INFORMACION 4T

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POR: JUAN GÓNGORA

Los medios de información significan una interpretación de la realidad. Pocos medios logran un punto de equilibrio entre lo que se debe decir y están obligados a decir. Muchos consideran que es correcto que los medios tomen partido para que existan alternativas de verdad, de las cuales siempre estamos inundados, aunque con diferente fuerza y muchos métodos para que la información destaque, se diluya, se omita o de plano cambie su interpretación…

 

Aun los mejor enfocados en informar enfrentan el problema de un contexto que siempre es antagónico y puede presionar de muchas maneras, comenzando con la más directa, la comercial, aunque esto obviamente se escala a lo social, político e ideológico.

 

Siempre los medios más importantes son conservadores y tratan de mantener el sistema establecido. Y a su vez, los locales, fuera de su área de influencia, están sometidos a una estrategia global que presenta información del mundo a la medida.

 

Para los enterados esto no es nuevo y tiene sus mejores autores y críticas desde hace más de cincuenta años. Sin embargo, el grueso de la sociedad o de los diversos grupos que la integran no lo sabe.

 

Las redes sociales, sede de la vacuidad, lo superfluo y banal en lo cotidiano, aunque son útiles en la convocatoria, punto de vista y oportunidad, tienen una veta de análisis para aquellos que perfeccionan la oferta o la dominación. Es claro que para los opositores son medios efectivos para destacar sus actividades.

 

Hay quienes piensan en su magia y les dan un valor en la promoción de un candidato y en el incremento de su aceptación. Yo me ubico con los que creen que se trata solamente de un canal. Un candidato se gana un lugar en redes por su planteamiento, acciones e imagen que lo preceden. La gente lo prefiere porque está de acuerdo con lo que propone, porque se identifica con él o quiere un cambio.

 

No podemos soslayar la capacidad de impactación del medio, pero éste causa efecto en sus seguidores que establecen una base fija y otra que se mueve según las circunstancias. Donald Trump es un claro ejemplo. La base de población que lo apoyó desde un principio continúa haciéndolo, a pesar de sus desafortunados mensajes –para sus antagónicos- en redes sociales y otros medios.

 

Cuando se establece el campo de batalla digital, es tan efímero que sólo hay cabida para golpes fugaces. Los razonamientos quedan fuera. Las escaramuzas se establecen como en un partido de futbol: se contratan mercenarios digitales para atacar y contratacar. A final de cuentas, el público que defiende a uno u otro equipo saldrá con su misma camiseta, dispuestos a escuchar sólo lo que es favorable y listos para insultar al contrario.

 

Cuando los gobiernos opositores ganan sus competencias democráticas, los medios alternativos y las redes sociales se vuelven sus canales favoritos y necesarios. Todo el aparato de gobierno encuentra en ellos la mejor salida a sus mensajes y todavía tiene el recurso de agrupar a medios convencionales que se hallen bajo su dependencia, como podrían ser radio y televisión del Estado. Sin embargo, toda esta construcción y este modelo, que en papel se ve maravilloso y poderoso, no encontrará trascendencia si el contenido no es el adecuado, o sea, que se encuentre en los diferentes niveles de entendimiento y en lo que los oídos deseen escuchar.

 

Jesús Ramírez, encargado de esta épica tarea, se reunió en días pasados con todos los enlaces de comunicación de dependencias federales, donde se entregó el Manual de Comunicación Social del Gobierno de México, instruyéndolos sobre su enfoque y actuación. Su principal propósito: generar una comunicación dirigida a todo el pueblo de México con la finalidad de “la unión del pueblo y gobierno en la transformación del país y se propone crear una narrativa enfocada en la gente para comunicar de forma adecuada, objetiva y austera, las obligaciones, políticas, programas y logros del gobierno de México”. Aquí se explica cómo debe hacerse en sus lineamientos centrales. El objetivo son 50 millones de personas entre 18 y 65 años que viven en la República y en el extranjero.

 

Será todo un reto lograrlo y, de hacerlo, constituirá un paradigma digno de estudio y legado en la comunicación social, yo diría que incluso a nivel mundial. Pero existe un gran océano que hay que atravesar: el del contenido. Generarlo en los niveles adecuados de entendimiento, coordinarlo, dosificarlo, emitirlo trabajar con la retroalimentación y luego, el manejo de las partes difíciles de todo el significado, cuando las respuestas a situaciones no son razonables, controversiales, creíbles o sustentables.