Nido de víboras

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Por: Kukulcán

COMO PUDO constatar personalmente un emisario de Kukulkán, la zona arqueológica de Tulum está inundada por partida doble, de turistas y de sargazo.

 

CURIOSA PARADOJA: mientras las voces fatalistas apuntan que los visitantes y el alga marina son excluyentes y repelentes entre sí, la escena de turistas fotografiando y tomándose selfis con el sargazo de fondo parece sugerir lo contrario.

 

PERO AUNQUE la postal tiene su simpatía, no hay que engañarse: ver la playa de la zona arqueológica invadida de sargazo maloliente tiene un precio cuya factura habrá de pagarse a largo plazo.

 

SI BIEN ya hay varios planes y estrategias en marcha, desde levantar el sargazo en el mar hasta proyectos industriales e iniciativas para utilizarlo en algunos procesos industriales, el problema todavía luce mayor que cualquier solución a la vista.

 

PERO NO todo está perdido, porque a este ritmo en el futuro podríamos tener un nuevo nicho de mercado: el turismo de desastres, una rama que cada vez cobra mayor auge, como puede verse en el éxito que tienen sitios como Auchswitz en Polonia y Nueva Orleáns en Luisiana, a los que acude gente interesada en estar en los lugares donde ocurrieron tragedias.

 

EN NUESTRO caso no llegamos a pérdidas humanas, pero sí de tipo medioambiental que no son menos terribles; y para que no se diga que queremos todo el pastel, podrían armarse circuitos que incluyan Miami y Barbados, lugares también azotados por el sargazo.

 

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MÁS TARDÓ Uber en anunciar su regreso a Cancún que en retirarse de nuevo. Su tan promocionada (y esperada) vuelta a las calles duró menos que la canción del cuarteto de Liverpool, aquella que decía ‘Hola y adiós’. ¿En qué quedamos? Porque mucha alharaca alrededor de su regreso y nueva Ley de Movilidad y toda la cosa, para que al final dijo mi mamá que siempre no.

 

POR SUPUESTO, los malintencionados pensarán que todo se trata de una estratagema de esa sucursal del mal que es el sindicato taxista, cuyo fin es seguir monopolizando el  servicio de transporte de pasajeros en el estado, un pastel suculento al que muchos le traen ganas.

 

EL CASO no sólo ejemplifica lo difícil que es cambiar inercias, sino que también pone de manifiesto que hay leyes requetebonitas en papel pero que en la realidad sirven de poco; porque podrán ser muy justas y lo que guste y mande, pero la gente en la calle sigue padeciendo de un mal servicio y la opción continúa la misma, una sopa rancia y desabrida.

 

¿ALGÚN DÍA tendremos opciones de transporte confiables en el que se presume el mejor polo turístico de Latinoamérica? Seguimos esperando…

 

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