a Emiliano Zapata hace 100 años.

 

La comerciante mira la ex Hacienda de Chinameca y recuerda que antes todo estaba bardeado. El jardín de niños en el que ella estudió estaba dentro de esos muros. En ese entonces había un amate muy grande en el que los niños se guarecían del sol y jugaban a que los muertos les jalaban los pies, pues fue usado para colgar a soldados durante la Revolución. Pero el árbol se secó.

 

“Todo cambia, hay mucha historia que ya se perdió”, dice.