La vida es un algoritmo,“a veces ocurre y a veces no”

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Por casi 30 años, la maestra Xóchitl Carmona ha laborado en el sistema nacional de institutos tecnológicos de la Secretaría de Educación Pública.

 

 

POR: MARCO ANTONIO BARRERA

CANCÚN, Q. ROO.- Xóchitl es ingeniera en informática y su vida ha sido un algoritmo, con ecuaciones, variables y resultados, a veces predecibles y otras veces inesperados. Su vida ha girado en torno a la educación pública, antes que la familia. No se arrepiente, dice que no ha fallado a su trabajo ni a los suyos.

 

Su vida ha transcurrido desde hace casi tres décadas en el Tecnológico Nacional de México de la Secretaría de Educación Pública. Fue docente, jefa de departamento, subdirectora, directora y comisionada para auditar gestiones, suplir ausencias y resolver situaciones álgidas en momentos de convulsión.

 

Es originaria de la ciudad de Durango. Su padre es ingeniero agrónomo que laboró en la entonces Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos y ahora está en retiro, dedicado a la siembra de maíz y frijol. Su madre, ama de casa, mantuvo siempre el gusto por la costura.

 

La maestra Carmona dirige el Instituto Tecnológico de Cancún desde 2016, cuando llegó a este destino de playa para presenciar el nacimiento de su primera nieta, pero a los tres días ya estaba a cargo de una institución educativa con una matrícula de más de tres mil 400 alumnos.

 

Su arribo a este destino de playa fue resultado de un trabajo docente que inició en Sahuayo, Michoacán y en Ciudad Guzmán, Jalisco, que compaginó como presentadora de televisión y locutora de radio, en los que elaboró programas de expresión tecnológica. También hizo conducción de certámenes de belleza y fue editora de publicaciones.

 

Su primer ciclo profesional lo cerró al regresar a su alma máter, el Instituto Tecnológico de Durango, del que partió ocho años antes, en el que tuvo oportunidad de poner en práctica su vocación de servicio, en el Club Rotario Acción en su ciudad natal, del cual fue presidenta y cuyas actividades compaginó con la docencia.

 

Es la mayor de cinco hermanos, madre de dos hijas y abuela por segunda vez. En la última década fue el despertador, vía remota, de sus hijas, cada día a las 05:40 horas. Fue una forma de mantenerse unidas ante la separación que provocó sus actividades. “Nos hablábamos mientras ellas caminaban rumbo a la escuela, es que no podía estar con ellas”, reconoce.

 

Ello, porque Xóchitl prosiguió su trayectoria laboral en el sistema educativo que la vio egresar. Cuando salió de Durango fue subdirectora en León, Guanajuato y, después, directora en San Juan del Río, Querétaro.

 

Los cambios de residencia le pasaron pronto la factura con sus hijas. “La exigencia era que su mamá las dejara terminar un nivel educativo en un mismo lugar”.

 

Comenta que fueron muy nobles con ella. “Cuando me fui a San Juan del Río, ellas se quedaron en León mes y medio. Antes de cambiar nuevamente su lugar de residencia, la hija mayor veía por la pequeña”, mientras la académica cumplía con sus asignaciones. En ese inter, una vecina alimentaba a sus hijas, otra las llevaba a la escuela y una tercera las regresaba a casa. Mientras, “yo las encomendaba a Dios”, señala.

 

Recuerda que asumir su primera subdirección en León impidió ver cantar a su hija en el festival del Día de la Madre. “Nos llamamos por teléfono y lloramos. Son anécdotas que hemos tenido que vivir forzosamente”.

 

Advierte que “nuestro sistema es grandioso, somos 266 tecnológicos en todo el país y poder aportar es una gran satisfacción y responsabilidad”, de ahí que su travesía profesional prosiguió por las ciudades de Veracruz, Pachuca, Aguascalientes, Tláhuac, Costa Grande y Tuxtla Gutiérrez, además en poblaciones de Tabasco, Guerrero y Oaxaca.

 

Su gusto por la informática nació en una charla con un joven mexicano talentoso, el más joven que ha tenido un alto cargo un banco norteamericano y que, después, laboró en la Agencia Central de Inteligencia del gobierno de los Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés).

 

“Me platicaba mucho de las tecnologías y cómo organizaba la información y hasta dictaba mis cartas a una computadora. Me surgió un interés y me llamó la atención. Después entró a trabajar a la CIA y me platicaba de un correo que se trabajaba de manera electrónica, era más la emoción para mí”, comparte. En aquel momento tuvo que decidir entre ingeniería electrónica o informática, y optó por la “más fácil”, y así lo hizo.

 

Recuerda que su hija mayor se graduó como arquitecta y llegó a Cancún a trabajar. Aquí conoció a su novio y se casó. A su yerno lo conoció el día de la boda. “Es el precio que hemos tenido que pagar, ha sido fuerte, incluso un divorcio”, aunque aclara, “no fue porque yo anduviera de un lugar a otro”.

 

Hace tres años, su hija la llamó para que viera el nacimiento de su primer nieta. A diferencia de otros años, esa vez lo intentó, pidió un año sabático o al menos un semestre, pero ambos le fueron negados. Pese a todo, logró unos días para visitar este destino de playa, del que partiría a una nueva comisión. A Cancún llegó con su maleta lista para atender nuevas asignaciones.

 

Al tercer día de estancia fue notificada que tomaría posesión de la dirección del Instituto Tecnológico de Cancún. “Todo me dio vueltas, yo venía a ver mi hija”, expresa. El año sabático duró apenas tres días pero aceptó el cargo, sin que su segunda hija supiera que no regresaría. “Sabe uno cuando llega pero no sabes cuándo te vas”, reflexiona.

 

Finalmente, vio nacer a su nieta, la razón de su viaje. De eso ya pasaron tres años y ya hay una segunda nieta. Pese a tenerlas cerca las ve muy poco, a veces una vez al mes. “Pero estoy bendecida de tenerlas cerca, aunque no las vea tan seguido”, comenta. A su otra hija, la que dejó en el centro del País, la ve cada año. Así sucedió en diciembre pasado. Pese a todo, asegura que el balance es positivo.

 

Xóchitl realiza una introspección y aclara que su vida es justa, aunque tenga reclamos por su ausencia. “Me siento muy contenta, en un momento decidí ser un ejemplo de dignidad para mis hijas y la vida me fue llevando. Veo en mis hijas jóvenes líderes, responsables, maduras. No podemos vernos, pero estamos comunicadas”, reitera.

 

En entrevista con Luces del Siglo, considera que los principios de la informática aplican también en su vida diaria. “Es como hacer un algoritmo para tomar decisiones, con plan de trabajo A y B. La vida es un paso a paso, una receta, a veces se trabaja para que suceda una cosa y no se da. Si pasa, que bueno y si no, volver a intentar, una y otra vez”.

 

Asegura que con sus hijas tiene un pacto de crecimiento y responsabilidad, mediante el cual se impulsan y todas actúan a favor de todas. “No siento haberlas defraudado, ni ellas a mí. Todo esto, nos ha dado la posibilidad ser mujeres fuertes e integrales frente a retos y circunstancias”.

 

Y agrega: “Aprendimos a ponernos en los zapatos del otro y, sobre todo, que a una persona exitosa no todo le va bien”.

 

En lo personal, considera, “me siento satisfecha. Profesionalmente hago lo que me gusta y en la vida, primero, tenemos que hacer lo que nos gusta”.

 

Menciona que es Rotaria de corazón, aunque no activa, pero la razón de ser es el servicio y “siempre que puedo ayudo”, concluye.