Para Cancún fue crucial la UniCaribe en profesionalización, conocimiento y cultura

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Es licenciada en Relaciones Internacionales por la UNAM con maestría por el CIDE. Todos sus maestros aportaron mucho en su vida, reconoce.

 

 

POR: MARCO ANTONIO BARRERA

CANCÚN, Q. ROO.- Es Ana Priscila Sosa, hija de economistas y de la educación pública. Fue universitaria desde que tenía 12 años de edad y siempre pensó que se dedicaría a la vida académica. “Estoy en eso desde entonces”, reconoce.

 

Es rectora de la Universidad del Caribe (UniCaribe) y está convencida que la educación pública universitaria cambia vidas, transforma familias y engrandece a la sociedad.

 

Con ella son seis hermanos y convivir con una familia grande le dio oportunidad de también aprender mucho, especialmente en cuestiones de colaborar, ser sensible a los problemas de los demás y resolver conflictos.

 

Es licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y maestra por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Dice que todos sus maestros aportaron mucho en su vida, aunque recuerda el conocimiento que le brindaron personalidades como el internacionalista Carlos Rico Ferrat, el investigador José Miguel Insulza y el economista Luis Alberto Larraín.

 

En su alma mater aprendió la pluralidad de pensamiento y la responsabilidad en la vida, además tener la oportunidad de escuchar a intelectuales destacados, de la vida literaria o de la política, a los que podía acceder con facilidad. “Fue un agasajo tener en la Universidad a Juan José Arreola o a Pablo González Casanova”, recuerda.

 

Sin embargo, dice que quizá no aprovechó su presencia como ahora lo haría, al máximo, pero que esa etapa de su vida fue muy interesante.

 

El mayor aprendizaje lo obtuvo de sus padres, más allá del gusto que le heredaron por la lectura. Ambos fueron de las primeras generaciones de economistas que se graduaron en la Máxima Casa de Estudios del País.

 

De su padre recuerda su perseverancia. Quedó huérfano desde pequeño y tuvo que dejar truncos sus estudios de primaria pero sacar adelante a su hermana. Con el tiempo se recuperó, terminó su educación básica y culminó su carrera universitaria. Cumplió un sueño al trabajar en el área de Comercio Exterior del Banco de México, de cuya institución se jubiló.

 

Su madre, también economista, fue la primera ecologista que conoció. Separaba y reciclaba papel, periódico, vidrio y plástico. Tenía un jardín con plantas de ornato y hortalizas, además que hacía composta. Resalta que le inculcó el concepto de equidad y la igualdad de derechos, oportunidades y responsabilidades entre niñas y niños, entre mujeres y hombres. Recuerda también su filantropía, al apoyar distintas causas, como una casa de niños huérfanos.

 

La maestra Sosa Ferreira dice que siempre se vio terminando una carrera profesional, nunca tuvo duda. También,  trabajar con ímpetu, no sólo por su desarrollo personal sino para devolver a la sociedad todo lo que le obtuvo de la educación pública. De ahí comenzó su vocación de servicio.

 

Comparte que el sistema educativo del pasado era distinto, había más disciplina y un manejo muy fuerte de autoridad. De eso también aprendió, lo trasladó y aplicó cuando fue madre.

 

De aplicar restricciones a la libertad de los jóvenes, dice que no es el único mecanismo para transmitir disciplina y responsabilidad. Se logra también con dar  esa misma libertad para asumirla con responsabilidad, tal como lo vivió.

 

Recuerda  que fue universitaria desde los 12 años al integrarse a un modelo educativo en que la secundaria y preparatoria cohabitaban un mismo espacio. En aquel momento las calificaciones se enviaban por correo y tardaban en llegar hasta un mes. “Ya en la Universidad dependía de mí tomar o no tomar clases”, de ahí que, al igual que su etapa anterior, tomó con seriedad su formación superior.

 

De su vida profesional, indica que en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM laboró en el Sistema de Universidad Abierta, apoyando la elaboración de material didáctico para el estudio independiente entre alumnos. “Esto reforzó mi idea de trabajar en el área Académica”, apunta.

 

Tomó la decisión de interrumpir su labor académica un año y medio por el desarrollo y nacimiento de su hijo. Después se reincorporó al CIDE como profesora e investigadora.

 

De aquella etapa, reconoce y agradece al doctor Rico Ferrat por todo el conocimiento que le compartió, pero también por los proyectos académicos que vivió con José Miguel Insulza, ex  secretario de la Organización de Estados Americanos, y Luis Alberto Larraín, ex embajador de Chile en México, en el Instituto de Estudios de Estados Unidos. En esa institución participó en investigación, sus procesos y resultados, y que dejó para realizar una maestría en el CIDE y, después, reincorporarse a esa institución como profesora-investigadora.

 

Dice que a Cancún llegó en 1988 y que fue por decisión familiar. Aquel momento lo considera un periodo de reacomodo en el que no había mucha vida académica, hasta dos años después que impartió cátedra a nivel licenciatura; antes, lo hizo en el nivel preparatoria”.

 

Recuerda que con Marisol Venegas, ex coordinadora del programa de turismo de La Universidad La Salle, habló de la importancia de la investigación en turismo. De aquella charla se conformó el Instituto de Investigaciones Turísticas en esa Universidad, en la que además, fue coordinadora de investigación en temas como perfil del turista y en educación continua.

 

A finales del siglo pasado, cuando se estableció la Universidad del Caribe, como universidad pública, “supe que quería estar ahí”. Lo hizo de manera parcial, seis meses primero, alternando con su labor en La Salle, hasta que se integró de tiempo completo.

 

Fue pionera desde su inicio y diseñó el programa educativo de Turismo Sustentable y Gestión Hotelera, al que dio un enfoque innovador que ha persistido y que es la línea dominante en todos los programas, por su óptica de sustentabilidad. “Es un programa del que estoy orgullosa”, refiere.

 

Se legado ha derivado en la especialización de programas, como administración hotelera, planeación turística y turismo alternativo, los cuales se preparan para hacer tres carreras distintas. Uno de ellos, el primero ya, fue Turismo Alternativo y Gestión del Patrimonio.

 

Desde 2017 fue invitada a hacerse cargo de la rectoría. Está convencida de la función tan importante que cumple la educación pública universitaria. Cada que logra conocer un poco más de la vida personal y estudiantil de algunos estudiantes y egresados “me convenzo más de lo importante que es la vida universitaria”.

 

La maestra Sosa Ferreira asegura que la Universidad va influir mucho en la sociedad siempre. Refiere que la sociedad mexicana desconfía mucho de las instituciones de gobierno o de seguridad, pero confía en la educación superior. Igual que en el País, ocurre en Cancún.

 

Recuerda que cuando nació la Universidad del Caribe, el estado estaba en el último lugar nacional de su capacidad de absorción de estudiantes de preparatoria que querían hacer estudios superiores. La mayoría debía salir o trabajar o matricularse en las privadas.

 

La UniCaribe dio respuesta a una necesidad sentida de la sociedad. Para Cancún fue crucial, dada la creación de un nuevo espacio para la formación profesional, de cultura, diálogo y seguridad, accesibilidad al conocimiento y experiencia, en ámbitos tan distantes como la política y la salud. Su nacimiento fue muy relevante, resalta.

 

No obstante, reconoce que también lo fue la creación de la Universidad Tecnológica de Cancún. Sin embargo, dice que “aún estamos en los últimos lugares, no en el medio siquiera, de esa capacidad de absorber necesidades de inscripción de educación superior”, por lo cual debe seguirse trabajando.

 

Asegura que la Universidad debe tener una mayor cobertura al incrementar la matrícula pero, tan importante como eso, es brindar una formación de calidad, lo cual “debe quedar fuera de duda”.

 

“Debe ser un espacio en que los profesores están en número suficiente y tengan la calificación, las habilidades docentes, de formación, y nivel suficiente para atender con calidad a los estudiantes”, precisa.

 

Insiste en que debe haber un equilibrio entre profesionales que estén viviendo las actividades de las cuales imparten, con el propósito de que lo transmitan en forma adecuada.

 

Además, considera que se deben tener instalaciones y equipos adecuados. “Todo eso implica hacer bien el trabajo para brindar una educación de calidad”, concluye.