Enfrenta Dos Bocas 3 retos estructurales

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Ayer inició la obra; especialistas cuestionan viabilidad

 

 

Por: MARLEN HERNÁNDEZ / AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- “Ya declararon que va a costar más de lo que teníamos estimado y ésa fue la nota, la contraparte. Aprovecho para decir que va a salir la refinería en 8 mil millones de dólares y hasta podemos ahorrar, pero queda constancia, todo está grabado, son desafíos, son retos, a ver quién tiene la razón”, fueron las palabras del presidente Andrés Manuel López Obrador el pasado 14 de mayo.

 

El jefe del Ejecutivo hizo referencia a los cálculos de la calificadora Moody’s, que estimó que la refinería de Dos Bocas podría costar 12 mil millones de dólares, 50 por ciento más de lo presupuestado por el gobierno federal.

 

Esa calificadora no ha sido la única que ha advertido acerca de sobrecostos en la refinería cuya primera piedra se colocó ayer.

 

La licitación por invitación directa del mismo gobierno fue declarada desierta porque las cuatro empresas que se inscribieron -con amplia experiencia internacional- cotizaron entre 10 mil millones y 12 mil millones de dólares la obra.

 

Además, todas señalaron que no se podría terminar la obra en tres años, como lo afirma AMLO.

 

Un análisis de Citibanamex también situó el costo en 12 mil millones de dólares y la calificadora HR Ratings calculó una inversión necesaria de 10 mil 530 millones.

 

Hasta un estudio del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) estimó que Dos Bocas sería un proyecto inviable que terminaría costando 14 mil 740 millones de dólares.

 

Casualmente, Héber Cinco Ley, quien era director del IMP, presentó su renuncia un día después de que se diera a conocer ese estudio, mismo que ya no aparece en el sitio del Instituto.

 

Entonces, ¿puede la refinería construirse con el presupuesto y tiempo que asegura AMLO? De acuerdo con especialistas consultados, la respuesta es un rotundo “No”.

 

Tres retos estructurales pueden provocar que Dos Bocas cueste y tarde mucho más.

 

 

LA DIETA

Al crudo que se procesa se le conoce como “la dieta” de la refinería, y el petróleo mexicano presenta dos grandes retos: es muy pesado y tiene un alto contenido de azufre.

 

Este año, Pemex ha tenido una producción de crudo para su consumo interno y la exportación de mil 671 millones de barriles diarios, de los cuales el 63 por ciento ha sido pesado y el 29 por ciento ligero, y sólo 8 por ciento superligero.

 

Así, la dieta de Dos Bocas sería básicamente de crudo pesado.

 

“Entre más pesado el crudo, se requieren más procesos para obtener un mayor volumen de combustibles y mayor es la inversión”, señaló Ramsés Pech, especialista del sector energético y miembro de la firma Caravia y Asociados.

 

Al procesar petróleo pesado, éste genera alrededor de 40 por ciento de subproductos de muy bajo valor en el mercado, como coque, aceites y combustóleo.

 

Por ello, para incrementar el volumen de salida de productos como gasolina diésel y turbosina se requerirá la instalación de una coquizadora.

 

Pech apuntó que sólo con la coquizadora se lograría producir 57 por ciento de gasolinas, 34 por ciento de diésel y turbosina, y sólo 9 por ciento de otros subproductos.

 

Gonzalo Monroy, director de la consultora energética GMEC, consideró que, en promedio, con los precios del acero y aluminio de hoy, una unidad de coquización costaría alrededor de mil 100 millones de dólares.

 

Por otro lado, el crudo pesado tiene un alto contenido de azufre, por lo que también se requiere la construcción de unidades de desulfuración para obtener los niveles en los combustibles que vayan de acuerdo con los requerimientos internacionales, refirió Ixchel Castro, gerente en Refinación y Petróleo para la Región de América Latina de la consultora internacional Wood Mackenzie.

 

De esta manera, suponiendo que todo sale bien, la coquizadora y la desulfuradora agregarían entre 30 y 40 por ciento al costo total proyectado, según los expertos.

 

“A nivel global”, apuntó Castro, “la construcción de una refinería para un crudo como el mexicano costaría por lo menos 20 por ciento más respecto a una para crudo ligero.

 

“Sin embargo, en América Latina esta diferencia ha sido mucho más alta”, afirmó.

 

 

EL TERRENO Y LA REGIÓN 

El segundo elemento estructural que impactaría la inversión es la localización geográfica, así como las características de los terrenos y climáticas de Dos Bocas, en Tabasco.

 

Gonzalo Monroy, consideró que al tratarse de un sitio húmedo y con altas temperaturas, los costos de un insumo importante como es el aluminio se elevarían hasta cuatro veces al requerirse aleaciones especiales que resistan las condiciones del ambiente.

 

“Para dar un ejemplo, las tuberías y otras instalaciones de aluminio tendrían una vida útil de 25 años en otros lugares como Tula, Hidalgo, pero en Dos Bocas, por el efecto corrosivo, el aluminio tendría una vida útil de apenas siete años.

 

“Por ende”, agregó, “se tendrían que manejar aleaciones especiales muy costosas”.

 

Asimismo, la obra hidráulica, tanto para el drenaje como para evitar las inundaciones, sería muy importante y también costosa, consideró el especialista de GMEC.

 

Explicó que el área de construcción era anteriormente un manglar que funcionaba como una barrera natural para evitar inundaciones, por lo que el desmonte provocará que el agua invada el terreno y sus zonas aledañas.

 

“Lo recomendable sería hacer un rompeolas, además de dragar la dársena que está en la laguna, para poder tomar barcos de mayor envergadura”, señaló.

 

“Gran parte de la preparación del terreno pasa por reforzar el terreno aledaño a la laguna para que tenga mejor resistencia ante el peso de las instalaciones”, añadió.

 

Como referencia, la inversión requerida para la construcción de un rompeolas para el puerto de Veracruz fue de alrededor de 123 millones de dólares.

 

Un factor extra se referiría al drenaje necesario en un terreno con las características al de Dos Bocas.

 

“El terreno de una refinería idealmente debe tener una pendiente para disponer sus fluidos y para cuando llueve”, explicó un analista que solicitó el anonimato.

 

El problema es que el terreno de Dos Bocas tiene pendiente cero.

 

“Tendrían que elevar el terreno muchísimo, lo que podría elevar el costo total hasta el doble”, apuntó.

 

John Padilla, director general IPD Latin America, consideró que el área promedio requerida para una refinería del tamaño propuesto para Dos Bocas sería de 697 hectáreas, casi el doble de lo que se tiene disponible para el proyecto de AMLO, de sólo 380 hectáreas.

 

Respecto al manejo de la lluvia, el nivel de precipitaciones de Tabasco debiera también prender alertas respecto al costo de la construcción.

 

En los últimos cinco años, esa entidad es la que tiene mayores lluvias en el país, con un promedio anual de 2 mil 110 milímetros anuales, según reportes de la Conagua.

 

 

EL MERCADO

Desde el punto de vista económico, los especialistas también advirtieron que el mercado más cercano que podría atender no justifica la construcción de una refinería del tamaño planteado por el gobierno federal.  Ramsés Pech explicó que la refinería de Dos Bocas generaría, de acuerdo con el plan de AMLO, alrededor de 155 mil barriles diarios de gasolina y 92 mil barriles de diésel.

 

Otros 53 mil serían de otros petrolíferos, para sumar un total de 300 mil.

 

Dada su localización, lo ideal sería que atendiera la demanda de combustibles de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo, pero la demanda conjunta de esos cinco estados, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Energía, es de apenas unos 60 mil barriles diarios de gasolina y 23 mil barriles de diésel, por lo que los excedentes tendrían que enviarse a zonas más alejadas, implicando muchos mayores costos de logística.

 

“Una refinería de 100 mil barriles (entre gasolina y diésel) sería más adecuada, porque por medio de pipas y ductos que ya se tienen se podría abastecer gran parte de la demanda de estos cinco estados”, señaló Pech.

 

“Para una refinería de unos 247 mil barriles (entre gasolinas y diésel) se tendría que considerar la construcción de ductos para llevar los combustibles hacia donde está la mayor demanda (fuera de la región). Yo podría calcular que esto aumentaría el costo en unos 3 o 4 mil millones de dólares”.

 

Monroy indicó que el dinamismo de la zona es poco atractivo comparado con el de otras zonas de México.

 

“La región del Sureste tiene una demanda prácticamente plana en combustibles. La región de la Península, más Tabasco y Chiapas, crece apenas por arriba del 1 por ciento anual”, detalló.

 

“En cambio, la demanda en el llamado “Corredor NAFTA” (Querétaro, Aguascalientes, San Luis Potosí, Guanajuato y Jalisco) crece a una tasa promedio del 4.5 por ciento.

 

“Ciertamente, Dos Bocas no atiende la demanda donde realmente se necesita, que es el centro del país”, alertó.

 

Adrian Duhalt, especialista en energía del Baker Institute for Public Policy en Rice University, también señaló que la ubicación más conveniente sería la más cercana posible a las zonas de consumo, para así evitar el huachicoleo, algo prioritario para el gobierno.

 

“Entre más largo sea el desplazamiento de la gasolina o diésel, va a ser más riesgoso o costoso vigilar el transporte. En el caso de la gasolina hay mayores incentivos para robarlo porque hay un amplio mercado.

 

“En cambio”, señaló, “si los huachicoleros se roban crudo, no tendrían dónde venderlo”, explicó Duhalt.

 

Monroy, de la consultora GMEC, también habló sobre el mismo punto.

 

“Han surgido algunas alternativas, como subir por buque-tanque la gasolina de Dos Bocas a Tuxpan, para de ahí transportarla al centro del país por ducto a Tula. Esto podría funcionar, pero incrementa los costos”.

 

Los especialistas coincidieron que la única ventaja que ofrece Dos Bocas es su cercanía con las regiones productoras de crudo, puesto que gran parte de éstas en México está en las aguas someras frente a Campeche y Tabasco.

 

A final de cuentas, en un proyecto de la envergadura de Dos Bocas, los detalles técnicos son los que definirán su costo y tiempo de construcción.

 

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