Un Mesías en Palacio Nacional

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El actor llega acompañado por integrantes del Comité Organizador de Semana Santa A.C. y otros participantes de la Pasión, quienes vienen a pedir al Gobierno federal que la puesta en escena sea declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.

Zedryk Raziel Cruz Merino / Agencia Reforma

Cd. de México, México 12-Apr-2019 .-Entra al Salón Tesorería de Palacio Nacional rodeado de cortesanos que lo consideran el salvador de su pueblo. Los fieles se abren a su paso, pero otros se atraviesan para tomarse una foto con él. Su andar es lento, también el tono de su voz. Se acerca al estrado desde donde se dicta el discurso matutino de cada día, que, como la palabra en misa, busca definir el orden del mundo. Le piden hablar, quieren escuchar su voz.

Pues el Mesías está en Palacio Nacional.

Su nombre real es José Antonio Reyes Reyes. Tiene 23 años y nació en Iztapalapa. Vino vestido como Jesús, el Hijo de Dios, a quien representará en el Viacrucis de Semana Santa, tradición popular que este año cumple 176 años.

“Gracias a Dios, me dieron la dicha de tener este papel”, comenta. “Para mí es una felicidad inmensa, no hay palabras que puedan describir todo lo que siento”.

El actor llega acompañado por integrantes del Comité Organizador de Semana Santa A.C. y otros participantes de la Pasión, quienes vienen a pedir al Gobierno federal que la puesta en escena sea declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.

La cruz que José Antonio va a cargar la próxima semana durante horas pesa 95 kilos. En cinco meses de preparación, cuenta, ha tenido que memorizar 50 hojas de diálogos. Al final, como se sabe, deberá morir en esa misma cruz por culpa de los que no saben lo que hicieron. “Padre, perdónalos…”, dirá entonces, pero ya será demasiado tarde.

Y, sin embargo, José Antonio se siente en paz. Además de haber nacido en uno de los ocho pueblos originarios de Iztapalapa, no tener tatuajes y no estar casado, tuvo que cumplir otro requisito para obtener el papel del Mesías: ser bueno.

“Tienes que ser buena persona con toda la comunidad, o sea, no tener malicia”, explica.

El arribo del salvador a Palacio Nacional ha traído ya algunos milagros, diría la Alcaldesa de Iztapalapa, Clara Brugada.

“Es la primera vez en la historia de Iztapalapa que los pueblos originarios de esta ciudad pueden pisar Palacio Nacional para hacer la solicitud de una demanda histórica”, celebra.

Por aquí está también Poncio Pilatos, un tanto avergonzado por tener el rol del que condena a muerte al Hijo de Dios.

“Poncio Pilatos es el que se lava las manos y da la sentencia en cierto modo, eso es, yo creo lo más fuerte de este papel, porque yo soy el que lo sentencio, lo mando a azotar y crucificar”, dice Alfonso Reyes Ramírez, de 49 años, quien ahora personificará al gobernante romano.

Desde los 10 años ha participado en la Pasión de Iztapalapa. Ha sido ya nazareno, soldado romano, pregonero, capitán y apóstol. Y también, en casi 40 años de histrionismo callejero, le ha tocado ser el rey Herodes, el conspirador Caifás y el ambicioso Judas.

“Para mí, el papel más fuerte que he hecho ha sido el de Judas, que es lo opuesto de Cristo: es un traidor”, define.

–¿Qué se siente ser el más odiado?

“A veces uno se adentra demasiado y la gente se posesiona, pero es una representación y es algo que uno lo tiene que hacer, ¿no?, ahora sí que Poncio Pilatos seré dos días, jueves y viernes, y ya después hay que seguir la vida normal.

“Pero sí es feo porque la gente te grita, te agrede verbalmente, porque no sabe la gente que es una representación: somos dos días famosos y la vida sigue, pero igual la gente te ve y te dice: ¡Judas!, ¡Pilatos!, ¡Herodes!, y todo eso”, lamenta.

Los integrantes del Comité Organizador de Semana Santa A.C. trajeron a Palacio Nacional, como obsequio, una corona de espinas hecha con madera de huizache. Pero no será el Mesías nazareno el que reciba el regalo, pues está dirigido a otro destinatario: el Presidente Andrés Manuel López Obrador.