Viven ideas de Zapata

57

Ícono agrarista o Atila del Sur; héroe de la Patria o elemento de la cultura pop. La figura de Emiliano Zapata no puede reducirse a una interpretación acartonada de biografía escolar.

 

 

POR: MARIANA MONTES / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- El grito de “Tierra y Libertad” que se enarboló durante la Revolución Mexicana se asocia con una figura central de esta lucha armada: Emiliano Zapata, hombre, caudillo y leyenda.

 

También conocido como el “Atila del sur”, Zapata encontró una muerte violenta y marcada por las balas en Chinameca, Morelos, el 10 de abril de 1919, hoy hace 100 años.

 

En esta fecha, historiadores argumentan que el espíritu de la lucha zapatista por los campesinos y las tierras sigue vivo en la actualidad.

 

Eran los inicios del siglo 20 y Porfirio Díaz, veterano de la Guerra de Reforma, llevaba décadas en la silla presidencial.

 

Es en este tiempo que Emiliano Zapata, nacido en Anenecuilco, Morelos, en 1879, observó de primera mano el llamado problema agrario, señala Laura Bonilla, doctora en historia y profesora de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán.

 

Por “problema agrario” la académica refiere al despojo de tierras que vivieron los campesinos gracias a las políticas porfiristas, que favorecieron a caciques y hacendados. En este malestar comunitario, la exigencia de Zapata era restituir los terrenos a las personas del campo, un grupo social desprotegido.

 

Llegó  1910 y Francisco I. Madero lanzó el Plan de San Luis, en el que propuso un radical cambio político en el País: Porfirio Díaz se tenía que ir.

 

“En el Plan de San Luis vamos a ver una idea pequeña que dice, prácticamente, que se podría abordar el problema de la tierra. Esto engancha a Zapata en la Revolución”, dice la profesora Bonilla.

 

Y es que la trascendencia de la lucha armada no sólo radica en la expulsión de un presidente, explica Jesús Ávila, coordinador del acervo contemporáneo del Archivo General del Estado de Nuevo León.

 

También trae a la mesa demandas sociales y económicas que buscan cerrar la profunda brecha entre ricos y pobres.

 

Tras el triunfo de Madero en las urnas, Zapata consideró que el nuevo mandatario no había atendido la situación de la tierra, así que presentó el Plan de Ayala en 1911, donde delineó la ya mencionada exigencia social.

 

Parecería que las demandas del también llamado “Caudillo del Sur” por fin fueron escuchadas en 1915, cuando Venustiano Carranza promulgó la Ley del 6 de Enero, o la Ley Agraria, que ordenó la restitución de tierras. En la Carta Magna de 1917 también quedó plasmado el espíritu zapatista.

 

“El hecho de que las ideas de Emiliano hayan quedado en el papel ya es un avance, pero el proceso de aplicación se desarrolla muy lento en todo el siglo 20”, dice la especialista Bonilla.

 

“Al final, hubo choques entre Zapata y Carranza, y sería el gobierno de éste el que lo mandaría matar”, señala Bonilla sobre el asesinato del caudillo a los 39 años.

 

Para el historiador Ávila, el legado de Zapata sigue vivo en las luchas actuales de los campesinos.

 

“No se ha garantizado la justicia para los campesinos, basta con revisar la situación en la que viven miles de ellos en la actualidad y, como sabemos, hay una serie de movimientos post revolucionarios, como el de Chiapas, que enarbolan las ideas zapatistas”, afirma.

 

“En la medida en la que haya saldos pendientes, estas ideas siguen vigentes”.