Preserva su obra Federico Ibarra

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El compositor Federico Ibarra grabó sus obras por medio de un fideicomiso que él mismo construyó para preservar su legado.

 

Por: ERIKA P. BUCIO / AGENCIA REFORMA

 

CIUDAD DE MÉXICO.- Ante el desinterés gubernamental por preservar el legado de los compositores mexicanos y preocupado porque su obra no se pierda, Federico Ibarra (México, 1946) decidió no quedarse de brazos cruzados.

 

Constituyó hace ocho años un fideicomiso con dinero de su bolsillo para la grabación de sus obras y evitar así que corrieran la misma suerte que los compositores del siglo 19 ahora “prácticamente olvidados”.

 

“No existe una idea de preservar ese patrimonio que al fin y al cabo es de México y por ahí vamos todos, eso no me hizo gracia y proyecté este fideicomiso para que esto no sucediera cuando fallezca”, dice Ibarra, en la sala de su departamento de la colonia Condesa.

 

Con Tempus Clásico ya se han editado: Obra vocal (1965-2011), Alicia y Antonieta (ambas óperas con el apoyo del EPRO), Obra coral. Música de cámara y El pequeño príncipe, estos dos últimos con apoyo del Fonca, a través del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales.

 

Ahora aparecen por partida doble, también con Tempus y financiados por el fideicomiso, un álbum doble con su Obra orquestal, grabada por la Orquesta Filarmónica 5 de Mayo con la dirección de Fernando Lozano, y otro más con la ópera Orestes parte, grabada por la Orquesta Sinfónica Mexiquense con la batuta de Rodrigo Macías.

 

Ibarra ha abordado casi todas las formas de la música de concierto y música vocal.

 

La Obra orquestal reúne sus cuatro sinfonías –aunque desde hace dos años está enfrascado en una quinta–.

 

“El placer de escribir obras orquestales para mí es mucho, la orquesta es un instrumento extraordinario y esto de alguna manera está constatado dentro de las óperas, dentro de la obra vocal”, dice Ibarra.

 

El volumen incluye la Obertura para un nuevo milenio (1993), el ciclo de canciones para tenor y orquesta Los ojos del sueño (2007), con cinco poemas de José Gorostiza y el ballet Imágenes del Quinto Sol (1980), cuya coreografía estrenó Gloria Contreras con la Compañía Nacional de Danza en el Palacio de Bellas Artes en 1984.

 

Las obras reunidas en este cd doble constituyen sólo una parte de su obra orquestal.

 

“Es muy curioso escuchar estas obras después de mucho tiempo de compuestas, había algo que creo que afortunadamente aun conservo: el deseo de estar siempre experimentando con nuevas posibilidades y ver cuáles son los recursos que ofrecía la orquesta con las corrientes de ese momento”, responde Ibarra.

 

Orestes parte (1981) es una ópera en nueve escenas para solistas, narrador y orquesta, con libreto de José Ramón Enríquez, una reelaboración del mito de Orestes en la que no mata a su madre Clitemnestra. En versión de concierto, con la asesoría actoral de Luis de Tavira se estrenó en 1984 con la OFUNAM –la orquesta que más ha programado a Ibarra–, dirigida por Armando Zayas. Pudo escenificarse hasta 1987 en el Palacio de Bellas Artes con la dirección de De Tavira.

 

Ibarra había compuesto Leoncio y Lena (1980-81), una ópera para ser cantada por actores a propuesta de De Tavira, una farsa a partir de la obra homónima de Büchner. Hasta entonces, Ibarra no había escrito una obra de duración mayor de 10 a 12 minutos.

 

“El reto de escribir más de una hora de música era poner en juego todo lo que podía y no podía hacer en ese momento”, evoca.

 

Con Orestes parte, su segunda ópera, se propuso ir en una dirección distinta. Se propuso experimentar. Ibarra era catalogado como un músico de vanguardia. Era la oportunidad de ver qué podía hacer con el lenguaje del momento y con cantantes profesionales.

 

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